miércoles, 20 de junio de 2012

Capítulo 12


Capítulo 12

Cuando me desperté, noté que no estaba sola. Pensé que eso no era bueno y acerté.

- Hola Juliet...- empecé a girarme para ver quien era.
- ¿Quién..?- cuando lo vi pensé que me iba a echar encima de él y no porque fuera guapo precisamente, si no porque era Jamie.
- Te he despertado- pensó él en voz alta- Lo siento.
- ¿Lo sientes? ¿Por qué? ¿Por despertame o por intentar matarme?- le espeté.
- Un poco de todo- se frotó la nuca, avergonzado. Eso no me hizo cambiar de postura en ningún momento.
- Ya- me quejé- ¿Te crees que soy tonta? Mírame- me descubrí el cuerpo, eché las sábanas hacia atrás con los pies- ¿Lo ves? Estoy así por tu culpa, porque no te fijas en como conduces. Si, yo iba rápido, pero lo tuyo no tiene escusa, te he esquivado para salvarte la vida de un fuerte golpe ¿y qué haces? Te largas. Te fugas y me dejas allí sola, media muerta, sin ayudarme siquiera a llamar a una ambulancia.
- Escucha...-le iba a interumpir, pero el posó su dedo en mi boca- Por favor, deja que me explique- asentí y el continuó- No tenía pensado encontrarme a nadie después de esa curva, estaba en mi propio mundo ¿vale?. Me arrepiento cada día de verte en este estado, si, he venido a visitarte todos los días, te veo mientras duermes. Pero ese no es el caso. Estaba furioso, aceleré y pasó lo que ya sabemos. Cuando vi que salías volando pensé en ayudarte, pero al final decidí que si seguías viva no querrías mi ayuda y que si estabas...- se paró en seco.
- Muerta- dije yo.
- Si. Si lo estabas, no sería capaz de verte, me dolería demasiado ver que yo había echo algo así a alguien. Asique decidí que lo mejor sería ir a casa de tus padres y decirles donde te podían encontrar. Pero cuando llegamos de nuevo allí ya no estabas, solo quedaba aquel coche en el que tú habías estado.
- No te creo. ¿Sabes?, lo peor de todo no ha sido el accidente. Lo peor ha sido tener que enterarme de quien lo había provocado- dije llena de rabia- No quiero verte, eso ya lo sabes de hace mucho, pero ahora mismo te odio más. No quiero que me vigiles, no quiero que me visites y me mires mientras duermo, no quiero saber nada de ti, déjame en paz. Solo quiero recuperarme, volver a casa, al instituto...Solo quiero recuperar mi vida, volver a ser yo. ¡ No estoy pidiendo la luna, joder!
- Vale, si es lo que tú deseas lo haré.
- Bien- suspiré levemente- Ahí tienes la puerta.
- Adiós Juliet- se acercó para darme un beso pero yo interpuse mi mano entre sus labios y mi mejilla- Vale, no te voy a molestar más.
- Oh, que generoso por tu parte- refunfuñé mientras se iba.

De nuevo me quedé sola, ¿es que no podía descansar e irme de allí?. Sería muy fácil largarme, pero no puedo moverme gracias a mi pierna rota.

- Estúpida- me dije en voz alta- ¿Es que nunca aprendes nada? Vaya imbécil que eres.

Mientras seguía resoplando para mis adentros, contra mi misma por supuesto, vino una enfermera que me ayudó a darme mi primera ducha después de tanto tiempo. El agua caliente me hizo sentir limpia y aunque me escocían todas las heridas disfruté de ello.
Una vez limpia y purificada, me cambiaron las sábanas de la camilla y me sentaron en una silla de ruedas y yo decidí dar una vuelta por el largo pasillo para despejarme un poco de mis pensamientos.
Despacio, ya que no conocía el hospital del todo, fui recorriendo el gran pasillo observándolo todo a mi paso. Llegué a una puerta que daba a un gran balcón en el que había muchas mesas de madera, como en un comedero en el medio del bosque, solo que sin naturaleza. Salí sin pensarlo dos veces para inspeccionar la gran zona que se presentaba ante mi.
Me gustaba aquel sitio, llevaba allí malamente cinco minutos y ya me encontraba totalmente relajada. Mis pensamientos se fueron ordenando poco a poco y todo volvió a la normalidad. Eché así, sin hacer nada y mirando a la nada durante tres horas en las que me sentí la persona más feliz del mundo, porque estaba sola y no tenía que gritarle a nadie o decirle que se marchase.
Volví a mi habitación, la chica que estaba limpiando me dedicó una sonrisa y me pregunto que tal estaba, llamó a una enfermera y luego se fue. La enfermera me cogió por las axilas y me ayudó a levantarme, para poder colocarme de nuevo en la camilla. La chica de la limpieza había cambiado las sábanas y estas estaban frescas, suaves y olían de maravilla, pensé que dormir en aquella cama era lo mejor que me había pasado en varios días junto con el balcón en donde había echado las horas pensando en nada. Me quedé dormida en menos de diez minutos, pero como no, me despertaron. No había acabado el día de las visitas, por lo que parecía allí no se podía dormir hasta muy tarde.
Alguien petó en la puerta y yo lo ingnoré haciendome la dormida, pero pareció no funcionar ya que escuché los pasos dentro de la habitación. Alguien arrastró la silla hasta el lado de la cama donde me encontraba yo y pude ver que el que se sentaba delante mía era Nathan. ¿Qué hacía allí? ¿No tenía que irse a Amsterdam? ¿Había vuelto porque ya había acabado su cometido? ¿Había vuelto solo por mi? Tenía tantas preguntas que formular, que mis sentimientos, anteriormente ordenados, estaban de nuevo liados entre si. Tuve suerte, ya que Nathan se me acercó, decidido a llevar el la conversación.

- Hola Jul...- me susurró.
- Nathan- le sonreí- has llegado.
- Si- me guiñó un ojo- Tal y como te había prometido.
- Si, lo has echo. ¿Ha salido todo bien entonces?
- De momento lo que importa es que te recuperes, pero si, ha ido bien.
- Me alegro, enserio.
- ¿Te duelen mucho las heridas?
- Bastante. Aunque ahora casi no las noto, debido a la medicación que me dan.
- Eso es bueno para ti.
- Supongo que si, porque como esto no sirva para nada...
- Tranquila, servirá.
- ¿Te quedarás mucho tiempo a mi lado?
- Todo el que haga falta. ¿Quieres que me vaya?- preguntó serio.
- No. Era para saber si podría dormir un ratito y cuando me despertase hablar contigo, porque ahora estoy demasiado cansada. A parte que si tú te quedas, no puede molestarme nadie más con sus pesadas visitas que solo hacen que recuerde el accidente.
- Vale, me quedo aquí. Tú duerme tranquila que yo estaré a tu lado todo el tiempo que necesites.
- No hace falta que estés despierto todo el rato para vigilar, puedes dormir. Con que esteas aquí ya me llega.
- Lo sé Jul, pero creo que lo mejor será que esté bien despierto, por si acaso.
- Déjate de protecciones y ven- le señalé la camilla- Quiero dormir.
- Pues duerme entonces.
- Ven- repetí, esta vez levantando las sábanas para que se metiera a mi lado- Dormiré mejor si estás a mi lado.
- No Juliet, te puedo hacer daño. Tienes demasiadas heridas que debe curarse, debes dormir sola.
- Oye- repliqué- tú me pediste lo mismo cuando estabas mal, en mi casa, ¿recuerdas? Ahora te lo pido yo y tú lo tienes que hacer sin rechistar, ¿vale?
- Uf...está bien. Si te hago daño dímelo y salgo.
- Vale.

Se tumbó a mi lado en la camilla, los dos tapados por las mantas y lo único que nos separaba eran: un camisón de hospital y la ropa que él llevaba puesta. En ese momento los recuerdos afloraron en mi mente, el tiempo que pasamos juntos cuando salíamos, aquella noche en la que dormí con él en mi casa, el beso a la tarde siguiente, la despedida...etc, todo lo vivido a su lado salió a la superficie. Intenté no pensar en ello pero me resultaba bastante difícil. Poco a poco, cansada de pensar, me fuí quedando dormida y lo último que recordaré de ese momento fue cuando Nathan me arrimó contra él y me abrazó, arrancandome un gritito casi inaudible. El grito no fue de dolor, sino de alivio, de ver que por fin tenía a alguien de confianza que me protegía y me quería, que no me engañaba nunca y que estaba ahí siempre.

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Pronto llegaré a las 1.000 visitas y habrá una sorpresa, el que más comente se llevará una gran alegría :)
Un beso, mis angelitos :)

sábado, 9 de junio de 2012

Capítulo 11


Capítulo 11

La luz era casi imperceptible en aquella sala, todo parecía demasiado oscuro, demasiado malo. <<Estoy delirando por culpa del accidente >>, pensé. Yo estaba tumbada en una camilla grande, era casi el doble de una camilla normal, estaba tapada hasta la barbilla con unas sábanas y unas mantas blancas. Un leve cosquilleo me atacó el cuerpo, que poco a poco se fue convirtiendo en algo más doloroso. Un ardor comenzó a fastidiarme, empezó en los pies hasta llegar a mi cabeza, donde permaneció durante un buen rato. Decidí llamar a una enfermera, pero no tenía el mando con el que se llamaba a recepción asique tuve que gritar. Como nadie me respondía y yo quería una cura o tranquilizante para ese asqueroso ardor de cabeza, me levanté con mucho cuidado. Me apoyé en la cama y poquito a poco me fui arrastrando hasta una silla de ruedas en la que me senté. Con los bazos empecé a mover las ruedas de la silla y me encaminé al pasillo de la planta en la que me encontraba. Era enorme y allí no se veía a nadie, seguí hacia delante, buscando a alguna persona que me pudiera ayudar, sin éxito. Cuando llegué a recepción vi que la mujer que debería de haber atendido a mis gritos y suplicas estaba dormida, con la cabeza apoyada encima de la mesa. Me acerqué para darle unos golpecitos y que me ayudara con mi problema, pero ella ya tenía bastante con lo suyo. Estaba muerta, con un gran corte en el cuello y las muñecas presentaban varios cortes. En la pantalla del ordenador que ella tenía en la esquina de la mesa había un mensaje algo extraño "Todos los que tengan alas blancas deben morir, las doradas deben permanecer y reinar el mundo". No entendía el mensaje pero un escalofrío me recorrió de arriba a bajo. Cuando pensé que pedir ayuda sería lo mejor, alguien me cogió por detrás y me tiró de la silla. Era el hombre de aquel sueño que había tenido, el que había matado a una mujer y que me había intentado ahogar. Me arrastré para escapar de él, pero fue demasiado tarde. Me cogió del pelo y me rajó el cuello. Todo acabó en ese momento, todo se hizo oscuridad.

Me desperté y abrí los ojos lo más rápido que pude, intenté incorporarme pero me fue imposible. Con el esfuerzo que había hecho me mareé y empecé a tener arcadas. Me giré y dirigí mi cabeza hacia el suelo y lo eché todo fuera. Un sueño asqueroso con un despertar asqueroso, mi mala racha continuaba. Y parecía no querer acabar, ya que en cuanto me sentí un poco mejor y una de las limpiadoras arregló mi estropicio, apareció mi madre por la puerta y detrás de ella mi padre. Se notaba que mi madre había llegado muy alterada porque le dirigió una mirada inquisitiva a la limpiadora y esta se fue, dejándome sola ante el peligro de una buena bronca.

- Cariño, ¿cómo estás?- dijo con ternura.
- Bien- dije extraña, su voz sonaba demasiado dulce.
- Me alegra saberlo, bueno nos alegra- mira hacia mi padre, que está apoyado en la ventana, se dedican una sonrisa y mi madre vuelve a centrarse en mí.
- ¿No me vas a echar la bronca?- dije, cansada de esperar a que me gritara.
- ¿Por qué?
- Por estrellar el coche- miré hacia mi padre que estaba sumido en una especie de trance- Papá, era tu coche preferido.
- Lo sé, pero tú eres mi hija y eres más importante que un coche caro- sabía que aún así le dolía lo de su coche.
- ¿Entonces no me vais a decir nada por estrellar tu coche preferido y poner mi vida en peligro?
- Bueno...verás...Sabemos que debemos de darte una buena reprimenda, puede que más adelante tengas un pequeño castigo, pero ahora estás débil y el accidente no ha sido culpa tuya.
- Bueno- dudé- yo solo hice lo que creía correcto, esquivé el coche.
- Si. Por eso no es culpa tuya sino de ese sinvergüenza. Cuando lo pille...-dijo mi madre y mi padre asintió.
- Pero no sé quién era.
- Nosotros si- dijo mi padre serio- Cuando nos llamaron y nos dijeron que estabas en el hospital, fuimos a casa para ver si se trataba de una broma y allí estaba él. Callado y con cara de pena, pensando que así arreglaría algo el muy imbécil.
- ¿Quién papá?- quería saberlo, lo necesitaba.
- Jamie- dijo con voz ronca mi madre.
- ¿Qué...?- no podía hablar, mis pensamientos me lo impedían.
- Si. Él nos dijo que después de dejar lo vuestro, no sabía qué hacer. Decidió ir a hablar contigo pero tú le dijiste que no, y decidió ir a casa. No contaba con que tú fueras a algún lado...y bueno...estaba tan cabreado que las pagó con el coche, aceleró en la curva y el resto ya te lo sabes...
- Si...- dije consternada- pero no me puedo creer que fuera él. Sé que tenemos problemas entre los dos pero de ahí a que me quiera embestir...
- Él no lo ha hecho aposta, eso lo sabemos todos. No sabía que tú venias por la curva, pero lo que si podía hacer era ir más despacio.
- Bueno...he de admitir que yo no iba precisamente despacio- dije avergonzada.
- Vale, pero tú eres prudente y has esquivado el coche, pero te has llevado la peor parte. Mírate.
- Estoy cansada, necesito dormir.
- Vale, vendremos mañana cielo- mi madre me da un beso en la frente y yo me quejo, la brecha aún sigue abierta. Mi padre decide hacerme cosquillas en un pie como señal de despedida.
- Adiós, os quiero.
- Y nosotros a ti- dijo mi padre con una leve sonrisa, estaba preocupado, lo sentía.

Cuando se fueron y la puerta se cerró detrás de ellos decidí que lo mejor sería descansar, pero muchas dudas asaltaban mi mente. ¿Por qué tenía que haber sido Jamie? Antes de que pudiera empezar a darle vueltas en la cabeza, unos toques suaves en la puerta me hicieron volver al mundo real.

- ¿Se puede?- La cabeza de Mason asomó por la puerta y como no, sonreía.
- ¡Mason!- dije muy contenta- Si me pudiera levantar te daría un abrazo- sonreí, ya me había contagiado de nuevo con su espléndida sonrisa.
- Oh- miró hacia el techo y dijo- ¡Lázaro, levántate y anda!- luego nos echamos a reír.
- Eres muy gracioso, pero yo estoy así- señalé con mis brazos, mi cuerpo herido- y tú estás bien.
- Tienes razón, perdona- se puso serio- Te he traído algo.
- Oh, no tienes porque...
- Toma- sacó la mano de la espalda y vi un gran ramo de rosas, todas rojas y muy bonitas- las he recogido del jardín de mi abuela.
- Son muy bonitas, gracias.
- Ha valido la pena que me echara la bronca, ahora se te ve más feliz.
- Oh, no deberías de haberlo hecho. ¿Está muy enfadada?
- No, tranquila. Le he dicho que eran para una chica que tuve que atender en la ambulancia, que me había caído bien y que era muy guapa. Después de eso me dijo que cogiese las que quisiese y que no te perdiera de vista, que te ayudara en todo y que te recuperaras.
- Dale las gracias de mi parte- le sonreí.
- Dalo por echo- también sonrió- ¿Te duele mucho?
- Bueno...ahora me han drogado asique no me entero mucho- reí en un susurro.
- Eso es bueno, te ayuda a calmar el dolor. Oye, ¿te han dicho cuanto tiempo vas a estar aquí?
- No, aún no sé nada. ¿Por qué?
- Para venir más días a visitarte y bueno...para si quieres quedar algún día para charlar, aquí me tienes.
- Me encantaría. Cuando sepa algo te lo hago saber.
- Vale, gracias.
- Juliet...- se escuchó desde la puerta, era Nate.
- Creo que será mejor que me vaya...- dijo Mason.
- Si, ya hablaremos- le sonreí mientras él se acercaba y me daba un leve beso en la mejilla, era todo un caballero.
- Adiós, cuídate mucho.
- Gracias Mason- y dicho esto desapareció por la puerta, mientras que Nate seguía allí, de pie y con los ojos clavados en mi cara- Pasa, tenemos que hablar.
- Yo...- carraspeó- Juliet, sé que tenía que haberte contestado el teléfono pero estaba ocupado y...
- Ya, claro- le corté yo- Oh, vamos Nate, estabas ocupadísimo. ¿Con Crystal no? ¿Crees que no lo sé? ¿Que ella no estuvo en tu casa? ¿Sabes? Ella me cogió el teléfono y me dijo que tú estabas durmiendo, me dijo como se llamaba, me dijo que se iba a dormir y que tenía que colgar... ¿Te crees que soy tonta? No has perdido el tiempo, ¿eh? Has pensado que como yo te había echado de mi casa que ya se había acabado todo, ¿no es así? Pues no, no se había acabado, solo fue una discusión porque estaba preocupada por Nathan y porque llamarte para que vinieras me había distraído de sus cuidados. Ahora, ya puedes estar tranquilo e irte con tu querida Crystal, porque esto se acabó. ¿Contento?- las lágrimas corrían por mi cara como el agua en una cascada, estaba harta de las tonterías de la gente a la que conocía y quería.
- Jul, yo...
- No me llames Jul- susurré al límite de mis fuerzas- ¡Para ti ya no soy nada! ¡Vete! No vuelvas aquí, no me hables, no me busques, no me digas que me quieres, no hagas nada...solo vete y déjame en paz- era como encontrarme al borde de un precipicio y dar el último paso, caer y notar el impacto de mi cuerpo contra el duro suelo, que se lleva mi vida.
- Escucha, no es eso lo que pasó...te quiero y lo sabes.
- Vete- me vencía el sueño, ya estaba en la línea de la inconsciencia.
- Yo...

Esa palabra "yo" fue lo único que escuché en un largo periodo de tiempo, ya que me quedé inconsciente debido al tremendo esfuerzo que hice al tener que aguantar tantas emociones juntas. Pero no había acabado así la cosa, cuando me desperté fue aún peor de lo que mi mente y mi cuerpo podían aguantar.

miércoles, 6 de junio de 2012

Capítulo 10


Capítulo 10 

Entré de nuevo en casa y me dirigí a mi habitación. Mientras hacía la cama, recordé todo lo sucedido ayer, la discusión con Nate, el beso de Nathan, dormir con él, la conversación de hoy...todos esos recuerdos afloraron en mi mente y consiguieron su propósito. Acabé llorando, de rodillas en el suelo y la cara escondida entre las sábanas. Las lágrimas parecían no tener fin, pero eso no era lo peor. Lo peor de todo era que Nathan se iba a Amsterdam, Nate no sabía nada de la noche anterior y tampoco sabía que yo estaba al corriente de su labor, cuidarme y protegerme mientras Nathan cumplía su misión. Para colmo, yo no sabía que misión era esa ni tampoco sabía la gravedad del asunto y lo que más me preocupaba era que a lo mejor no volvía. ¿Tan difícil era esa misión? Hasta el termino me daba gracia, "misión" ¿acaso es un super agente secreto o qué? Mi particular James Bond, me hizo tanta gracia que las lágrimas que derramaba esta vez no eran de pena ni tristeza sino de pura gracia.
Cuando acabé de hacer la cama mi etapa de tristeza-alegría cesó y mis pensamientos me dejaron en paz durante el resto del día. Nate no apareció asique pensé que se había tomado nuestra discusión muy enserio, o que tendría cosas mejores que hacer que estar conmigo.
Mientras dudaba si llamarle o no, como si me hubiera escuchado, el teléfono sonó. Era un número que no conocía, respondí con timidez.

- Hola- dije con la voz un poco cortada.
- Hola cielo- su voz era inconfundible, Hanna- ¿Cómo estás?
- Oh, bien. ¿Tú?
- Genial, estoy aquí con Neithan tomando un helado- dijo muy feliz.
- No- susurré.
- ¿Qué?
- Cielo tienes que largarte pero ya de ahí, ¿vale?
- ¿Por qué?- se alteró.
- No, escucha. Haz como si no estuviese pasando nada ¿vale?
- Pero...
- Escucha, sé quien es ese chico, lo conocí hace unos días. Tienes que largarte, pon cualquier excusa y ven a mi casa. Te lo contaré detenidamente.
- Me estás asustando Juliet- acababa de cagarla, él sabía mi nombre- Tengo que dejarte, Neithan quiere que vea una cosa.
- Mierda- dije- no, tienes que venir.
- Chao cielo, un beso.

Colgó. Me dejó hablando sola, diciéndole que debía volver, que ese chico era un ligón y que solo sabía meterse en líos. No escuchó nada de eso, porque me había colgado demasiado rápido. << Estúpida>> pensé, había dicho mi nombre y el imbécil de Neithan se dio cuenta, buscó alguna excusa para que Hanna me dejara de hablar y así no poder contarle nada. Algo en mi interior me decía que ese chico no era trigo limpio, no sé porqué pero lo sabía, era como una corazonada muy intensa. Como no sabía donde se encontraba Hanna, no pude ir a buscarla y como aquel no era su número no me podía arriesgar a llamar de nuevo y que me cogiera Neithan.
Ya que estaba con el teléfono en la mano, decidí llamar a Nate para ver si estaba realmente ocupado o si solo me evitaba. Porque a pesar de que fue todo culpa mía, tenía que explicarle muchas cosas, se lo debía. Busqué su número y le di a la tecla de llamada. Nadie me cogió, pero yo seguía, era una pesada pero era por una buena razón. Al cabo de cinco intentos fallidos, decidí llamar por última vez, alguien me cogió pero no dijo nada.

- ¿Hola?- dije- Nate, no me cuelgues por favor.
- ¿Quién es?- una mujer había cogido el teléfono.
- Pues...yo soy Juliet, ¿quién eres tú?
- Yo soy Crystal.
- ¿Pero este no es el móvil de Nate?
- Si, pero está durmiendo.
- Oh, ¿podrías decirle que le he llamado y que cuando pueda que me devuelva la llamada o que pase por mi casa para hablar de ciertos asuntos?
- Claro, ahora si me disculpas, me voy a dormir.
- Ah...claro, adiós.
- Adiós. 

Me quedo quieta, mientras escucho como Crystal me cuelga. ¿Quién era esa chica? ¿La hermana de Nate? ¿La madre? No quería pensar que ya se había olvidado de mi, pero era lo que parecía. Si él estaba durmiendo, su móvil estaría en la mesilla de su habitación con lo cual Crystal estaba en su cama, ¿no?
Sé que no soy la más indicada para hablar de esos temas, ya que yo he besado a Nathan y si, he dormido con él, pero es mi mejor amigo aunque mis sentimientos nunca se aclaren con respeto a eso. Quería pegarme un tiro, quería desaparecer, quería hacer algo para dejar de pensar.
La ropa de Nathan seguía allí, encima del sofá de mi habitación, decidí llevársela a casa. Cogí las llaves y bajé al garaje, me metí en el coche (un descapotable, era una reliquia de mi padre pero en ese momento no me importó) y salí a toda velocidad.
Sin saber muy bien porqué, aceleré todo lo que pude, me gustaba sentir el viento en la cara y ver como mi cara relucía de felicidad. Me sentía libre, mis pensamientos parecían borrarse solos y eso me gustó, me gustó mucho. La felicidad no duró mucho. Cuando estaba llegando a la casa de Nathan, en una curva un coche vino lanzado hacia mi y yo, que iba a la misma velocidad o más, giré de golpe para evitar el choque pero no sirvió de mucho, la verdad. Todo fue demasiado rápido, en un abrir y cerrar de ojos me vi saliendo por el aire, con la respiración agitada viendo como mi coche iba a acabar mal, muy pero que muy mal, y perdí la consciencia con el impacto. Cuando volví de mi trance, observé mi alrededor. Mi coche había caído por un terraplén, muy cerca de la casa de Nathan, y estaba boca arriba. Había volcado y eso no era lo peor, el coche había caído desde quince metros, fue arrastrado hasta la base del terraplén y había chocado con un gran montículo de tierra que fue lo que provocó a la vez que el coche parara y no acabara peor. Despacio, me desabroché el cinturón, menos mal que me lo había puesto, y me deslicé despacio hasta el suelo. Había tenido mucha, muchísma suerte. El coche era descapotable y no me había pasado nada por ello, mi cabeza tenía una pequeña brecha y me dolía horrores, pero nada más. Cuando toqué el suelo con los pies, que por cierto mi cuerpo parecía mantequilla y me dolía todo, me impulsé sin mucha fuerza hacia fuera y salí de debajo del coche. Me arrastré hasta el montículo y me quedé allí, apoyada en él pensando que tendría que hacer ahora.
Lentamente cogí mi móvil e intenté llamar a mi madre, pero sabía que se pondría histérica y eso no me ayudaría mucho. Decidí llamar a Nathan, pero hoy se tenía que ir a Amsterdam y supuse que estaría en el aeropuerto y no quería retenerlo por más tiempo. Pensé en llamar a Hanna pero no vendría por culpa de Neithan y no lo hice. Solo quedaba Nate, si es que quería ayudarme. Decidí que lo mejor sería llamar a una ambulancia y ya vería después a quien pedía ayuda.

- 061, ¿Qué emergencia tiene?-pregunta una mujer.
- Verá estoy fatal, me he caído por un terraplén y no puedo moverme- contesté en un suspiro.
- Bien, dígame la dirección.
- Pues no la sé de memoria ahora mismo, pero sirve el chip del móvil para rastrearme ¿no?
- Si, ya la tengo.
- Rápido por favor- contesté desesperada.
- Ahora mismo llegamos, tranquila- me tranquilizó la mujer.
- Bien- dije y colgué.

Esperé a que llegaran, pero no me acuerdo de cuanto tiempo pasó hasta que los vi aparecer en la parte alta del terraplén ya que mi cabeza se iba cada dos por tres. Con mucho cuidado halcé el brazo para que me vieran y rápidamente bajaron a por mi con una camilla. Me cogieron con cuidado y me dijeron que no podía dormirme, que tenía que estar despierta y contarles lo que había pasado y eso fue lo que hice. Me metieron en la parte trasera de la ambulancia donde había un joven, asistente médico por lo que pude leer en su placa. Se llamaba Mason.

- Oye, ¿que has echo?-me dijo con una leve sonrisa, que me hizo sonreír a mi.
- Me he caído por un terraplén al evitar un choque contra otro coche.
- Oh- su sonrisa se borró de su cara y miró hacia delante- Dice que había otro coche.
- Nosotros no hemos visto nada- dijo uno de los que me había cogido en la camilla.
- Bueno- Mason se giró hacia mi y me dijo- ¿Cómo te llamas?
- Juliet- dije cansada, los ojos me pesaban.
- Bonito nombre.
- Mason también es muy bonito- sonreí con los ojos entrecerrados- Tengo sueño.
- No, no debes dormir Jul...¿Puedo llamarte Jul?
- Claro, me caes bien- empezaba a delirar, lo sentía- Me cuesta seguir despierta.
- Bueno, haremos una cosa. Cuéntame que has echo hoy.
- Pues...- no podía contarle lo de Nathan, aunque estaba fatal, me di cuenta de ello- me he despedido de un amigo, he echo la cama y mientras la hacia he llorado mucho. Luego hablé con mi amiga Hanna y cogí el coche para hacer un recado.
- ¿Has llorado?- dijo apenado.
- Si, es que no es mi mejor semana.
- Tranquila, mejorará.
- No lo creo, mírame.
- Yo creo que hay que ser positivos. También creo que te vas a poner bien porque yo te voy a cuidar- me sonrió.
- Solo hasta que lleguemos al hospital, luego un medico me atenderá ¿no?
- Supongo- hizo una mueca- pero lo bueno es que yo soy enfermero y me pasaré a visitarte.
- ¿Por qué?
- Eres una chica muy dulce y me caes bien. Ah, y muy guapa.
- Gracias, aunque no estoy en mi mejor momento.
- Pues me gustaría verte en un momento de esos- se rió y yo le acompañé con una risilla de vergüenza, estaba colorada pero no se notaba porque estaba llena de sangre por la brecha de la cabeza.
- Nunca se sabe. ¿Cómo estoy?
- Muy guapa, pero con heridas muy feas.
- ¿Qué tipo de heridas?
- Pues verás- se fijó en mi detenidamente- tienes una brecha en la cabeza que no para de sangrar, algunos rasguños en los brazos y en las piernas, tu pierna derecha está muy mal, creo que está rota, tus pies están bastante bien y bueno hay más.
- ¿Qué más?
- No creo que quieras saberlo, a parte esas partes son privadas- se rió.
- Pues dime que tengo, por favor.
- Vale- me levantó la camiseta- tienes unos cortes pequeñitos en la barriga y uno a la altura del pecho derecho.
- Oh- me bajó la camiseta y yo derramé una lágrima- sigue, ¿qué más?
- Pues tienes un gran corte en...bueno- se paró en seco, me tocó en la parte baja de la cintura y yo grité- ahí, tienes.
- Oh Dios mio, que mal.
- Si te sirve de algo, tu cuerpo es muy bonito debajo de esta ropa toda destrozada- sonrió de nuevo, su sonrisa era adictiva.
- Gracias, aunque no sirve de mucho.
- Hemos llegado- me cortó el conductor de la ambulancia- tenemos que movernos rápido, una señora ha tenido una caída muy fea.
- Nos vemos Juliet- me dijo Mason mientras me bajaban a toda velocidad de la ambulancia- encantado de conocerte.
- Adiós Mason, gracias por todo.

Cerraron las puertas de la ambulancia y perdí de vista a Mason. De repente un calor inmenso me recorrió el cuerpo, entramos en el hospital me metieron en otra camilla y me llevaron al ascensor. Mientras me hacían un chequeo para ver como estaba, perdí la consciencia.

martes, 5 de junio de 2012

Capítulo 9


Capítulo 9 

Al día siguiente, me sentía genial. Había dormido hasta las cuatro de la tarde y si no llega a ser porque estaba en mi habitación, no me acordaría de Nathan. Miré hacia mi izquierda, pero allí no estaba. Miré hacia el sofá, tampoco. Finalmente me creí capaz de haberlo echado de la cama y decidí ver en el suelo a ver si lo encontraba, pero no tuve suerte. ¿Dónde está? me pregunté, no sabía donde se podía haber metido, estaba herido y dolorido. No podía andar muy lejos, ¿no?

- ¿Nathan?- dije en un suspiro, pero nadie me contestó- ¡Nathan!- pude gritar al fin.

Como nadie me contestaba, decidí levantarme y inspeccionar la casa en busca de mi amigo. Fui al baño, pero allí no había nadie; fui a la cocina pero tampoco había nadie; fui al salón y estaba vacío, como el resto de mi casa. Me quedé pensando en donde se podría haber metido y supuse que ya se habría ido a su casa, junto a su hermanita, pero me habría dejado una nota o algo. Cuando decidí que lo mejor sería llamar a su madre, escuché un leve ruido, parecía el movimiento de una silla al rozar contra el suelo. Agudicé el oído, pude escuchar un leve murmuro, parecía una conversación, pero no estaba segura de ello.
Entonces me di cuenta de que había mirado por toda la casa menos en un sitio, en el balcón que daba al jardín de afuera. Me acerqué despacio, pensando que a lo mejor no era Nathan el que estaba allí, sino otra persona, puede que varias. Podrían ser ladrones, asesinos, quién sabe. Para llegar a la puerta que da al balcón debo cruzar el salón. Mientras me encaminaba hacia la puerta, cogí uno de los jarrones de madera que coleccionaba mi madre. Era bastante duro, largo y se ajustaba a mi mano a la perfección, sería un buen arma de defensa. Al llegar a la puerta, que estaba entreabierta, las personas que estaban fuera, estaban hablando en susurros.

- Debes hacerlo, no hay otra manera de acabar con esto- dijo una voz masculina que no reconocía.
- Es lo mejor para todos- dijo esta vez una voz femenina- Es lo mejor para ella, ¿no es eso lo que quieres?
- Claro que quiero, necesito mantenerla a salvo- dijo otra voz, pero yo sabía quien era. Nathan- La quiero, la quiero mucho y no pienso perderla.
- Pues ya sabes lo que debes hacer.
- ¿No hay otra forma?
- Me temo que no. Si la hubiera, te la diría, no me gusta hacer sufrir a la gente y menos a ti. Sabes que eres uno de mis mejores protectores- dijo la mujer.
- Ya, pero no quiero hacerlo...-se quejó Nathan.
- Eso ya lo has dicho y no nos queda mucho tiempo, debes hacerlo. Se que la separación entre ella y tú será difícil, pero es lo que tienes que hacer, si quieres que sobreviva.
- Está bien- dijo él cansado de rogar- pero quiero saber una cosa más.
- Adelante.
- ¿Quién la va a proteger mientras no esté conmigo?
- Tranquilo, uno de nuestros mejores hombres lo hará.
- ¿Quién?- insistió- Su nombre.
- Si te lo digo deberás cumplir con tu cometido y dejarás que él cuide de ella. ¿De acuerdo?
- Si. Ahora dilo.
- El protector de tu amada será Nate.
- Debía de suponérmelo...
- Es uno de los mejores, en caso de que tú no vuelvas...
- Lo sé. Bueno, por lo menos sé que ella estará bien, porque están juntos.
- ¿Tienen un romance?
- Sí. Deberías saberlo.
- Nadie me ha informado.
- Bueno eso ahora no importa. ¿Cuando será?
- Mañana. Al anochecer, en cuanto se ponga el sol vendremos a buscarte y darte las últimas instrucciones- dijo entonces el hombre- Elsa no podrá venir, tiene que quedarse al mando desde la sede.
- Sí. Esta puede ser la última vez que te vea Nathan, ten cuidado, no quiero perder a alguien como tú hijo.
- Lo tendré, pero no por mí.
- Lo harás por ella. Por volverla a ver- pensó en alto Elsa.
- Sí.

Sin nada más que decir, la conversación cesó y pensé que era el momento de averiguar que pasaba. ¿Quién era la amada de Nathan, la que tanto quería, la que quería proteger? ¿Qué pinta Nate en todo esto? ¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué me ocultaba Nathan? Sin saber muy bien que hacer, salí de golpe al balcón. Nathan se sobresaltó tanto que en dos segundos se puso delante mía, con la mano sobre mi boca y el puño en alto. Pensé que me iba a pegar, hasta que se dio cuenta de que era yo. Estaba muy tenso, lo notaba porque al bajar el puño y sacar la mano de mi boca se puso rígido.

- ¿Qué haces aquí?- dijo en tono seco.
- Yo...no te vi en la cama y te busqué, sin éxito. Pensé que te habías ido, pero escuché unos murmullos y vine a ver que pasaba- dije mirando al suelo.
- Oh. ¿Qué fue lo que escuchaste?
- Que alguien estaba hablando.
- ¿Qué haces con eso?- dijo señalándome el jarrón de mi madre.
- Pensé que sería una buena idea tener algo con lo que defenderme.
- Eres muy lista cielo- dijo con una pequeña sonrisa que me hizo relajarme un poco.
- Supongo que no tanto como tú- pensé en voz alta.
- ¿A qué te refieres?- me dijo extraño. No me había dado cuenta de lo que había dicho hasta que él me preguntó.
- Bueno pues que has escuchado un ruido, justo después de terminar la conversación con esas personas y te has puesto en guardia tan rápido que no te he visto venir- había vuelto a meter la pata, él no sabía lo que yo había escuchado. Se dio cuenta.
- ¿Qué has escuchado?
- Nada.
- Juliet, has dicho que me escuchaste hablar con alguien, ¿de qué?
- De nada.
- Vamos, dilo. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
- Hace bastante.
- Mierda- dijo con la voz ronca- ¿Has escuchado todo?
- No lo sé.
- Joder...tendríamos que habernos dado cuenta.
- ¿Qué?- dije sin saber que pasaba por su cabeza.
- Nada. Dime lo que escuchaste, anda- me agarró de los hombros.
- No.
- Juliet, así no me ayudas.
- Me da igual.
- Juliet, por favor...- me apretó más fuerte.
- ¡Ay!- solté- ¡Me haces daño!
- Lo siento- me soltó- pero es que es muy importante que sepa que has escuchado exactamente.
- No diré nada a menos que tú me respondas a todo lo que te pregunte.
- Juliet...-dijo cansado, pero vio que yo no daba mi brazo a torcer y entonces dijo- Vale, pero primero me dices lo que quiero escuchar y luego me preguntas lo que quieras.
- Bien- dije satisfecha con mi trabajo.
- Desembucha.
- Cuando he llegado he escuchado que un hombre te decía que debías hacer algo, luego una mujer...-pensé en cual era su nombre y lo recordé- Elsa, dijo que era la única opción que había y...tú decías que querías saber quién iba a cuidar de "ella". Luego escuché que el protector de la supuesta chica, sería Nate, que estaban juntos. Nathan...esa chica soy yo, ¿verdad?
- Si- dijo después de un largo segundo.
- ¿Por qué Nate tiene que protegerme?
- Porque yo no voy a estar, por eso.
- ¿A dónde vas? ¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué es eso de que tienes una misión?
- Para- me ordenó- te voy a responder a todo, pero no me las digas todas a la vez que sino no te voy a entender.
- Vale. Empiezo de nuevo, ¿Quiénes son esas personas?
- Son mis superiores, han venido a decirme lo que debo hace en cuanto me vaya.
- ¿A dónde te vas?
- Lejos. A Amsterdam.
- ¿Por qué? ¿Cúal es esa misión?
- Debo hacer unos recados para la gente con la que estoy trabajando.
- ¿Recados?
- Sí recados.
- No...me estás mintiendo.
- Es la verdad.
- ¡No!- exploté. Me sentía mareada y me senté en una de las sillas de madera del balcón- Esa mujer...Elsa...¡Ha dicho que puede que no vuelvas!
- Juliet...esto es importante.
- Me da igual. Quiero que me lo cuentes todo, ahora mismo.
- No puedo.
- Sí que puedes, solo debes soltarlo.
- No puedo, hice un juramento.
- No entiendo nada. Ayer eramos dos personas normales y ahora resulta que tú te vas porque tienes una misión importante que hacer y yo debo quedarme aquí bajo la protección de Nate.
- Más o menos. Juliet, debo ir a casa y preparar mis cosas para mañana.
- No. Tú no te vas hasta que yo te lo diga, tienes que decirme que pasa aquí. Me lo debes.
- Juliet, solo te puedo decir que me tengo que ir a Amsterdam a cumplir mi misión, que Nate te protegerá de cualquier peligro mientras yo no estoy y que puede que sea para toda la vida. Simplemente puede que no vuelva.
- Nathan, no me hagas esto...explícamelo todo.
- No puedo.
- Pues si no me lo explicas, entonces quédate conmigo. No te vayas a Amsterdam, por favor.
- Debo ir- me cogió de las manos- es mi deber.
- No. Tu deber es estar aquí conmigo, ser mi amigo y ayudarme en todo lo que puedas- dije cansada de tanto hablar.
- Juliet...
- No Nathan, no me lo repitas más.
- Vale.

Estuvimos sentados en las sillas y cogidos de las manos durante cinco minutos, hasta que me dí cuenta de que no le había echo todas las preguntas que yo quería. Me faltaba la más importante.

- Nathan...¿Por qué Elsa me llamó "tu amada"?
- Juliet, ¿no crees que ya sabes la respuesta de esa pregunta?
- No- dije nerviosa- quiero que me lo digas tú.
- Elsa te llamó mi amada por el simple echo de que lo eres, ya lo sabes. Lo sabes muy bien, hemos salido una vez y yo te sigo queriendo pero tú tomaste la decisión de coger otro camino distinto al mío.
- Nathan...eso ya lo sé, pero ¿por qué ella también lo sabe?
- Ella lo sabe todo...
- Ah...ya claro- dije en tono de burla- ella puede saberlo todo pero yo no. ¡Yo soy la que está metida en este asunto!- reventé, ya cansada de todo- ¡Yo soy la que tiene derecho a saber que pasa! ¡Yo soy la que te va a perder!
- Juliet ya basta. Enserio...me lo estás poniendo más difícil.
- No Nathan, eres tú el que me lo pone difícil a mí. Te necesito aquí.
- Y yo quiero estar aquí, contigo.
- Pues no lo parece.
- Deja ya ese rollo. Aunque me quedara nunca estaría a gusto del todo,  nunca conseguiría lo que más quiero. Nunca te tendría a ti.
- Nathan, yo estoy con Nate y a pesar de que no llevamos mucho le quiero. Aunque si te soy sincera no acabo de comprender mis sentimientos. Hasta ayer, Nate lo era todo para mí, pero por la noche, cuando nos besamos todo cambió. Ahora no sé que es lo que quiero, solo sé que odio la idea de que te vayas y no vuelvas, porque puede que en cuanto te marches me dé cuenta de que te quiero a ti, aquí a mi lado.
- Pues entonces debo ir- dijo con una leve sonrisa- si necesitas que te abandone durante un tiempo para que te des cuenta de que yo soy la persona a la que quieres, lo haré.
- No sé lo que quiero.
- Debo irme y preparar las cosas para el viaje.
- ¿Me harás un favor?
- Claro.
- Vuelve por mí.
- Eso es lo que quiero hacer, pero...
- Eso es lo que vas a hacer- dije firmemente- vas a volver a mi lado.
- Lo intentaré.

Cansada de todo, de hablar, de gritar, de pensar, de intentar entender,...etc. Me levanté y me dirigí hacia la barandilla del balcón, apoyé los brazos en ella y dejé que la leve brisa de la tarde me diera en la cara, eso me relajó un poco. A los diez minutos Nathan se unió a mí y los dos permanecimos en la misma postura y callados durante un buen rato. Después de reordenar mis pensamientos y coger un poco de aire en los pulmones, lo solté poco a poco y decidí acabar con aquello de una vez.

- Nathan, ve- le dije tranquila- pero vuelve. Prométeme que no te va a pasar nada.
- Te lo prometo- me respondió sin ni siquiera mirarme, sus ojos estaban clavados en algún punto del horizonte.
- Ven aquí- le dije con una breve sonrisa.

Nos abrazamos durante unos minutos y luego decidí que hacer. Ya que había cometido un error la noche anterior besándolo, otro error más no me haría nada. Decidí besarlo, por si esta era la última vez que lo veía, por si al hacerlo aclaraba mis sentimientos, o simplemente para sentirme querida. El beso fue perfecto, nuestros labios parecían encajar a la perfección, parecían conocerse demasiado. Me separé lentamente y le sonreí.

- ¿Por qué lo has echo?- me dijo él.
- Para que tengas un recuerdo mío. Para que tengas una razón para volver.
- Gracias.

Esa fue la última palabra que salió de su boca, me dio un leve beso en los labios y se fue. En cuanto se fue, una duda asaltó mi mente ¿cómo se fueron aquellas personas? quiero decir, mi balcón es alto asique dudo que pudieran saltarlo. Tendría que esperar el regreso de Nathan para conocer la respuesta.

sábado, 2 de junio de 2012

Capítulo 8


Capítulo 8

Cuando abrí la puerta no me lo pensé dos veces y salté a los brazos de mi novio. Él me recibió con una sonrisa en la boca, me cogió en el colo como a una niña pequeña y me besó, con dulzura, con deseo, con pasión. Allí estaba yo, con unos mini pantalones de pijama y una camiseta corta, mientras que él iba con unos vaqueros negros y una sudadera de Nike, guapo como siempre.

- Hola amor- dije con una sonrisa.
- Hola Ángel- me contestó él mientras me besaba el cuello y me dejaba en el suelo.
- ¿Cómo estás?
- Bien, no como Nathan, el pobre está cansado y con las pastillas le ha entrado el sueño. ¿Y tú?
- No me quejo, ahora mejor que antes.
- ¿Por qué?
- Porque ahora que te he visto, me encuentro mejor- me susurró al oído.
- Oh, pues que pena que tenga cosas que hacer...
- ¿Hmmmmm?- soltó un suspiro y prosiguió con sus besos por mi cuello.
- Tengo que cuidar de Nathan, me necesita.
- Ah, pero ahora está dormido. Si te necesita estarás cerca de él pero puedes estar conmigo a la vez ¿no?
- Supongo que si- dejó mi cuello y me cojió de las manos mientras me besaba en la boca- Definitivamente creo que si que puedo hacerlo-sonreí.
- Me alegro de que así sea.

Subimos, nos sentamos en el sofá y a los cinco minutos una oleada de besos y caricias rozó mi piel. Me sentía mejor que nunca y, aunque no estuvieramos solos, yo sentía que no había nadie más en el mundo salvo nosotros dos. Hasta que el silencio fue cortado por unos gritos horribles.

- ¡Soltadme!- Nathan gritaba como si le estuvieran haciendo daño- ¡Soltadme o os mataré!
- ¡Nathan!- corrí a mi habitación y lo ví en la cama revuelto entre las sábanas.
- ¡Juliet, vete! ¡Aquí corres peligro!
- ¡Nathan despierta!- grité mientras me acercaba a él.
- ¡Nate, cuidado! ¡Llévatela de aquí, no quiero que tú acabes como yo!
- ¿Nathan?- susurré a su oído- ¿Me oyes?
- Mis alas...me las habeis arrancado ¡Hijos de perra! ¡Juro por Dios que os voy a matar con mis propias manos!
- Oh no...- le dí un buen bofetón- ¡Nathan ya está!
- ¿Qué...?- se levantó poco a poco y ví como sudaba.
- Nathan...-me lancé a sus brazos y después de unos minutos le di un abrazo, apretando todo lo que podía.
- ¡Au! Juliet- me apartó un poco de él- estoy bien tranquila...
- ¿Qué diablos a sido eso?
- Una pesadilla, solo eso.
- No. Eso no era una pesadilla, era un auténtico horror...Nathan, yo tengo la culpa. Tenía que quedarme a tu lado y ver como estabas, no llamar a Nate y estar con el en el sofá mientras tú sufrías así...no...
- Eh...- me cogió la cara y me miró a los ojos- tranquila, nadie te ha dicho que me tengas que cuidar y mucho menos poner todos tus sentidos en mi. Nate tiene derecho a estar contigo.
- Ya, pero es que no debería...
- Shhh. Ni una palabra más.
- Vale...
- Nathan, ¿estás bien?- dijo Nate.
- Si Nate, gracias por venir a cuidar de ella.
- No hay problema.
- ¡Por si no lo sabeis estoy delante y yo no necesito a una niñera que me cuide! ¡Es Nathan el que me necesita!
- Juliet...relájate- me dice él.
- ¡No! Estas mal y os poneis a hablar de mi. ¡Estais mal!
- Ángel, tranquila...
- ¡No! ¡Vete, esto es un error! Tendría que cuidar de él, no estar contigo mientras él tiene pesadillas horribles.
- Está bien me voy...adiós- se acerca para darme un beso pero yo me aparto.
- Adiós, Nate.

Después de esa escenita, Nathan se tumbó de nuevo pero no era capaz de dormirse asique me pidió que le dejara el portátil para ver alguna cosa para que le cogiera el sueño. Una hora después Nathan dormía como un bebé, mientras que yo pensaba en lo que había echo, le había gritado a Nate y no le había dejado que me besara. Estaba rara ultimamente, no sabía el porqué, solo lo estaba.
Después de dos horas de tanto pensar, el sueño venció mis pensamientos y ocupó su lugar.

Hacía frío y estaba sola. Todo era negro, todo era Oscuridad.
Me sentía mareada y me dolía el pecho, cubrí el cuerpo con los brazos, clavé la mirarada en la oscuridad y esperé algo. Pero ese algo no llegó. Solo escuchaba mi agitada respiración, cada vez me dolía más el pecho y no era capaz de respirar. Me puse de rodillas con las manos en el cuello intentando apartar de mi garaganta unas manos invisibles, que me oprimían tanto que no era capaz de moverme. Desesperada , eché la cabeza para atrás y acabé tumbada. El dolor no remitió, se hizo más fuerte. Me estaba ahogando, sin embargo llevaba más de cinco minutos sin respirar y no había muerto, era como si no necesitara respirar pero el dolor lo sentía igual. El dolor comenzaba a apagarse y dio paso a la calma, luego a la histeria.
Seguía allí, toda la oscuridad me cubría, salvo en un punto muy lejano donde había una luz pura y blanca. ¿ Dónde estaba? ¿ Qué era todo esto? No tenía respuesta. Como siempre, los misterios rondaban a mi alrrededor. Por una vez en mi vida quería saberlo todo, quería saber que era lo que tenía delante de mi. Asique avancé, despacio y con miedo pero decidida, hacia esa luz blanca y pura, hacia ese misterio. Parecía que a cada paso que daba, la luz se alejaba cada vez más y más. Me paré en seco y pensé que esto no era real, que no podía existir un lugar así ¿o si? No sabía si seguir andando o dejar de hacer el tonto.
No me hizo falta moverme, la luz se aproximó poco a poco como una luciérnaga juguetona que quiere que la sigan. Y eso fue lo que hice, seguí la pequeña luz blanca y saltarina. Me concentré en ella y solo en ella. ¿ A dónde me levaba? No lo sabía, pero si sabía que ella quería que yo la siguiera. Poco a poco la oscuridad se desvanecía y la luz se paró. Después de pensar que la lucecita se estaba burlando de mi, esta empezó a temblar y a crecer. En un abrir y cerar de ojos la pequeña lucecita ocupaba ahora todos los rincones donde antes había oscuridad. El brillo de la luz cada vez era más fuerte, se oía una leve brisa y una risita de una niña pequeña.
La luz eclipsó y todo se volvió blanco, yo desaparecí.

Me desperté sobresaltada y me recosté contra el cabecero de la cama. Decido levantarme y ir a ver como se encuentra Nathan. Son las dos de la mañana pero no quiero quedarme en cama y volver a soñar cosas tan raras como aquella.
Cuando salgo de la habitación de mis padres, ya que Nathan está ocupando la mía, me dirijo al baño para lavarme la cara. Cuando acabo escucho ruídos y voy a mi habitación. Allí veo que Nathan está despierto y que está leyendo un libro de mi mesilla. Cuando se da cuenta de que estoy allí deja el libro en su sitio y se coloca contra el cabecero de la cama. Me mira y se rie.

- ¿Te he despertado?- dijo con una sonrisa tímida.
- No...he tenido un sueño muy raro y me he despertado.
- Vaya..primero yo tengo una pesadilla horrible y ahora tú tienes un sueño raro- sonríe, parece divertido- ¿Qué será lo siguiente?
- No lo sé- digo riéndome- ¿Por qué estás despierto?
- No quiero seguir durmiendo aquí, me siento siento un carga y estoy solo.
- ¡No eres una carga! Y tampoco estás solo, yo estoy aquí.
- No digo de tener compañía en casa, si no aquí- dice dando palmaditas en la cama y me mira triste- mi hermanita pequeña siempre viene asustada y se queda a mi lado dormida.
- Oh...yo no lo sabía.
- Lo sé. Ahora ya lo sabes.
- ¿Quieres volver a casa?
- No tranquila, estoy bien.
- Yo...- digo timidamente- no sé...- es mi mejor amigo y aún así preguntarle esto se me hace raro- ¿Quieres que duerma contigo?- no me siento cómoda y añado- ¿Aquí a tu lado?
- Si es lo que quieres, si.
- Me tumbaré en el sofá ¿vale?- digo mientras cojo la manta del armario y me dirio al sillón grande de mi habitación.
- No, ven aquí- me dice dando una palmada en la cama.
- Estás malherido, si duermo contigo te haré daño al rozarte.
-Tranquila, aguantaré. Quiero que duermas cómoda en una cama no en un sillón.
- Vale, pero si te hago daño avísame y me pondré en el sillón.
- Eso no va a pasar- sonríe y aparta las mantas para que yo me tumbe a su lado- me gusta el contacto de tu piel.
- Gracias- le digo mientras le tapo bien con las mantas- por todo. Aún estando mal te preocupas por mi.
- No hace falta que me las des, eres muy especial para mi y lo sabes.
- Natha...no empieces otra vez.
- No empiezo, es que nunca me dejas acabar- me susurra al oído y yo me doy la vuelta para mirarle la cara.
- Es lo mismo, déjalo estar ¿vale?
- Vale- me acaricia la mejilla y con el otro brazo me coje de la cintura y me atrae hacia él. Sin poder evitarlo me pongo roja y empiezo a temblar de lo nerviosa que estoy.
- Nathan yo...
- Shhh...- se acerca tanto que su aliento cálido hace que me ruborice más aún. Sus labios rozan los míos y se funden en un profundo beso.

El beso es inevitable, no quiero que siga porque Nate es mi novio pero por otro lado me aferro a él como si fuera un tesoro que no quiero perder. El beso dio paso a las caricias y las caricias a más besos hasta que acabamos completamente fundidos el uno con el otro. Quería parar pero también quería seguir.

-  Nathan...para, recuerda que estoy con Nate.
- Lo sé, sé que esto está mal pero no puedo parar, eres todo lo que quiero y no quiero perderte.
- Ni yo a ti, pero yo quiero a Nate, lo nuestro no puede ser real.
- Juliet yo...- me agarra con fuerza de la cintura y me abraza.
- Tranquilo, no solo es culpa tuya...

Me mira a los ojos y veo pena, tristeza, dulzura, pasión, amor, vergüenza...Él me quiere, yo le quiero. Sin saber porqué me acerco más a él y disfruto del roce de su piel, su aliento en mi cara...Le acaricio el pecho y él suspira, me desea y esto es demasiado para él, no se puede aguantar. Entonces, dejo de resistirme y cedo. Le beso en la boca y luego él besa mi cuello, manos y clavícula. Esto que estoy haciendo no puede seguir, me separo de él y le digo que todo es un error y que estoy muy avergonzada. Aunque no le gusta lo que oye, Nathan lo acepta y se da la vuelta para evitar una discusión. Me giro y cierro los ojos, a los cinco minutos Nathan me abraza y los dos nos quedamos dormidos así, no podré corresponderle nunca como él quiere, pero tenerlo ahora mismo ahí es una de las cosas que más me hacían falta en esos momentos. Nate se enfadaría, eso seguro, pero no podría reprocharme nada. Él no estaba allí para evitarlo, pero tampoco hacía falta, se cuidar de mi misma y sé que aunque lo que hice estaba mal, una parte de mi deseaba seguir con aquello. Una parte de mi deseaba seguir, entregarme a Nathan y vivir cada segundo a su lado en aquella cama, con su cuerpo rozándome. Pero eso no podía ser, había echo lo correcto, había detenido la situación y Nate no podría decirme nada, salvo por los besos y por corresponderle al principio, pero eso no era nada comparado con lo que podría haber pasado y que yo evité.