miércoles, 25 de abril de 2012

Capítulo 2


Capítulo 2

Ya era por la mañana y tenía que vestirme, desayunar y peinarme para ir al instituto. Cuando cogí la mochila y abrí la puerta sentí una oleada de frío, estaba paralizada en la entrada de mi casa, helada hasta los huesos. Después de cinco minutos sin poder moverme recuperé el sentido y la noción del tiempo y salí corriendo de casa, iba a perder el autobús y no tenía ganas de ir andando. Al llegar a la parada sólo estaba Nina. Me pareció un poco raro que nadie estuviera allí, normalmente soy una de las últimas. Me senté en las escaleras y puse la mochila delante de mí para proteger las piernas del frío. Diez minutos más tarde seguía sin haber nadie asique decidí preguntarle a Nina.

- Nina- dije en voz baja- ¿donde está todo el mundo?
- No lo sé. Menos mal que has venido tú porque yo ya me iba a marchar para casa.
- Pues quedan dos minutos para que pase el autobús y aquí no hay nadie, sólo estamos tú y yo. Si el autobús no viene me iré para casa.
- A mí supongo que me llevará mi madre, si quieres puedes venir conmigo.
- Vale, gracias.

Esperamos unos diez minutos más y no apareció nadie, ni la gente ni el autobús. Decidimos ir a junto su madre para que nos llevara al instituto. Cuando íbamos de camino me fijé en que donde normalmente había gente en las paradas no había. No sabíamos donde se habían metido todos.

- Gracias señora Anne- le dije a la madre de Nina.
- De nada.
- Adiós mamá.
- Adiós Nina.

Entramos en el instituto y vimos que todos estaban ya en clase. Vimos el reloj y aún no era lo hora de entrar. Fuímos igualmente para nuestra clase y nos sentamos en nuestros sitios.

- ¿Qué te ha pasado?- preguntó Hanna.
- A mí nada. ¿Por qué entrais antes de tiempo?
- Los nuevos horarios, si llegaras antes a la parada lo entenderías.
- Ah. Explícamelo por favor.
- Pues que la directora quiere que esteamos más tiempo en clase- dijo en tono vacilante- quiere encerarnos aquí como ratas.
- Bueno tampoco dramatices tanto- me reí de ella.
- Es la verdad- replicó- ¿a que viene esto de comenzar antes las clases? ¿lo hace por diversión?
- No lo sé...
- ¿Por qué has llegado tan tarde? Aunque el horario haya cambiado has llegado tarde igualmente.
- Al salir de casa me quedé paralizada en la puerta- empecé a decir- estube cinco minutos así, no podía moverme, tenía un frío terrible, era todo muy confuso.
- Qué rara eres- sonrió- es broma. No te preocupes por eso, seguro que no es nada.
- Yo no estoy tan segura...
- Tranquila, no es nada malo.
- Eso espero.

Después de hablar con Hanna me sentía mejor pero seguía igual de asustada por lo sucedido, nunca me había pasado algo así, tendría que comentarselo a Nathan y a mi madre a ver si ellos me podrían decir algo. Al sonar el timbre el profesor Vince se fue y en su lugar vino la profesora Stephenie de Filología Inglesa. Esta asignatura era una de las que más me gustaban y esperaba que eso me distragera un rato.

- ¿Alguien puede decirme como se dice pesadilla en inglés?- preguntó mientras miraba para mí- ¿señorita Swan?
- Pesadilla en inglés es nightmare.
- Correcto. Muy bien y como se dice...- se paró a pensar la pregunta- ¿sígueme?
- Fallow me- respondió Jamie.
- Correcto señor Fitgerald.
- Bueno- prosiguió ella- para la próxima semana tendreis que traeros leído el primer capítulo de Romeo y Julieta. Pensad bien que me vais a comentar de ello y haced un esquema de guía por si acaso. También hablaremos de su autor, Shakespeare.

Suena el timbre y la profesora Stephenie se va como vino con su maletín debajo del brazo en vez de agarrardo en la mano. El recreo se acercaba y yo lo deseaba más que nada, necesitaba estar al aire libre y comentarle a Nathan lo que me pasaba. Después de dos clases interminables llegó el recreo.

- Nathan- grité desde las escleras.
- Juliet- me llamó él y me hizo un gesto con la mano indicándome que fuera con él.
- ¿Que tal?
- Bien. ¿Tú?
- He tenido días mejores- comenté.
- ¿Qué te pasa?
- Hoy al salir por la puerta para ir a la parada- empecé a decir confusa- me quedé paralizada allí durante cinco minutos sin poder moverme ni hacer nada, un frío brutal me cubrió todo el cuerpo y sentía que ese momento no acabaría nunca. Ha sido muy raro.
- Caramba- se quedó pensando en que decir a continuación y al final habló- no se que decir...Es raro no te lo voy a negar, pero creo que te estás preocupando por una tontería, si te vuelve a pasar ya será algo preocupante pero de momento no te agobies con ello. ¿Vale?
- Vale. Gracias por aconsejarme.
- De nada. Bueno queda poco para que toque será mejor que subamos ya.
- Sí.

Subimos para clase y nos preparamos para la siguiente asignatura. Cuando estaba cojiendo el libro y la libreta ví que algo se me cayó del medio, una hoja de papel, la cojí y la abrí para ver de que se trataba y entonces leí lo que ponía << Hola. De nada, mi sudadera será tuya cuando tú quieras :) ¿Cuando podemos quedar? Me gustaría pasar un rato contigo y así nos ponemos al día con nuestras vidas que hace mucho que no hablamos como debe ser. Un beso, Jamie>>. Era de él. Quería quedar conmigo para pasar un rato juntos. ¿Qué tenía que contestar? ¿Lo sabría Florence?
Se lo contaría a Nathan pero le molestaría asique le pedí ayuda a Hanna.

- Jolín, este chico es una caja de sorpresas- dijo con una risita- nunca sabes por donde va a aparecer.
- ¿Quieres hacer el favor de ayudarme y dejar las coñas para otro momento?- dije muy seria.
- Valeeee...- se quejó- dile que día le viene bien a él y que a que hora quedais. ¡Ah! y en donde.
- ¿Crees que se lo tengo que contar a Nathan?
- Yo se lo contaría pero solamente si creo que es lo correcto- se explicó- si crees que se va a sentir dolido no se lo digas, pero si crees que lo mejor es que lo sepa para que se haga la idea de que esto va enserio diselo sin más demora.
- Vale, creo que lo mejor es que se lo diga y punto.
- Pues eso, pero antes responde a la nota y en un cambio de clase se la metes en la mochila.
- Vale.

Al sonar el timbre le metí la nota en la mochila tal y como Hanna me había dicho. En ella había puesto << Hola. Gracias pero puedo cojerme una chaqueta mía :P. No sé...¿cuando te viene bien a ti? dime la hora, donde y luego te digo si puedo ¿vale? Un beso, Juliet>>. Después de dejarle la nota me senté rápidamente en mi sitio, nos tocaba Historia y la profesora Jane, la directora, era muy estricta. En cuanto llegó dejó su carpeta en la silla y se sentó en una esquina de la mesa. Comenzaba la clase y con ella comenzaba el dolor de muñeca al escribir ya que con la profesora Jane había que copiar todo punto por punto.

- Bien- dijo seria- hoy no vais a copiar nada de lo que yo diga, simplemente me vais a contestar a unas preguntas que deberiais de saber del curso pasado. Empecemos- se paró para escoger a quien preguntar y miró directamente a Hanna- señorita Lewis...
- ¿Si?
- ¿Puede usted decirme quienes fueron los Jacobinos?
- Pues...esto...- se quedó en blanco y estaba muy nerviosa- pues...

Para quitarle un peso de encima cogí y levanté la mano, la profesora hizo un leve movimiento de cabeza indicando que podía contestar por ella.

- Los Jacobinos fueron unos completos asesinos, Marat que estaba en el centro de este complot, hacía una lista de las personas que él creía traidores o culpables y los mandaba directos a la muerte. Durante el tiempo en el que este clan estubo al mando rodaron miles de cabezas en Francia hasta que una mujer, con la escusa de que sabía algunos nombres de traidores que aún no estaban muertos; fue a casa de Marat cuando este se estaba dando unos baños, ya que él padecía cierta enfermedad que requería dichos tratamientos. Cuando Marat apuntaba en una lista los siguientes en morir la mujer aprovechó y le clavó un cuchillo abrecartas en el pecho y se fue. Marat murió desangrado y después de este acontecimiento Marat era representado en la pintura como un dios. Gracias a la intervención de dicha mujer, la gente que tendría que morir, según Marat, pudo seguir con vida.
- Muy bien señorita Swan, sinceramente, pensé que usted no tenía una mente tan llena de conocimientos pero ya veo que me he equivocado, siga así.
-Gracias- dije confusa- supongo.
- No me las dea- sonrió- bueno, prosigamos.

Al acabar la clase Hanna y yo salimos para subir al autobús y nos encontramos con Jamie que me saludó con entusiasmo y se acercó.

- Juliet- sonrió- toma. Guárdala, ya la verás en casa.
- Oh. Vale- me metí la nota en el bolsillo- Adiós.
- Adiós- me dijo mientras me giñaba un ojo.
- ¿Vamos?- dijo Hanna.
- Sí, vamos.

Nos subimos al autobús y nos sentamos juntas, yo iba a comer a casa de Hanna y a la tarde teníamos que hacer un trabajo para Tecnología Moderna, el señor Phil nos había puesto un trabajo sobre los tipos de bombillas, un verdadero aburrimiento. Después de acabarlo iríamos a dar una vuelta y luego su madre me llevaría a casa. Al llegar comimos y cuando estabamos en la habitación de Hanna me dispuse a hacer el trabajo cuando se me acordó que tenía la nota de Jamie en el bolsillo y la cogí para leerla. La abrí y leí detenidamente cada palabra << Hola. Yo estoy bien, ¿y tú? Pues a mí me viene bien cualquier día, no sé,que tal...¿Jueves? ¿A las cinco en la plaza central? Bueno tú dirás...Un beso, Jamie>>. Hanna estaba a mí lado con la boca abierta de sorpresa igual que yo, Jamie quería quedar el jueves, dentro de dos días.

- Que bien- dijo Hanna- una cita secreta...¿ que te vas a poner?
- No es una cita, simplemente hemos quedado para charlar un rato.
- Bueno eso es lo de menos... dime, ¿ que te vas a poner?
- No sé, supongo que lo de siempre, unos pantalones largos y una camiseta.
- ¡Pero que dices! Tienes que ir guapa para que vea que eres mejor que su estúpida novia.
- No sé, creo que eso es imposible.
- Tú déjamelo a mí.
- No sé que es peor- me reí- si vestirme como siempre o que tú te encargues de hacerlo.
- No te burles- dijo seria- o si no no te ayudo.
- Vale...
- Bien.

El resto de la tarde fue tal y como yo pensé, hicimos el trabajo y dimos una vuelta por allí cerca. Ya eran las ocho cuando la madre de Hanna me llevó a casa, bajé del coche y saqué las llaves para abrir la puerta. Cuando entré la madre de Hanna se fue y yo subí en el ascensor hasta mi casa. Al llegar cené, me duché y me fuí directamente a la cama para estar bien despierta al día siguiente. Me dormí rápidamente y me encontré envuelta en un profundo sueño que parecía demasiado real.
Estaba en una calle que no conocía. Se escuchaban gritos de socorro asique decidí seguir el rastro de voz para saber que pasaba y de donde provenían. Al girar a la derecha de la calle en la que me encontraba ví a una mujer tendida en el suelo, me acerqué despacio sin hacer ruido y pude observar que la mujer se estaba desangrando. Su cara me era familiar pero no supe decir quien era. Una sombra se acercó por detrás de mí y yo me giré para ver quien era pero no pude vislumbrar nada, la sombra se había alejado, o eso parecía. La mujer me llamó con un susurro casi inaudible y yo me acerqué más. Tenía una mordedura en la muñeca, parecía la marca de la dentadura de un perro pero más fina.

- Véte- dijo en un soplo de voz- esto es muy peligroso.
- ¿Qué te ha pasado?
- Véte, yo ya no tengo remedio. Véte- la mujer cerró los ojos y se quedó inmóvil, había muerto.
- Lo siento- dije apenada- tendría que haber hecho algo.

Me levanté y percibí la respiración entrecortada de alguien, me dí la vuelta pero allí no había nadie. Retomé el camino de vuelta hacia la calle donde había escuchado los gritos. Una sombra me seguía, era muy veloz pero yo también era bastante rápida y sabía donde estaba a cada momento. La sombra desapareció en cuanto yo me paré en seco y en vez de ella apareció una figura delante de mí, a veinte metros, que supuse que era un hombre ya que era alto, musculoso y demasiado corpulento para ser una mujer. Escuché como se reía, ahora más que nunca sabía que era un hombre, su risa era ronca y tenía una voz grave. Decidí acercarme a él, si me quería hacer daño le sería fácil pero a mí eso me daba igual sólo quería saber quien era y llamar a la policía para que lo arestaran por lo que había hecho, matar a una mujer. Mientras me acercaba, la distancia que nos separaba era menor. Él estaba tenso, como si no comprendiera lo que yo estaba haciendo, como si supiera que al acercarme estuviera poniendo mi vida en peligro. Cuando estaba a escasos metros de él, como mucho cinco metros, se dio la vuelta y empezó a correr, no sabía que hacer, si dejarlo escapar o seguirlo. Opté por la segunda opción, no iba a dejar que se escapara, había matado a una mujer y aunque yo no supiera el porqué de ese asesinato quería cojerlo, simplemente eso. Giró hacia la izquierda hacia un lago, que por lo que se podía observar era bastante profundo. Se adentró en el paseo que bordeaba dicho lago y siguió corriendo. Cansada, seguí a aquel hombre sin darme por vencida pero de repente él había desaparecido. Me paré y me senté en uno de los bancos que había por todo el paseo. Después de diez minutos sentada y sin rastro del hombre me levanté y me acerqué al lago. Cogí una piedra y la lancé al agua, parecía bastante profundo. Mientras yo jugaba con las piedras alguien se acercó por detrás, me cogió y me tiró al agua. Sentía como alguien me agarraba para que no saliera de debajo del agua, quería ahogarme, no le importaba que pasara conmigo, quería matarme. Abrí los ojos debajo del agua y ví que era el hombre al que había perseguido, no le podía ver bien la cara pero estaba segura de que era él. Le mordí una mano y me zafé de él. Me alejé nadando hasta el centro del lago, no lo veía asique decidí acercarme a la orilla posterior para que no me volviera a pillar. Cuando salí del lago el hombre me estaba esperando sentado en un banco, me acerqué a él y le dí un buen bofetón pero él sólo sonreía. Me agarró por un brazo y me zarandeó, luego me dio un puñetazo en la cara que me dejó inconsciente justo cuando él me lanzó al agua, esta vez si que me había ahogado.
Me desperté sudando, estaba asustada y tenía la piel fría como el hielo. Parecía que aquel sueño fuera real pero que yo no me había muerto, solamente me había ahogado y sobreviví. Eran las cinco de la mañana y aún quedaban dos horas para que mi madre me despertara pero como no me quería volver a dormir decidí ir hasta la cocina y desayunar con calma viendo la televisión para ver si así me distraía un poco.

- Juliet...- dijo mi madre en voz baja- ¿qué haces despierta?
- Hola mamá. He tenído una pesadilla bastante real, me he asustado y por no despertaros he venido a desayunar.
- Ah. Tranquila, sólo ha sido una pesadilla. Vuelve a la cama que seguro que estás cansada.
- No no estoy cansada, me voy a quedar aquí viendo la televisión. No me apetece dormir. Por favor.
- Vale...yo me voy a la cama.
- Vale. Ya no hace falta que me despiertes, puedes dormir más tiempo- le dije con una sonrisa.
- Ya, por una parte te estoy agradecida, hoy tengo que trabajar por lo menos hasta las dos de la mañana porque tengo una cena de trescientas personas y hay mucho que hacer.
- De nada. Que descanses.
- Gracias.

Después de que mi madre se fuera continué viendo la televisión, no había nada interesante así que me puse a ver las noticias.
Me quedé de piedra al ver una noticia en la que un mujer fue asesinada por la noche en Los Ángeles y el asesino había escapado poco antes de que la policía llegara al lugar donde se hallaba la mujer muerta. La policía dijo que una llamada anónima los había alertado, un voz femenina.

- He sido yo- dije con voz ronca- en mi sueño.

Mi sueño podría haber sido real, podría haber llamado a la policía y haber perseguido al hombre desesperada por el paseo del lago y que él me intertara matar ahogándome, pero sin conseguirlo. Más que un sueño parecía un recuerdo o un dejavú, pero no estaba segura de que la llamada fuera la mía, podía haber sido cualquier otra persona que lo viera. Pensé en esa posibilidad para no encontrarme en un callejón sin salida y intentar tranquilizarme. Cuando ya eran las seis y media decidí hacer la cama y ducharme tranquilamente. Me vestí, me peiné, cogí la mochila, las llaves, me calcé y abrí la puerta para salir y dirigirme a la parada.
Mientras caminaba lentamente percibí la misma respiración que en mi sueño, era él, el hombre de mi sueño. Ví una sombra detrás de mí y me asusté, empecé a correr lo más rápido que pude hacia la parada. Al llegar allí me paré en seco y andé normal para que nadie pensara que me había vuelto loca y que corría porque sí. Me encontré a Nina en las escaleras y nos pusimos a hablar de tonterías mientras no venía el autobús.

Subimos al bus y llegamos a clase. Me senté, cogí la libreta y el libro para la primera clase, Tecnología Moderna con el señor Phil.

- Teneis que exponer vuestros trabajos- dijo con la voz grave- y claro está que no todos hicisteis el mismo trabajo asique escogeré el que más me guste. Me acercaré a vuetras mesas y veré cual esta mejor decorado, expresado y orgainzado.

Se pasó por todas las mesas mirando detenidamente los trabajos. Algunos estaban muy bien hechos, otros estaban pasables y otros estaban catastróficos; había donde elegir. El profesor Phil posó sus ojos en nuestro trabajo y asintió satisfecho, luego vio el de Jamie y Nate que era sobre los motores a reacción y una sonrisa salió de su boca.

- Ya sé quienes son los que van a exponer sus trabajos- dijo después de examinar los trabajos por última vez- Señor Fitgerald, señor White. Salgan a la pizarra por favor.
- De acuerdo- dijeron los dos al unísono.

Mientras ellos explicaban su trabajo Hanna y yo charlabamos por lo bajo para que no nos escucharan.

- Es guapo- dijo Hanna mirando a Nate- pero el tuyo lo supera mil veces.
- No es mío.
- Dentro de poco lo será. Ya lo verás.
- No sé yo...
- Tú nunca sabes nada- se rio- tranquila.

Cuando acabaron de exponer su trabajo el profesor llamó a Nina y a Beca para que nos explicaran un trabajo sobre la electricidad estática. Los siguientes en salir fueron Nathan y Peter. Intentaba estar atenta a la explicación que nos daban sobre la mecánica de artefactos explosivos pero ese tema sólo me hacía pensar en el asesinato que yo había presenciado, por así decirlo. Cuando acabaron, el profesor nos miró y nos llamó a la pizarra. Mientras Hanna explicaba la primera parte del trabajo me dí cuanta de que Jamie estaba muy concentrado mirándome y me puse roja, gracias a dios nadie se dio cuenta. Después de que Hanna me diera un codazo para indicarme que me tocaba a mí expliqué todo detenidamente para centrarme en lo que estaba haciendo y no en Jamie ni en el asesinato.
Al acabar la clase me acerqué a la mesa de Jamie pero para mi sorpresa él seguía allí y no había salido a ver a Florence asique me acerqué despacio y le puse la nota en la mesa con mi mano encima.

- Toma.
- Oh. Vale- me cogió la mano disiuladamente y desplazó la nota hasta su palma- gracias, pensé que te habías olvidado.
- No, no me he olvidado. De nada- sonreí y me dispuse a soltarle la mano- bueno tengo que volver a mi sitio.
- Sí- dijo giñándome un ojo- no quiero que por mi culpa te echen bronca.
- No tranquilo, no es por tu culpa.
- Véte entonces.

Me senté en mi silla, guardé el material de la otra clase y saqué lo de Filología Inglesa. En cuanto lo hice, la profesora Stephenie entró por la puerta como un rayo. Se sentó en la silla y abrió su agenda para ver que nos tocaba dar hoy.

- Buenos días- dijo con una pequeña sonrisa- ¿alguien ha soñado esta noche?
- Sí- dijo Nate.
- ¿Se puede saber lo que has soñado?
- Claro. He soñado que se acababa el instituto y me compraba un Ferrari- toda la clase soltó una pequeña risita.
- Ese sueño es un poco incoherente. ¿Alguien a tenido una pesadilla?
- Todos los días de mi vida- soltó Hanna- con el instituto.
- Oh. ¿Alguien más?
- Yo...-dije tímidamente- hoy he soñado que me perseguían hasta un lago y me ahogaban.
- Eso si que es una pesadilla. Para mañana quiero que escribais una redacción sobre una pesadilla con la que soñarais. Bien, ahora empecemos con Romeo y Julieta. Apuntad todo lo que yo os diga en vuestras libretas.

Mientras la profesora hablaba sobre como eran los personajes de la obra, nosotros teníamos que copiar todo lo que decía. Yo estaba escribiendo pero inconscientemente también pensaba en lo sucedido aquella noche. Al acabar la clase tuvimos Numerología y Historia. Llegó el recreo y me senté en el banco que estaba cerca de las mesas de ping pong. Al poco tiempo de haberme sentado apareció Nathan con Nate, no sabía que fueran amigos, es más juraría que en su lista de enemigos figuraba él después de Jamie. Se sentaron a mi lado y yo los saludé con un leve movimento de cabeza.

- Hola Juliet- dijo Nate- ¿como te va?
- Hola Nate. Bien, ¿y a ti?
- No me puedo quejar.
- Me alegro.
- Y yo por ti. Me voy a jugar al ping pong. Ya hablaremos en otro momento- dijo mientras se levantaba.
- Adiós Nate- dije yo.
- Adiós Nathan. Ya acabaremos aquello en otra ocasión.
- Vale- repondió él- cuando quieras avísame.

Cuando Nate se iba alejando Nathan se acercó más a mi, casi rozando mis brazos. Lo notaba raro, de no ser que lo tenía cerca diría que un tanto distante.

- Bueno...- dijo él serio- ¿hoy puedes salir?
- Sí. ¿Por qué?
- Necesito hablar contigo a solas.
- Estamos solos, no hay nadie más que los que juegan al ping pong y están a cinco metros, no nos escuchan.
- No, aquí no. Tenemos que estar completamente solos.
- Vale. Ven a las cinco, no antes.
- Bien. Sabes que soy puntual, hoy más que nunca tengo el tiempo justo.
- Me estás asustando.
- Tranquila no he hecho nada malo.
- Espero que no sea nada importante que nos haga daño.
- Ya lo sabrás a su debido tiempo.
- Vale. Te veo luego.
- Adiós cielo- dijo mientras me abrazaba.
- Adiós Nathan.

Me dirigí a las puertas de la cafetería porque había quedado allí con Hanna los últimos diez minutos de recreo, ya que ella había estado castigada hasta entonces. Después de apoyarme contra la pared apareció Jamie con Florence y yo me puse rígida. ¿Me diría algo alguno de los dos?

- Florence, espera.
- Vale...
- Hola Juliet- sonrió- espero que no te olvides de lo que tenemos pendiente.
- No, no me olvido.
- Me alegro de oírlo- me guiñó un ojo- me tengo que ir.
- Chao.

Y se fue con su novia a la pista de tierra donde había unas escaleras donde siempre se sentaban. Al instante apareció Hanna y yo me alegré mucho de verla. Ella me alegraba los días con sus tonterías.

- Hola cielo- dijo ella con una pequeña sonrisita.
- Hola amor.
- ¿Estás bien?
- Sí, es que hoy he tenido una pesadilla que parecía muy real.
- Ah. Te he escuchado en la clase decirlo pero pensé que lo decías por decir.
- Pues no...
- Bueno ¿sabes una cosa?
- ¿Qué?
- Ya sé que te vas a poner para mañana.
- ¿El qué?
- Un precioso vestido azul con unos zapatitos de tacón a juego negros.
- Ni de coña. No es una cita, no es una fiesta y él tampoco es mi novio.
- Vamos Jul, se buena conmigo y con él. Cuando te vea no querrá dejarte marchar.
- No sé, me lo pensaré.
- Vale...

Tocó el timbre y subimos lentamente las escaleras, no quería llegar a clase, no sabía muy bien si era porque no tenía ganas de trabajar o porque estaba rallada con todo lo que pasaba por mi cabeza. Hanna me tuvo que agarrar porque casi me caía sólo de pensar en aquella horrenda pesadilla, me estaba volviendo loca. Menos mal que solo quedaban dos clases, Diseño y Música. Dos clases llevaderas, fáciles y que me gustaban bastante, la que más, Diseño.
Al acabar las clases subí al autobús y llegué a casa realmente cansada. Comí, hice los deberes y me tumbé en la cama. Como no me quería mover hasta que me llamara Nathan y no tenía nada que hacer cogí el portátil y entré en mi Twitter para ver si tenía algo nuevo. Cuando entré no había nada fuera de lo normal solo unas cuantas peticiones de seguimiento y devolverles el seguimiento, dos mensajes de mis amigos de Raloddene y unas fotos sin importancia. Cambié de tweet << Cosas que has vivido sin haberlo sabido...>>, no sabía que más poner porque la pesadilla me rondaba la cabeza a cada minuto. Cuando apagué el ordenador sonó el timbre y me calzé para bajar y encontrarme con Nathan.

jueves, 5 de abril de 2012

El comienzo (Libro 1) Pólogo + 1º Capítulo

Prólogo

Ya era verano con lo cual ya había pasado un año y dos meses desde que me fuí de Raloddene y  me mudé a Scadale, salí de una insignifiante ciudad para vivir en otra que ni si quiera salía en los mapas de carreteras.Faltaba muy poco para mi cumpleaños, pero no sé si lo celebraría.
Estaba en la piscina con Itzer, Nathan, Kyle, Peter, Asrael, Nina y Beca; mis amigos. Mientras ellos estaban dándose un baño Itzer y yo hablabamos en las toallas.
-Bueno...¿y que tal todo?- le pregunté.
-Bien, va a venir Hanna, una amiga mía...no te importa  ¿verdad?
- ¡ No! en absoluto, cuantos más mejor- le dije con una sonrisita.

En ese momento llegó Hanna, era guapa, pelo negro, media melena, ojos marrones, estatura normal, una sonrisa muy bonita y no era ni delgada ni regordita, era perfecta.Tenía ganas de conocerla y saber como era, parecía maja.

- Hola- saludó con una leve sonrisa.
- Hola Hanna- respondió mi amigo- Esta es Juliet, Juliet esta es Hanna.
- Hola Hanna...- dije con voz temblorosa.
- Hola Juliet, eres una chica muy guapa.- dije ella intentando ser amable.
- Gracias, tú también- me sonrrojé al ver que muchas de las personas allí presentes nos miraban estrañados.
- Vamos a darnos un baño, tu novio esta allí Hanna- dijo Itzer con una sonrisa juguetona.
- Asrael, ya he llegado- aclamó.

No sabía que Asrael tuviera novia, ni sabía que fuera Hanna y tampoco sabía que Hanna existía. Decidí darme un baño y simplemente pasarlo bien. Cuando salí a la toalla con todos mis amigos, nos quedamos mirando para la parte norte de la piscina, donde estaban los populares. Allí estaban Daniel, Jamie, Mary, Florence y Amber. Daniel era el novio de Mary; Jamie era el novio de Florence, cosa que a mi no me agradaba demasiado ya que a mí me gustaba él; y Amber que era muy mala persona y no tenía pareja.

- Ahí están, los pijos de pijolandia en una piscina pública, pobrecitos deben de estar aterrados- dijo Peter bromeando.
- Cállate. Te pueden oír.- gruñó Kyle.
- Y que más dá. ¿ Acaso no puedo hablar?- replicó él.
- ¡Callaos! No empeceis- dije yo.
- Vale...- respondieron al unísono.

Después de varios chapuzones y unas cuantas jugadas al póker se fue haciendo tarde.

- Será mejor que nos vallamos...se hace tarde y la piscina va a cerrar- dijo Nathan.
- Sí- le apoyé.

Todos mis amigos se fueron a sus casas menos Nathan, que se empeñaba en acompañarme, al cual le dejé venir.

- ¿Qué haría yo sin ti?- dije al fin.
- No lo sé, supongo que nada- dijo tímidamente.
- ¡ Exacto! Eres muy especial para mí, eres mi mejor amigo y te quiero mucho...- le respondí cariñosamente.
- Y tú lo eres para mí- dijo él.
- ¡Lo sé!- me metí con él y se quedó con cara seria, por lo que añadí- ¡ Anda, dame un abrazo tonto!

Y nos abrazamos durante unos minutos, parados en medio de la calle. En ese momento me acordé de cuando estabamos juntos, de cuando estabamos saliendo.

- He estado pensando...¿ Y si no hubieramos estado juntos?- dije triste- ¿ Seríamos amigos?
- Probablemente no...¿ Por qué?- dijo muy serio.
- No sé...me vino a la mente, pero me alegro de que eso no pasara- sonreí animada.
- Y yo...
- Bueno, será mejor que suba ya para casa.
- Sí, adiós.
- Adiós- y subí para casa.

Pronto llego mi cumpleaños, tal y como yo sabía, era de esperar que no lo celebrase. No fue como yo esperaba...mis dulces dieciseís eran algo normal, como un día de sol en verano.
Ya estabamos llegando a primeros de Septiembre, el instituto estaba a la vuelta de la esquina. Ya iba a llegar el primer día de clase, la presentación, donde me encontraría con todos y con Hanna, la cual se había cambiado de instituto para estar conmigo. Después de aquel día en la piscina, Hanna y yo nos hicimos muy amigas, mejores amigas. Ahora tenía un mejor amigo y una mejor amiga, cosa que me gustaba ya que con Hanna podría hablar más sobre chicos y con Nathan sobre chicos y otras cosas.


Capítulo 1

Primer día de instituto, el día de la presentación. Buscaba a Hanna y a Nathan, pero no los encontraba, asi que decidí entrar yo sola y ver que clase me tocaba.

- ¿Julietta Swan?- dijo una profesora.
- ¡ Yo!- grité desde el otro lado del pasillo.
- Soy tu tutora y estás en el aula 12, bienvenida a un nuevo curso- me informó y me hizo pasar.
- Gracias.

Me dio el horario y los libros. Tomé asiento en un pupitre nuevo de la parte de atrás. El aula era bastante grande, y había varias mesas con sus respectivas sillas verdes acordes con la pintura de la pared blanca como la nieve, recien pintado. En la parte de alante la mesa de la profesora era amplia y estaba reluciente. Las carpetas de la profesora estaban totalmente alineadas y separadas por la misma distancia unas de otras, ella era muy ordenada por lo que yo podía apreciar.

- ¿Hanna Lewis?- se escuchó a la profesora en el pasillo.
- Si- dijo Hanna al acercarse.
- Aula 12. Bienvenida a un nuevo curso.- añadió.
- Gracias señorita.

Se sentó a mi lado y empezamos a hablar mientras llegaban los demás.

- Tengo una buena noticia- soltó.
- ¿Qué? ¿Qué?- dije intrigada.
- Lo he dejado con Asrael.
- Ah...eso es... ¿bueno?- pregunté desconcertada.
- Sí, me quería engañar con otra, me enteré y lo dejé antes de que lo hiciera- dijo risueña.
- Bueno...visto así.
- Pero hay un problema- cambió la cara y se puso muy seria
- ¿Qué pasa?
- Me gusta otro...
- ¿Y qué?
- Pues es que es...
- ¿Quién?
- Daniel...- su voz cesó al pronunciar ese nombre.
- ¿Y cual es el problema?- le espeté yo.
- Mary...es su novia.
- Vale. ¿Y qué más da?
- ¡Pues que no me puedo acercar a él!- gritó- ¿No lo entiendes?
- Si, lo entiendo muy bien, incluso más que tú- resoplé- a mi me gusta Jamie y está con Florence...¡Peor aún!
- No me lo habías dicho...- bajó la voz.
- No hay motivos para contarlo- le expliqué- él no está a mi alcanze...
- ¿Hace mucho?
- Sí, y me arrepiento de haberlo rechazado, cada día de mi vida.
- Espera, ¿ qué? ¿rechazarlo? ¿por qué?- dijo sorprendida.
- Pues que cuando llegué aquí él me propuso que saliera con él y yo lo rechacé...luego me empezó a gustar y ahora no sale de mi cabeza.
- No sabes lo que tienes...
- Hasta que lo pierdes- continué yo cortándole la frase- pero yo ni siquiera llegué a tenerlo, no lo entiendo.
- Ni yo, pero es el corazón el que escoje...
- Que cursi- dije entre risas y luego me puse seria- pero es la verdad.

Nos callamos para escuchar quién más venía con nosotros. En nuestra clase eramos 23, yo sólo conocía a algunos. Estabamos Hanna, Nathan, Peter, Nina, Beca y por último, parecía un sueño, Jamie. Por desgracia su novia Florence no tardó en aparecer y pedir un cambio de clase para él, pero Jamie se negó, dijo que estaba bien en esta clase y yo sonreí. Ella volvió a su aula, con sus amigas. Hanna y yo nos reíamos tanto que todos, incluído Jamie, miraron para nosotras y nos pusimos rojas como tomates.
Al salir de clase, Jamie fue a junto de Florence, la cual le hechó la bronca del siglo por dejarla en ridículo delante de todos y por lo que yo me volví a reir, ya que él poco caso le hizo. Hanna y yo teníamos que ir andando hasta casa. Antes de irnos esperamos por Nathan que se quedara observando el tablón de la entrada, para despedirnos de él. En cuanto acabamos nos pusimos en camino, al salir por el portal tropecé con Jamie y caí de al suelo. Él se giró y al verme, me ayudó a levantarme.

- Lo siento mucho- dijo él con la voz ronca.
- No, soy yo la que lo siente, estaba mirando para atrás. Perdón- dije entrecortadamente.
- Ya, pero yo estaba en el medio del portal...
- Ya, pero yo estuve despistada y no vi para alante- le corté.
- Bueno da igual...lo siento.
- Y yo...
- No pasa nada- se rió- ¿estás bien? Te has dado un buen golpe.
- Si, no me pasó nada malo- sonreí- Estoy bien.
- Menos mal. ¡Bueno adiós!
- Adiós.

Y se alejó a junto de su novia. Hanna y yo retomamos el paso y nos fuímos alejando lentamente, ya que yo estaba dolorida por la caída.

- Que bonito- soltó al fin Hanna.
- ¿El qué?
- Tú y Jamie...él preocupado por ti y tú por él.
- Boh...No ha sido nada.
- Ya...claro
- ¡Pesada!- le espeté y sonreí.

Mientras nos reíamos por una tontería alguien venía detrás, podía sentirlo.

- ¡Juliet!

Me giré de golpe y lo ví, era él, Jamie.

- Jamie- dije a medida que se acercaba.
- Se te ha caído esto- dijo abriendo la mano.
- ¡Oh! Mi collar...
- Debió de soltarse cuando te caíste- explicó.
- Gracias, muchas gracias de verdad.
- Es muy bonito, el collar digo- dijo sonriendo.
- Gracias- me sonrrojé.
- ¿Vas andando a casa?
- Si, voy con Hanna...- respondí nerviosa.

Lancé una mirada a donde se encontraba Hanna, estaba hablando por teléfono.

- Vale. Adiós mamá- dijo antes de colgar- Juliet, mi madre me viene a buscar.
- ¡Oh! Pues iré sola a casa...bueno no pasa nada.
- Yo te acompaño si quieres- dijo Jamie- yo también voy andando.
- Bueno, pues entonces todo arreglado- dijo Hanna rapidamente sonriendo.
- Bueno, vale- respondí temblando de los nervios.
- Bien, yo me voy ya ¿vale Juliet?- se apresuró a decir ella.
- Vale...

Me dio un abarazo, me guiñó un ojo y se alejó para volver al instituto. Jamie y yo estabamos solos.

- Bueno...¿vamos?- dijo Jamie, que me estaba esperando.
- Vamos...

Durante un buen rato cada uno fue a su bola, pero Jamie se fue acercando y yo me puse nerviosa, me temblaban las manos. Él se fijo y sonrió. Se quitó la sudadera y me la ofreció.

- Tienes frío ¿verdad?
- Un poco, pero no hace falta que me dejes tu sudadera.
- Yo no tengo frío, tranquila. Toma.
- Gracias- me la puse y disimuladamente sonreí, noté como olía a su colonia.
- Hacía mucho que no hablabamos ¿no?
- Si...bastante- respondí tranquila.
- Desde que tú me diste calabazas- de su boca salió una sonrisa forzada, incómoda.
- Sí- dije cortada- pero ahora tienes a Florence.
- Ya- miró al suelo y añadió- ya son ocho meses a su lado.
- ¡Caramba! Cuanto tiempo...
- Bueno, pasa rápido creo yo.
- Supongo.

Ya faltaba poco para llegar a la entrada de la ciudad. Él se iría por un lado y yo por otro, yo sabía por donde vivía él y era en la otra punta de la ciudad.

- Bueno, tú te vas por el otro lado- dije mientras me intentaba quitar su sudadera.
- Si...pero no te la quites aún, te acompaño a tu casa- dijo serio- si tú quieres claro.
- Bueno...vale.

Al llegar a mi portal pensé que se iría sin más pero no fue así.

- Bueno, ahora si te la doy.
- No, todavía no- me interrumpió- dámela mañana.
- Pero...¿no tendrás frío ahora al volver?
- Tranquila, no tengo frío- sonrió.
- Vale. Bueno, hasta mañana.
- Chao...

Me giré y cogí las llaves para abrir la puerta. Cuando saqué el manojo de llaves y me dispuse a abrir me dí cuenta de que Jamie seguía allí.
Entonces me dí la vuelta para ver que quería.

 - Ejem...-carraspeó- ¿me das un abrazo de despedida?
- ¡Oh! Vale...

Nos abrazamos durante unos segundos y luego se fue. Nada más llegar a casa fuí a mi habitación, me tiré en la cama y empecé a patalear de alegría, Jamie había estado conmigo a solas y llevaba su sudadera. Su sudadera olía genial, olía a su colonia, olía a él. No dudé ni dos segundos y entré en mi Twitter para crear un nuevo tweet en el que puse << Hoy él y yo a solas <3>> aunque lo tenía agregado y podía verlo me dio igual. Ese día sólo quería estar sola y recordar ese abrazo y como me lo pidió, con esa cara, esos ojos verdes y profundos, ese pelo castaño claro con destellos dorados, ese pecho cubierto por una camiseta que le marcaba cada músculo de su cuerpo, esos labios imponentes...todo, todo en él era perfecto. Pensé en llamar a Hanna y contárselo pero ya se lo diría mañana, ahora tenía que comer, comprar el material y ir para cama temprano, así mañana no me quedo dormida en clase, delante de él, Jamie. Me dio pena que Florence lo despreciara por lo que le dijo hoy, porque para mi fue lo mejor, está en mi clase y ella no está para molestar.
Al día siguiente nada más llegar Hanna me empezó a hacer un interrogatorio y yo respondí todo, punto por punto.

- ¡Oh1 No sabía yo que en veinte minutos podía pasar tanto.
- No fueron veinte minutos, fueron treinta...ibamos a paso lento.
- Bueno, lo más bonito fue el final- se echó a reir- ¿No crees que aún siente algo por ti?
- ¡No! Que dices, lleva mucho con Florence. No creo que se siga fijando en mí.
- ¿A no? ¿Me explicas entonces por qué mira para aquí?
- ¿Qué?
- Míralo...

En efecto, Jamie miraba para mí. Él sonrió y me saludó, yo le devolví el saludo con una sonrisa.

-¡Oh! Ahora si...¡que bonito!
- No te pases- le grité.
- Shh...- replicó y añadió- te pueden oír.
- ¿Quién?
- Jamie o el profesor.
- ¡Que va! El profesor de Latín está sordo.
- ¿Cómo se llamaba?
- Pete Whigneting.
- ¡Por dios! Vaya nombre...
- Shh...- le reproché- te pueden oír.
- Ha,ha...que mala eres.
- Lo sé, lo sé.

Al llegar el recreo me acerqué a la mesa de Jamie a dejarle su sudardera, él ya estaba fuera asique se la metí en la mochila y con ella una nota que ponía << Gracias por todo ;) >>. Hanna y yo nos fuimos al recreo para estar con los demás. Asrael estaba allí y en cuanto llegamos me dijo hola y se fue. Nathan también estaba y le conté todo lo que me pasara ayer, él hizo lo mismo con lo que le pasó ayer por la tarde.
Después del recreo Hanna y yo fuimos con Nathan a la siguiente clase, había clases en las cuales nos tocaba juntos y eso era un punto a favor para mí, ya que Nathan era mi mejor amigo y le tenía que contar muchas cosas que Hanna ya sabía. Nos tocaba ir a clase de Tecnología Moderna y el señor Phil nos mandó ponernos por grupos para realizar un robot doméstico. Después de contarle lo de Jaime el se quedó pensativo y al fin se decidió a hablarme sobre él, una cosa que muy poco le gustaba ya que no le caía bien.

-Bueno…tú crees que él aún siente algo?-dijo entrecortadamente- no sé es que me parece raro lo que me has contado.
-No sé… la verdad es que ni yo misma sé que fue lo que pasó- me paré en seco al recordar aquel abrazo- solo sé que el y yo nos entendimos demasiado bien, después de tanto tiempo sin hablarnos. Como dijo él, desde que le di calabazas…

Nathan se rió, pero vio que eso me molestó y se disculpó.

-Bueno si quieres hoy paso por tu casa y hablamos tranquilamente…vale?
-Vale, pero no vengas muy temprano…ya sabes lo que pasa con mis padres, que luego se enfadan y no me dejan marchar.
-Vale, que tal a las cinco?
-Vale, pero no antes eh!
-Vale.

Sonó el timbre, Nathan y yo nos abrazamos, nos despedimos y Hanna se vino conmigo para la siguiente clase. Nos tocaba Numerología con el profesor Vince. La numerología no era lo mío pero era la única optativa que quedaba libre.Al acabar la clase ya era hora de ir para casa y la verdad, nunca pensé que me alegraría tanto de volver, tenía tanta hambre que me comería lo que fuera, incluso lengua de ternera, cosa que no me gusta nada.
Acabé de comer y mi padre, como siempre se fue al bar. Mi madre se tumbó en el sofá a ver la televisión y yo fuí a hacer los deberes. Al terminar, ví mi Twitter y tenía un comentario en mi tweet. Entonces me puse nerviosa, era él, ¿era Jaime? Con miedo cliqué en el tweet y leí atentamente. Ponía << A mi también me gustó ese abrazo, y me gustó estar contigo ayer, espero que hablemos más veces…>>.
Había sido él… ¿No le importaba nada lo que pudiera pensar Florence? ¿Le daba igual lo que pensara la gente? Yo era una chica “friki” y él era uno de los chicos más populares del instituto. Mientras pensaba en ello Nathan llamó al portal de mi casa. Bajé y me lo encontré sentado en el altillo del portal, me senté a su lado y el me dio un abrazo.

- He llegado a las cinco- dijo con una sonrisa.
- Ya. Eres muy puntual pero nunca está de más avisarte- me reí.
- Ya. ¿Algo nuevo que contar?
- Sí. Ayer en mi Twitter puse un tweet nuevo- le expliqué por encima.
- Ya lo sé, lo he visto.
- Pues sobre ese tweet Jamie me escribió un comentario en el que ponía que le gustó el abrazo, que le apetecería volver a quedar y hablar más veces porque le gustó estar conmigo.
- Ah. Sabes perfectamente que ese tipo no me gusta para nada, ni en pintura, pero si a ti te gusta y eres feliz con su compañía, lo aceptaré.
- Gracias.
- Pero hazme un favor, cuando te sientas en peligro, sea con él o con otra cosa, no dudes en llamarme.
- Lo haré.
- Eso espero.

Nos levantamos y fuimos caminando a la tienda de chuches del parque. Mientras andabamos yo me quedé pensando en lo que me dijo Nathan. Él estaba ahí para todo, para protegerme... No se puede negar que sea un buen escolta. Nathan era alto, delgado, musculoso, incluso más que Jamie. Sus ojos eran marrones y penetrantes, su cabello castaño oscuro, largo y desaliñado le cubrían una cara perfectamente moldeada y una pequeña cicatriz en el cuello de la que él nunca me quiso hablar. Al llegar a la tienda entramos por la puerta y nos encontramos con una desagradable sorpresa, Amber.

- Hola perdedora- dijo ella con una sonrisa.
- Hola descerebrada- dije yo con sorna.
- Hola guapo- le dijo a Nathan mientras le giñaba un ojo- ¿que tal?
- Hola- contestó él despreocupado- Bien, hasta que tú apareciste.
- Lo entiendo, verme a mi ha sido lo mejor que te ha pasado.
- No exactamente- respondió él tranquilo- pero como le vuelvas a hablar así a Juliet puede que la próxima vez que te vea mi respuesta sea más violenta que de costumbre.
- Bueno, eso habrá que verlo- replicó ella- me voy.
- Será lo mejor- dije yo friamente.
- Adiós guapo- le volvió a giñar el ojo- adiós Juliet.

Ninguno de los dos contestó a su despedida. Cuando Amber desapareció, Nathan se dispuso a cojer chucherías mientras yo cojía unas latas de refresco. Pagamos y salímos. Llegamos a un parque que había a tres metros de la tienda y nos sentamos en un banco. Nathan estaba demasiado serio por lo que decidí romper el hielo y distraerlo con cualquier otra cosa, lo que fuera con tal de no verlo así.

- Nathan- dije en voz baja- ¿como va lo tuyo con las chicas?
- No sé, ya sabes como estoy, últimamente ese tema no es lo que me importa.
- Ya pero...¿no has encontrado a nadie de tu agrado?
- Sí pero ya conoces la respuesta- dijo con voz ronca- sabes que no me gusta repetirtelo varias veces porque ese no es muy buen tema para hablar nosotros dos en concreto ¿no crees?
- Sí es la respuesta de hace tres semanas vale, la sé pero a lo mejor es que no buscas bien.
- No es que no busque bien, es simplemente que no quiero buscar. Ya encontré la que de verdad me interesa y tengo que respetar la decisión tomada- giró la cara hacia un lado para esconder su decepción.
- Sé que es difícil pero entiendelo, a mi me gusta Jamie, si él no estubiera podría funcionar...
- No- me cortó la frase- no podría funcionar. Él lo es todo en tu vida, siempre estás pensando en él. Aunque en el hipotético caso de que él no estubiera, existiría otro, otro y otro. Siempre ha sido así.
- Pero...
- No hay pero ninguno- me interrumpió de nuevo- Juliet, tú lo eres todo para mí, si yo significo algo para tí hazme un favor...no quiero que hablemos de esto a menos que yo te lo pida. ¿Vale?
- Esta bien, no hablaremos de ello.
- Gracias.
- No tienes que dármelas, he sido yo la que ha sacado el tema y entiendo que no quieras hablar de ello- dije entrecortadamente.
- Aún así gracias.
- No quiero perderte por esto.
- No me perderás, ni por esto ni por cualquier otra cosa- me abrazó- nunca me separaré de ti. Nunca.

Nos alejamos del parque y me acompañó hasta casa. Él aún estaba dolido por lo que yo le había dicho pero seguía ahí a mi lado, para todo lo que pudiera necesistar, por eso él era mi mejor amigo. Al llegar a mi portal me dio un abrazo y un beso en la mejilla y se fué mirando fijamente al suelo. Le había hecho daño y él me había perdonado, tendría que compensarlo de alguna manera, pero eso ya lo pensaría.

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