lunes, 28 de mayo de 2012

Capítulo 6


Capítulo 6


No tenía nada que hacer por la tarde ya que habíamos vuelto antes de lo previsto de casa de Jamie y había tenído una pequeña disputa con Nate y necesitaba decirle que si no piensa cantarme nada de lo que pasa, que secreto es ese que no me quiere contar bajo ninguna circunstancia porque puede cambiar mi vida por completo pero si lo viera desde mi punto de vista ¿qué puedo perder? ¿saber un secreto sobre él empora mi situación? porque básicamente eso es imposible ya que no creo que mi vida pueda ir a peor, todo esto ya es un terrible terremoto de problemas ¿qué más da uno más? Pero esto es lo que hay y esto es lo que me toca, estoy sola, sin nadie en quien poder confiar para nada. Bueno retiro eso, tengo a Hanna y a Nathan aun que ya pasara bastante tiempo desde la última vez que estube a solas con ellos y les contara como me va. Asi que decido llamar por teléfono a Nathan para quedar, porque es sábado y está libre ya que el domingo entrena y al ser sábado Hanna estará de resaca y prefiero verla mañana y estar con él primero. Saco el móvil del bolsillo derecho de mi pantalón y busca el numero de mi amigo.

- ¿Sí?- dice él con voz cansada- ¿quién es?
- Quien va a ser Nathan, soy Juliet.
- Oh, perdona pero es que estaba durmiendo y he cojido sin ver quien era para acabar cuanto antes y seguir hivernando- suelta una risilla casi inaudible.
- Bueno, si quieres dormir quedamos otro día, no pasa nada- digo algo decepcinada.
- ¡No!- su grito es seco y muy cortante- es decir, no pasa nada. A parte hace bastante tiempo que no estamos solos y hablamos tranquilamente.
- Pues son las cuatro de la tarde si no me equivoco. ¿A las cinco?
- Vale, a las cinco entonces- dice entre bostezos- te veo luego Jul, hasta luego.
- Hasta luego Nathan, un beso.
- Otros doscientos para ti- no lo veo pero se perfectamente que está sonriendo.

Me apresuro a cambiarme de ropa ya que al llegar me había puesto unos pantalones viejos para estar cómoda en casa. Cogí lo primero en lo que me fijé al abrir el armario: unos vaqueros ajustados, pitillos marrones para ser exactos, con una camiseta de manga corta que me queda floja  y me llega hasta después de la cintura en la que se puede leer el lema " I love soft hugs" que me compré hace tres meses. En cuanto acabé de prepararme Nathan ya llamaba al timbre y yo me calcé unas bailarinas marrones a juego con mi ropa.

- Hola Jul- dice con una sonrisa que resalta en su cara cansada.
- Hola Nathan ¿que tal?
- Bueno- hace un gesto con los hombros- no me puedo quejar. ¿Y tú?
- Bien...supongo, no sé. ¿Por qué estás tan cansado?
- He salido por la noche. Necesitaba dar una vuelta para airearme y dejar libre mi mente.
- Ah...eso es bueno, tendré que hacerlo yo a ver si me funciona.
- Estás rara, creo que eso no es bueno. ¿Qué te pasa?
- Pues, verás...- como decirle que Jamie ha intentado seducirme y por un momento lo ha conseguido y si no llega a aparecer Nate, mi supuesto novio (que él no sabía que yo estaba con Nate), me habría dejado llevar por el momento y habría perdido mi virginidad con el ser más imbécil y horrerendo del mundo...es difícil decirle eso sin que se enfade- antes de nada prométeme una cosa, no te enfadarás. ¿Vale?
- Vale...no sé de que va esto pero por la forma en que lo dices debe de ser algo malo, que puede que no me guste ¿me equivoco?
- Estás en lo cierto, pero por favor no te enfades si te lo digo.
- No lo haré si no lo creo necesario.
- Vale, con eso me conformo-digo en un suspiro- resumidamente por que no me llega la tarde entera si entro en detalles.
- Vale, pero empieza ya.
- Bien- hago una pausa y muevo la cabeza de forma que entienda que voy a comenzar mi historia- pues verás...te acuerdas de el otro día cuando te hablé de Jamie, pues quedé con él por la tarde y fuimos al cine y en cuanto acabó la película yo quería irme y él se despidió de mi...y...y bueno...me besó. Antes de que digas nada- le hago un gesto con la mano indicando que me deje acabar- voy a contarlo todo junto para que no te pierdas. Bueno después de eso me dí cuenta del tremendo error que era besarle y me aparté, él se cabreó y le molestó bastante. A la mañana siguiente me agarró del brazo en el recreo y no me quería soltar, entonces llegó Nate y bueno...se metió en el medio y se pelearon, cuando logré separarlos Jamie se fue como si nada. Esa misma noche salí con Nate, me llevó al recinto ferial y lo pasamos muy bien, de echo fue genial, bueno supongo que ha sido algo bueno después de todo. A lo que iba, me besó y me gustó entonces empezamos, por así decirlo una relación. Por último, hoy a la mañana fuimos a casa de Jamie ya que mis padres quedaron en comer en casa de los Fitgerald y Jamie le habí dicho a sus padres que estábamos saliendo y me dijo que si le seguí la corriente no me molestaría más y le hice caso. Subimos a su habitación y cuando su madre iba a abrir la puerta y decirnos que bajaramos a comer, él me besó. Al acabar la comida mi madre me obligó a subir a junto mi "novio"- hago el gesto de las comillas con las dedos- y subí. Y ahora por favor no te pongas histérico con lo que voy a decir. Cuando llegué el estaba sin camiseta y me hizo pasar, cuando me intentó tocar yo corrí hacia la puerta pero la había cerrado. Él me seguí los pasos y choqué contra la cama llegando hasta el cabecero y dejándome sin escapatoria él se acercó y me besó. Cansada de resistirme me dejé llevar y si no llega a ser porque en ese momento apareció, de la nada, Nate no sé que habría pasado la verdad. Jamie tenía sus asquerosas manos bajo mi camiseta y no se daba cuenta de que Nate estaba allí y este cogió del cuello a Jamie y lo quitó de encima mía. Después se pusieron a discutir y Nate le dijo a él que estabmos saliendo y eso lo cogió por sorpresa, pero aún así Jamie le dijo a Nate que si él hacía algo me contaría su secreto. Y Nate le dijo que no, que si dependiera de él yo nunca lo sabría. Pero Jamie le contestó que si no me lo decía Nate lo haría él y eso sería peor. Después de un buen rato volví a casa. En cuanto entré en mi cuarto Nate apareció en la ventana y le dejé pasar. Le pregunté que era eso de que tenía que contarme un secreto, pero se negó, no quería contármelo porque dice que cambiará mi vida por completo. Y entones yo le dije que si no me lo contaba que se olvidara de mi, que se fuera, que lo nuestro no tenía futuro. Me rogó que dejara las cosas como estaban y que no lo dejara a él pero le dije que no, que no le prometía nada. Luego...bueno...te llamé a ti porque necesito que me ayudes con todo esto que me está volviendo loca. Ahora si, ya puedes hablar.
- Verás Juliet- dice serio- no sé que decir. Jamie...es decir, ese malnacido se merece una buena, pero eso no es de mi incumbencia ya que ahora tienes, o tenías no lo sé, un novio que te protege. La verdad es que me alegro de que estés con Nate, es buen chico la verdad y lo prefiero a él antes que a cualquier otro imbécil como Jamie. En cuanto a lo del secreto de Nate...yo...pues verás, te diría que no te metas en eso porque si no te lo quiere contar es porque llevais poco  tiempo y no sabe como decirtelo, a lo mejor no confía demasiado en esa relación, quién sabe, a lo mejor no te lo cuenta porque es un secreto muy íntimo o simplemente no debe decirtelo y debes descubrirlo tú solita. Eso es lo que yo pienso. Ah- hace un gesto para que no le interrumpa- por cierto, deberías hablar con Nate y decirle que lo sientes y que no pensabas más que en ti misma y en saber su secreto a costa de sus sentimientos...también por encima de vuestra relación...no sé creo que te has precipitado al dejarlo marchar sin posibilidad de explicarse o al menos sin posibilidad de decirte lo mucho que te quiere...¿no crees?
- Al decirmelo tú suena distinto, no sé por qué pero así es. Quizás tengas razón y me haya cegado por el simple echo de que tiene un secreto que supuestamente tengo que saber y no me lo quiere decir porque cambiará mi vida.
- Exacto. ¿No lo entiendes? Quiere protegerte de lo que pueda pasar si te enteras de su secreto, o simplemente no te lo cuenta porque puede que no lo quieras ver más o porque dejes de quererle y no seas su compañera.
- Supongo que será eso.
- No supongas, lo es.
- Vale- digo con una risilla nerviosa- gracias. Ahora ya sé lo que tengo que hacer.
- ¿ Qué vas a hacer?
- Hablar con Nate y decirle que si no me quiere contar su secreto por miedo a perderme que no se preocupe que me lo puede contar igual porque yo le quiero, o decirle que cuando esté preparado para contármelo yo estré ahí para escuharle y entenderle.
- Vale, pues ahí lo tienes, aprovecha- dice señalando a unos arbustos que hay en el parque.
- ¿Dónde?
- En aquel banco, va vestido con unos vaqueron negros y una camisa blanca. Ah...con unas Converse.
- Ah ya lo veo- me fijo bien antes de añadir- si, es él. Voy a hablar con él, te importa...
- No, tranquila- me corta- me tengo que ir ya que estoy cansado y mañana juego ¿recuerdas?
- Oh, ya es verdad. Hasta mañana.
- Adiós Jul- me dice al oído cuando me abraza.

Me separo de Nathan y mis ojos buscan a Nate, que sigue en el banco sentado con la mirada perdida en algún punto inexistente. Me acerco más hasta que se da cuenta de que estoy allí y me siento a su lado. Él sigue mirando a lo lejos pero sus sentidos están todos puestos sobre mi. Por fin se gira y me mira a los ojos, al verlo más de cerca y tan directamente me doy cuenta de que su cara, su perfecto rostro está ennegrecido y demacrado.

- ¿Qué te ha pasado?
- Oh...¿esto?- señala su cara y yo asiento con la cabeza- nada.
- No mientas ¿te has peleado con alguien?
- No.
- ¿Entonces?
- Entonces nada. No me pasa nada.
- Oye...Nate...
- Estoy así por ti- suelta de repente.
- ¿Qué quieres decir?
- Mi cara, mi cuerpo, mi mente, mi alma, mi corazón...todo está así por ti.
- Pero...¿cómo? si cuando te peleaste con Jamie apenas tenías rasguños al final del día cuando él te había hecho varios cortes y no superficiales para ser exactos.
- Juliet, esto es diferente...
- ¿Diferente? ¿en qué?- le corto.
- En todo, a mi los puñetazos, las patadas, los rodillazos y todo eso no me afectan...solo me afecta todo lo que tenga que ver contigo¿entiendes?
- Yo...no lo entiendo le verdad...
- Es muy simple, no me duelen los golpes físicos...pero si me duele lo que tu haces o dejas de hacer, mis sentimientos son más débiles cuando se trata de ti. Tú eres lo que más quiero en este mundo, puede que llevemos a penas unos días pero incluso si llevaramos cinco segundos de conversación sentiría lo mismo. Todo esto es por ti, me has dejado así- alza los barzos para que le vea- no te hecho la culpa pero la verdad es que me ha dolido demasiado.
- Yo...lo siento ¿vale? No me importa tus secretos, no me importa cuantos tengas, no me importa si no me los cuentas, no me importa si tienes miedo a decirmelo por si dejo de quererte o por si mi vida cambia, no me importa nada. Yo lo único que quiero es que estés bien, eres lo mejor que me ha pasado hasta ahora y eres lo que más quiero en este mundo. En serio, esto no es ninguna broma, tampoco una tontería, nunca pensé que podría gustarme alguien tanto como me gustas tú. Si comparo lo que he querido a Jamie con lo que te quiero a ti...sería comparar un grano de arena con un universo entero. No me importa nada si tú estás a mi lado, ya lo tengo claro, ya sé lo que quiero...te quiero a ti y solo a ti.
- ¿En serio no te importa? ¿No te importa nada lo de mi secreto?
- Hablo muy en serio. Nada.
- Juliet yo...
- Lo sé, habías pensado qeu no te quería por el simple echo de que no me has contado tu secreto. Yo también pensé eso en cuanto te dije que te fueras pero luego me dí cuenta de lo que había echo y aquí me tienes.
- Si...
- Te quiero Nate- me acerco más y más hasta que su frente se pega a la mía y un velo invisible nos separa del roce de nuestros labios.
- Te quiero Ángel- me coge la cara con las manos y me besa. Un beso único, inolvidable, un beso que nunca olvidaré, es el beso de la reconciliación, el beso definitivo que indica que todo está arreglado y que podemos estar juntos para simpre, aun que ese concepto sea relativo, tengo la certeza de que esto es para siempre.

Después de separar nuestros labios lentamente coloca un brazo sobre mi cintura y me acompaña hasta el portal de mi casa, y aunque lo invito a entrar, se niega a pasar ya que no quiere perder el hilo según él. Lo único que no quiere es entrar y no querer salir, se le nota en la cara y en su expresión, los ojos brillantes y vivos y sus labios un poco separados.
En cuanto llego a mi habitación me tumbo en la cama y no me muevo de ella hasta que mi madre me obliga a cambiarme y a ducharme para estar lista para ir para la cama pero no me apetece dormir a menos que sueñe con mi compañero, mi vida, mi novio, mi Nate. Dicho y echo me quedé dormida al poco rato pensando él, en mi novio y como no, soñé con él.

sábado, 19 de mayo de 2012

Capítulo 5


Capítulo 5

La señora Fitgerald nos recibió con los brazos abiertos, sobre todo a mí, me dedicó una amplia sonrisa y me dio un par de abrazos antes de dejarme entrar. Llegamos al salón y el padre de Jamie estaba sentado en el sofá viendo boxeo, mi padre no perdió ni un segundo y se unió a él. Mi madre se fue a la cocina con la señora Fitgerald y a mí me dijeron que subiera a la habitación de Jamie. Yo no quería pero mi madre me fulminó con la mirada y no pude hacer nada para remediar lo que se me venía encima. ¿Qué pasaría cuando entrara en su habitación? Solo había una forma de saberlo, subí las escaleras y peté en la puerta. Se escuchaba la música a todo volumen pero aún así él escuchó el golpe en la puerta.

- Hola.
- Hola Juliet- dijo con una sonrisa maliciosa- pensé que te quedarías abajo para no verme a menos que estubieramos en la mesa para comer.
- Mi madre me ha obligado. Tranquilo, no lo hago por gusto.
- Bueno- dijo abriendo del todo la puerta y indicándome que pasara con la cabeza- estás en tu casa.
- Ya, seguro.
- Tranquila no te voy a hacer nada. Aunque una parte de mí deseé hacerlo.
- ¿Hacerme daño o besarme de nuevo?- dije en tono vacilante.
- Las dos cosas, o más.
- Pues no te lo voy a permitir.
- Eso ya lo sé. Puedo hacerlo igualmente, nadie nos escucha- se sentó a mi lado.
- Me da igual, se defenderme- me aparté pero él se volvía a acercar, toqué con el cabecero de la cama, no tenía escapatoria.
- Pobre...como el otro día me dio un cabezazo piensa que ya sabe luchar. Hoy no está Charles ¿sabías?
- Lo sé, y no me importa. Tus padres y los míos están abajo.
- Mis padres no me dirán nada. Solo los tuyos pueden hacer algo, pero no harán nada cuando mis padres les digan que estamos juntos.
- ¿Qué? ¿Qué le has dicho a tus padres?
- Que no me molestaran, que estaba con mi novia- me dijo mientras me rozaba con sus dedos los labios, me estremecí.- Tranquila, no podemos ir a más, solo llevamos unos días.
- Como se entere Florence...
- Florence- repitió él- ella no sabe nada y tampoco lo sabrá. Me cree a mí, no a ti.
- Eso habrá que verlo- se acercó más a mí, yo le empujé y me levanté rápidamente- no me toques.
- ¿Quién me lo va a impedir?
- No te acerques. Te lo aviso.
- ¿Cómo?- se acercó un poco- ¿Así?
- Por favor déjame.
- Oh...ahora pides por favor. ¿Es que ya te rindes?
- No, solo soy educada.
- Pues sigue así- se acercó más- me gusta verte nerviosa y suplicando.
- No te acerques. Te lo ruego- quería gritar pero nadie me iba a escuchar- por favor.
- Vale. Haremos un trato. Tú harás lo que yo te pida hoy y no te molestaré más.
- ¿Qué quieres que haga?
- Nada fuera de lo normal en una pareja. Te sientas a mi lado, me cojes la mano, me dices cosas bonitas, me besas...todo eso.
- No pienso besarte.
- Pues otras chicas matarían por mí, harían más que eso. Me besarían sin ningún inconveniente y si quisiera me podría acostar con ellas.
- Puag. Yo no pienso dejar que me toques. No te besaré.
- Si que lo harás- se paró y añadió- viene mi madre. Acércate.
- ¡No!
- Pues lo haré yo.

Se acercó a mí pero yo no me pude mover porque detrás mía estaba la pared. Me agarró por la cintura con brusquedad y me besó. Intenté apartarme pero no podía, me apretaba con fuerza a su cuerpo y contra la pared. No había más opción que dejarme llevar por la mentira. En cuanto dejé de forcejear y le rodeé el cuello para que pensara que yo había cedido completamente a él, la puerta se abrió.

- Jamie la comida ya está...- nos miró- lo siento.
- Mamá, te he avisado antes.
- Lo siento, os estamos esperando para empezar.
- Vamos ahora.

Cerró la puerta y Jamie miró para mí. Había dejado de besarme pero no me había soltado. Se apartó y me guiñó un ojo satisfecho.

- Se lo ha creído. Eres buena actuando.
- Ya, claro. Tenemos que bajar.
- Lo sé. Al acabar de comer aún no os vais asi que subiremos otra vez. ¿Vale?
- Que remedio me queda.

Bajamos al comedor y todos nos miraron y soltaron unas risitas inquietas, como niños pequeños. Me senté al lado de él para continuar con su farsa y empecé a comer, intentando concentrarme en el pavo relleno. Durante la cena los padres de Jamie empezaron a hacer preguntas del tipo  ¿Qué tal todo? ¿Estais bien juntos? ¿Cuánto llevais? ¿Esto durará mucho o solo es un capricho? ¿Estais enamorados como nosotros?...etc, me daban ganas de vomitar y al mismo tiempo me acordé de Charles. Esas preguntas tendría que hacerlas sus padres y los míos en su casa, yo a su lado y todos felices, pero no era así. Jamie carraspeó para que yo le mirara. Ya había acabado de comer, había estado pensando y no me diera cuenta de que todos habían finalizado ya. Lentamente me levanté y ayudé a la señora Fitgerald a recojer todo, con ayuda de mi madre y de Jamie. Cuando mi madre se puso a tomar el café con su madre, me propuse acompañarlas pero mi madre abrió la boca para advertirme de lo que tenía que hacer.

- Juliet, no puedes estar aquí ahora a menos que quieras escuchar cosas de mujeres mayores. Por otra parte, tampoco debes olvidarte de tu novio...- a mi madre le costaba decir esa palabra ya que yo le había contado lo de Charles- Jamie está ariba, ve.
- Pero mamá...
- ¡Ve!
- Esta bien...

Subí otra vez las escaleras y peté en la puerta, esta vez la música era más tranquila y relajante. Jamie me abrió, sonrió y dijo:

- No hace falta que petes, entra sin más cielo.
- No gracias. Prefiero petar y saber que estás en condiciones de recibir a alguien- le dije señalando su pecho desnudo, no llevaba camiseta y se podía observar perfectamente cada uno de sus fuertes y pronunciados músculos. A decir verdad, su cuerpo era una arma muy buena de seducción, era muy guapo pero muy imbécil- y no encontrarte...- no terminé la frase porque no quería decir "completamente desnudo".
- Oh...tranquila. Me he sacado la camiseta porque tenía calor, no voy a desnudarme, de momento- dijo mientras me tiraba del brazo para que entrara y cerraba la puerta detrás de mí.
- Agg...no me digas esas cosas. No me hace falta imaginarlo en mi mente.
- No te asustes eh.
- No me asusto, solo que me pilló desprevenida esto de que te quites la ropa delante mía.
- Eres mi novia, ¿recuerdas?
- Si...solo hoy.
- Lo que sea, ahora mismo lo eres y punto. ¿Qué quieres hacer?
- Salir de aquí ya.
- Ha, ha, ha, ha...Pues va a ser que no. Siéntate en la cama.
- No estoy bien de pie.
- No es un ofrecimiento, es una orden.
- No voy a obedecerte.
- Ya lo creo que sí- dijo mientras subía el volumen de la música- eres mía.
- Jamás- le dije mientras se me acercaba.
- Nunca digas nunca- se fue acercando más hasta que yo choqué con el armario y me cojió del brazo- Tranquila, Juliet.
- ¿Cómo me voy a tranquilizar contigo cerca?
- Es fácil, déjate llevar- me soltó despacio y yo sali corriendo hacia la puerta. Estaba cerrada con llave- No puedes salir...que pena.
- Déjame salir ahora mismo.
- ¿O qué?
- No sé...



Me aparté de la puerta y en cuanto se acercó a mí me apoyé al pié de la cama cansada de escaparme. Él se acercaba, ya era demasiado tarde, lo tenía encima pero no me importó. Se acercó tanto que me tube que sentar encima de la cama pero él seguía acercándose. Recorí toda la cama hasta tocar de nuevo con el cabecero, no había salida y se acercaba a mí. Sin quitarle los ojos de encima él se acercaba más y más con una sonrisa de satisfacción perfectamente dibujada en su cara. ¿Qué podia hacer? No había opción asi que decidí esperar a ver que pasaba. Y sucedió, el se acercó hasta que sus piernas rodearon las mías y acercó sus labios a los míos. Me besó, esta vez no con tanta energía pero ya le llegaba, fue más cuidadoso como si intentara que yo lo aceptara, que aceptara su beso pese a todo lo que había echo. Cansada de resistirme lo acepté al fin y él me rodeo la cintura con sus brazos musculosos y yo posé mis manos sobre su pecho descubierto y me dejé llevar. Pero no había sido una buena idea, cuando me quise dar cuenta ya era demasiado tarde, él había bajado las asas de mi camiseta y yo me había tumbado completamente debajo de él, no me podía mover, mientras él metía sus manos por dentro de mi camiseta. Aquello era la gota que colmaba el vaso ¿cómo le podía haber dejado tocarme? En ese momento empecé a forcejear y su cuerpo se tensó, se abrió la ventana mientras yo me intentaba escapar de debajo de su cuerpo y por un momento pude ver la figura musculosa de Nate oculta en las sombras.

- Ayúdame. Por favor.
- ¿Quién te va a ayudar?- dijo Jamie que no se había dado cuenta de que Nate estaba allí.
- Yo- dijo este mientras lo cogía por el pescuezo para apartarlo de mí.
- Gracias- dije yo mientras me escurría por el borde de la cama.
- De nada- soltó a Jamie y este se dió de bruces con la cama- No la vuelvas a tocar ¿me oyes?
- ¿Quién eres tú para impedirmelo?
- ¿Su novio tal vez?- dijo irónicamente. No lo había dicho nunca hasta ese momento y eso me sorprendió, sonreí tímidamente por ello.
- ¿Qué?- se giró hacia mí- ¿Es tu novio?
- Si. ¿Te sorprende?
- No me esperaba esto de tí, nena.
- No me llames así.
- Lo siento pero nadie me lo impide. Pensé que serías más lista y no te juntarías con alguien como él.
- Él es mucho mejor que tú. Él es...perfecto.
- Si, seguro. No lo has visto en plena acción. Claro, es un buen chico, lleno de dulzura y todo eso, se podría decir que ha venido del mismísimo cielo.¿No amigo?
- No saques las cosas de quicio, cállate. Lo vas a empeorar.
- Eso a mí me da igual. Tendrá que saberlo dentro de poco, si no se lo dices tú, se lo diré yo y eso será peor para ti.
- ¿De qué habla Nate? ¿Qué tengo que saber?
- Nada, no dice nada. No te metas en esto, Ángel.
- ¿Que no me meta? Estais hablando algo que me concierne asi que dímelo.
- Eso, díselo. Se lo merece, por aguantar a alguien como tú.
- ¡No!- Nate se paralizó y empezó a tensar el cuerpo, sus ojos estaban fijos en Jamie y en ellos se reflejaba una ira descomunal. Lo odiaba con toda su alma.
- Si...por favor dímelo.
- Será mejor que te vayas, Juliet. Vete para abajo y dile a tus padres que no te encuentras bien. Vete.
- Eso, diles que lo hemos dejado y que estás destrozada- dijo Jamie con una sonrisa de oreja a oreja- hoy ya me he divertido bastante utilizándote.
- No. No me voy sin ti- dirigiéndome hacia Nate- Si tú vienes conmigo, me voy ahora mismo pero si no lo haces, yo de aquí no me muevo.
- Está bien. Baja a abajo y diles lo que él te ha dicho- señaló a Jamie- ahora te veo. Vete a casa directamente.
- Vale- desapareció por la ventana.

Bajé y mentí a mis padres, que no se creían nada hasta que solté un leve sollozo y al fin nos fuímos. Al llegar a casa, para continuar con la farsa de que me sentía mal por haberlo dejado con Jamie, corrí hacia mi habitación. En realidad, lo que quería era hacer caso a Nate y esperar a que apareciera. Y apareció, en alfeizar de mi ventana, con una sonrisa en sus labios petó en el cristal y yo le abrí la ventana para que entrara. Cuando ya estaba dentro me abrazó fuertemente y no me soltó en ningún momento, como si no se creyera que yo estubiera allí a su lado.

- No lo vuelvas a hacer- me susurró al oído- me has asustado. Deberías haberme dicho que estabas con el imbécil ese.
- Lo siento, no sabía lo que iba a hacerme. Lo siento mucho.
- Tranquila, lo que importa es que he llegado justo a tiempo y estás bien.
- Gracias por todo. Muchas gracias Nate- le abracé con fuerza y el me devolvió el gesto- Pero hay algo que no entiendo.
- ¿El qué?
- ¿Cómo sabías dónde estaba, que estaba en peligro?- no obtuve respuesta por lo que solté- ¿Cómo? Merezco saberlo.
- Lo intuí. Noté que algo iba mal.
- No me lo creo. ¿Me has estado espiando o algo?
- No. Algo parecido.
- Bueno. Otra cosa ¿Qué es eso de lo que me voy a acabar enterando?
- Nada. No lo sabrás si yo lo impido.
- Me estás fastidiando ¿sabías?
- No quiero fastidiarte pero tampoco quiero que te enteres de algo que podría cambiar tu vida por completo.
- Me da igual lo que cambie en mí, mientras no te pierda a ti. Te quiero.
- Y yo, Ángel.
- Pues si me quieres cuéntamelo.
- No puedo.
- Pues entonces está todo dicho- me separé de él- Vete.
- Pero...
- Nada de peros, vete.
- Está bien. Me iré solo si me prometes que seguirás conmigo como hasta ahora.
- No te prometo nada, todo puede cambiar, tú lo has dicho.
- Vale. Adiós Juliet. Te quiero- dijo mientras me rozaba la mejilla con la mano hasta que yo me retorcí.
- Adiós Nate.

Cuando él se sentó en la ventana dispuesto a bajar yo me giré y me dispuse a bajar a la cocina cuando derepente sentí la mano de Nate en mi cintura y su aliento en mi nuca. Me susurró:

- Recuerda esto: Nunca te perderé de vista y nunca te soltaré si te caes. No dejaré que te pase nada.

Para cuando me dí la vuelta él ya no estaba, era muy rápido. Esa frase me recordó el sueño que había tenido esa misma noche, cuando él tenía algo que decirme pero no supe lo que me quería contar ya que mi madre me había despertado. También me acordé del otro sueño en el que me quería explicar como me había salvado la vida de la caída en la noria pero el despertador me había despertado antes de que soltara una palabra. Mis sueños sobre Nate y el secreto que ocultaba eran realmente intrigantes y parecían muy reales, de echo todo se había cumplido de alguna forma. Su verdadero secreto, ese que sabía Jamie, tenía que ser el que me quería contar, o al menos intentaba en mis sueños pero había algo que siempre lo interrumpía. ¿Es que no podría saberlo nunca o tendría que investigar? Esa noche no pegué ojo, estaba pensando todo el rato en lo que había pasado y en lo que yo soñaba referente a esta historia que me traía siempre de cabeza. Por otra parte también pensé en Jamie, ¿qué le pasaba? estaba verdaderamente cambiado, no era el mismo. También, mientras pensaba en todo eso me acordé de Hanna, mi mejor amiga, a la que no veía más que en el colegio y punto. Tenía que quedar con ella y ponernos al día. Nathan, me había olvidado de él también, después de aquel arebato suyo de irse de aquí y dejarme sola me había cegado por completo y no había hablado con él desde ese día. Tenía que pasarme una tarde con Hanna y otra con Nathan, porque los tres juntos no podía ser. Hanna no tenía porque meterse en mi problema con Nathan y él no tenía que escuchar toda la historia de Nate y Jamie porque se pondría furioso solo de escuchar eses nombres, por lo menos el de Jamie, si se enterara de lo que me intentó hacer...lo mataría.


miércoles, 9 de mayo de 2012

Capítulo 4

Capítulo 4

Cuando llegué a clase, Hanna me estaba esperando sentada encima de la mesa y posó su mochila en la silla. Dejé la mía en el suelo y me senté a su lado.

- ¿Qué tal la cita?
- ¡Cállate! Por favor...
- Ehhhh... ¿Qué pasa?
- Fuimos al cine y me besó cuando me iba a ir.
- Oh...¿ y eso es malo?
- ¡Sí! ¿No lo entiendes?
- No...
- A ver yo deseaba más que nada en este mundo que él me besara pero cuando lo hizo no sentí nada bueno, me sentía culpable por hacerle eso a Florence...ella no se lo merece por mucho que me caiga mal. Pero lo que más me repatea es que no sentí nada. ¡El día anterior estaba enamorada de él y ahora ya no siento nada! ¿Qué me pasa?
- Joder...que mal tía. No sé que decirte...
- No me digas nada, solo te pido que no me hables más de ello...haber si lo olvido.
- Está bien...no digo nada más. ¿Y lo de hoy?
- Pienso ir igual, Nate no tiene nada que ver en esto.
- Me parece bien. Ah...la ropa ¿te la doy?
- Sí, por favor...
- Toma.
- Gracias.
- De nada, estoy aquí para lo que necesites, ya lo sabes.
- Lo sé. Eres mi mejor amiga y sé como eres.
- Eso me gusta saberlo.

Como el resto de los días, el recreo, cuando más lo necesito, llega demasiado lento. Cuando llegó por fin, salí corriendo, no aguantaba más allí dentro, era coma una jaula de la que no podía salir. Salí afuera y respiré hondo, el aire entró rápidamente por mi nariz y me tranquilicé, no podía seguir así, no podía seguir pensando en Jamie. Mientras me sentaba en un banco del porche cerré los ojos y respiré mas aire puro, ya estaba más tranquila hasta que abrí los ojos de nuevo y apareció él, Jamie. Intenté escabullirme por algún lado sin resultado, él se sentó a mi lado y me cogió por él hombro empujando con fuerza para que no me levantara del banco.

- ¡Me haces daño!- le grité dolorida- ¡suéltame!
- Dime una cosa antes. ¿Qué te pasa? ¿por qué me evitas?
- No me pasa nada y no te evito.
- Ya claro- dijo mientras me apretaba más el hombro.
- Enserio, no quiero hablar contigo- pero él no se movía- ¡Suéltame de una vez!
- O si no ¿qué?
- O si no te tendré que apartar yo- dijo una voz masculina que yo conocía, miré hacia aquella figura esbelta y musculosa, era Nate- suéltala o tú y yo tendremos un problema.
- Oh...no sabía que este de aquí era tu protector- dijo mirándome con enfado y luego miró a Nate- lárgate tío deja que tu amigo se ocupe de tu amiga.
- ¡Ni de coña! No pienso dejarla a solas contigo, sabe Dios lo que le haces...y no soy tu amigo.
- Sabe Dios- repitió entre risas- esa es buena. Amigo, aliado, que más da.
- ¡Suéltame ya!- le dije y seguidamente le mordí el brazo.
- Pero que...- dijo entre gemidos- tú no te mueves de aquí.
- ¡Suéltame ahora mismo!- le advertí de nuevo- es la última vez que te lo digo.
- Oh que miedo...estoy temblando.
- Se acabó- dijo Nate lanzándose contra Jamie y derribándolo hasta dejarlo en el suelo y llevarme a mí con él, ya que Jamie no me había soltado- te he avisado.
- ¡Au!- aullé- ya basta.
- No ahora ya no voy a parar- dijo Nate.
- Ni yo- dijo Jamie- no después de que este me tirara al suelo por algo en lo que no se debería meter.
- Pues ven y enséñame lo que sabes- le respondió él con una cara de satisfacción- te estoy esperando.
- Por favor- solté yo- Nate, no vale la pena.
- Por lo que te ha echo yo le daría una buena...
- Te daré yo a ti dirás- dijo Jamie abalanzándose sobre él, pero lo esquivó como si nada.

Mientras ellos estaban concentrados en esquivar puñetazos, ganchos bajos, patadas, codazos y de todo lo que allí había yo intentaba hacer algo pero no sabía que más decir. Nate le dio un puñetazo con la derecha en la mandíbula de Jamie y este gimió de dolor, sangraba por la nariz como una fuente y me dieron arcadas. Después Jamie le dio una patada a Nate en la barriga dejándolo en el suelo gritando de dolor, por lo yo me asusté y por lo que Jamie disfrutó dándole más patadas. Como ya no podía aguantar más me lancé sobre Jamie y lo tiré al suelo cayéndome encima de él por lo que me sentí orgullosa, ya que así Nate se podría levantar. Jamie se intentaba zafar de mí pero yo le atesté un cabezazo y este rebotó al chocar contra el suelo. Me empujó con las manos y se levantó. Antes de que yo me incorporara me dio una bofetada y me agarró por el pelo pero Nate lo agarró por el cuello y él me soltó para poder librarse de Nate. Cuando me levanté agarré a Jamie por un brazo y a Nate por otro y los separé, ya había sonado el timbre y era hora de entrar en clase. Una profesora salió al patio y mandó a todo el mundo para adentro, Nate me agarró del brazo y me escondió con él en un arbusto dejando solo a Jamie, al cuál mandaron para dentro.

Después de cinco minutos Nate me acompañó a la enfermería donde nos atendieron con rapidez, nos limpiaron las heridas y nos mandaron para clase. Al entrar Jamie no estaba, supuse que estaría en el despacho de la directora o en la enfermería después de irnos nosotros, pero no me importaba en absoluto.

Cuando llegué a casa mi madre me vio el golpe que tenía en la cara y yo le puse la excusa de que me callera por las escaleras del colegio. Ella no se lo tomó muy bien pero lo comprendió, me hizo de nuevo las curas y después de comer me mandó a hacer los deberes. Me pasé la tarde entera haciendo los deberes despacio para pasar la tarde, no quería salir a la calle para ver si así me dejaba salir después con Nate. Aunque se hubiera peleado con Jamie eso me dio igual, quería estar con él, no sabía por qué pero era lo que quería. Decidido esto, me pasé toda la tarde metida en casa, me empecé a arreglar a las siete y media, supuse que con una hora me daría tiempo de sobra. A las ocho y media justas sonó el timbre de la puerta y mi madre abrió.

- Hola, venía a buscar a su hija para llevarla al recinto ferial.
- Oh, hola. No sabía nada, pasa está en su habitación- escuché decir a mi madre desde el final del pasillo.
- Ya voy. Solo tengo que calzarme.
- Vale.
- Ya estoy- dije colocándome el chaquetón para que mi madre no me viera el vestido- ¿vamos?
- Sí.
- Adiós mamá.
- Adiós Juliet.

Cuando bajamos a la calle le pedí a Nate que esperara en el coche que tenía que hacer una cosa en el sótano. Bajé corriendo las escaleras y me metí en el pequeño cuarto para cambiarme. Me solté el pelo que tenía recogido en un moño y el pelo recién alisado cayó sobre mi espalda, me quité el pantalón que me había puesto para disimular y quedé con las piernas descubiertas, y por último me puse los tacones negros, tan altos que daban vértigo, que combinaban con el vestido azul de palabra de honor corto, por encima de las rodillas. Subí las escaleras, esta vez más despacio para no caerme mientras metía todo en el bolso. Cuando salí por el portal una leve brisa me hizo temblar pero no hacía frío, era por los nervios...¿que diría Nate al verme? Abrí la puerta del Porsche y con cuidado me senté en el asiento del copiloto.

- ¡Guau!- dijo él con la boca abierta- ¿has ido abajo para esto?
- Sí...¿tan mal estoy?
- No pero para la próxima avísame, antes de que me dé un infarto. Estás increíble.
- Gracias- me sonrojé- muchas gracias.
- De nada. Ponte el cinturón.
- Vale, vamos.

Al llegar al recinto ferial aparcamos en primera fila, casi no había gente, estaba todo muy tranquilo pero se estaba bien. Salimos del coche y una brisa me volvió a invadir por completo pero era una brisa cálida. Entramos dentro y vimos la noria a lo lejos, todo lo que yo había soñado cobró vida de repente. Un pequeño escalofrío me recorrió el cuerpo pero Nate no se enteró. Nos acercamos a uno de los pasillos del muelle y nos sentamos en el borde, estaba oscuro, no tenía miedo porque él estaba conmigo. Me sentía muy segura a su lado, no había nada mejor que aquel momento, me gustaba su compañía. Nos descalzamos y metimos los pies en el agua, que estaba algo fría, me estremecí y Nate me ofreció su chaqueta, me la puso sobre los hombros despacio. Llevaba unos pantalones negros y una camisa blanca, parecía que tuviera frío asique decidí acercarme a él. Poco a poco me acerqué hasta que nuestras piernas se tocaron y le pase la chaqueta sobre su espalda, era bastante grande y cogíamos los dos.

- Gracias- dijo él con una sonrisa.
- De nada. Los dos tenemos algo de frío, hay que compartir.
- Verdad, verdad...-dijo asintiendo.
- Oye- dije mientras miraba su cara, a la mañana estaba llena de cortes y sangre, ahora no había nada de nada- no tienes ninguna herida en la cara. ¿Cómo...?
- Oh. Se van rápido- dijo extraño.
- Ya pero algo tendría que quedar, un rasguño o algo.
- Tranquila Juliet, es mejor dejar ese tema. No he venido aquí para hablar de una pelea.
- Vale. Mejor que esteas bien y no que no te pudieras ni mover. Quiero verte bien, eso me hace sentir bien a mí- se me escapó.
- Entonces me alegro de estar bien- sonrió.
- Y yo también me alegro.
- Vamos. Tenemos algo pendiente.
- ¿El qué?
- Te prometí que montaríamos en la noria.
- Ah...eso. Vale.
- Venga- dijo mientras me ayudaba a levantarme- vamos.
- Vamos.

Había poca gente en la cola y subimos en menos de dos minutos, esta vez llegamos arriba en menos tiempo de lo que había pasado en mi sueño y esta vez no tenía miedo. Cuando se paró para que los que estábamos arriba observásemos lo que nos rodeaba Nate se acercó a mi y yo dejé que lo hiciera, le volví a pasar la chaqueta por encima y él asintió con la cabeza. En un impulso que me dio cuando la noria se volvió a mover le agarré la mano a Nate y no la quería soltar, él me miró.

- Tranquila- susurró a mi oreja- si quieres salir ya avísame.
- Me he asustado, nada más. Estoy bien.
- Vale.

Cuando bajamos de la noria aún seguíamos cogidos de la mano, me dí cuenta de que él también se enterara en ese momento y sonreí avergonzada. Él era diferente, había algo en él que no acababa de entender, algo que me hacía sentir muy cómoda a su lado, muy protegida. Cuando pensé que íbamos a comer algo Nate se dirigió al aparcamiento. No, no quería volver, aún no.

- ¿Ya nos vamos?
- No, quiero que veas un sitio. Es precioso.
- Oh, vale.
- No tardaremos ni cinco minutos en llegar- dijo mientras me soltaba la mano para abrir la puerta del copiloto.

Llegamos a un acantilado, de uno cincuenta metros de altura por lo menos, las olas rompían con fuerza contra la tierra. Nos sentamos en uno de los bancos que había en los miradores. Enfocados por una pequeña farola que había cerca nuestra, estábamos solos, completamente solos.

- Me a gustado la noria- dije yo al fin- ha sido muy bonito.
- Sí, desde ahí arriba una persona normal se siente el rey del mundo.
- Supongo- dije confusa y añadí- perdón por agarrarte tan fuerte de la mano cuando empezó a moverse de nuevo.
- Oh, tranquila me a gustado mucho que te agarraras a mí, eso significa que debo de ser una especie de protector.
- Sí- dije nerviosa- me siento bien a tu lado, es algo raro que nunca había sentido. Me siento muy segura contigo.
- Me parece bien- dijo sonriendo- a mi me gusta estar cerca de ti.
- Y a mí.

El silencio dio paso a los nervios que brotaban en mi cuerpo, las manos y las piernas me temblaban como gelatina. Nate se acercó más y me abrazó, pegándome por completo a su cuerpo. Olía muy bien, como a lavanda y vainilla, me gustaba su olor, me gustaba sentir su pecho y su corazón latir lentamente.

- Abrígate, hace frío.
- Así estoy muy bien. Gracias.
- De nada- dijo mientras acababa de colocar la chaqueta a mi alrededor- Juliet- me susurró al oído.
- ¿Qué?
- No te lo he dicho antes pero...- me agarró la cara y miró directamente hacia mis ojos- pero estás preciosa, no solo hoy, siempre.
- Gracias.

No sabía que hacer si bajar la vista o si aguantar un poco más a ver que hacía él. Escogí lo segundo y cuando me quise dar cuenta ya era demasiado tarde, su cara se acercaba a la mía, nuestras miradas no se separaron en ningún momento hasta que nuestros labios se fusionaron.

Eramos uno, sus labios sobre los mios, ese beso tan dulce y apasionado. Cuando había besado a Jamie solo había sentido mucha energía pero este beso era todo lo contrario, era la primera vez que no quería parar, no quería que acabara nunca. Ese beso era lo mejor de mi vida, era un momento único para los dos y muy íntimo. Lentamente separamos nuestros labios aprovechando todo lo que podíamos.

- Yo...- tartamudeé.
- ¿Qué? ¿Te arrepientes? Lo sabía...
- ¡No!- grité- o sea, no, no me arrepiento...la has fastiado- dije entre risas.
- ¿Por qué? ¿Qué he echo mal?
- Has hablado y no me has dejado terminar la frase.
- Vale, borrón y cuenta nueva. Decías...
- Decía que yo...- él asintió- se que es un poco precipitado pero creo que... que yo te quiero- solté de golpe.
- Oh... si que la he fastidiado- sonrió avergonzado.
- Ya...
- Yo también te quiero. Me gusta mucho besarte.
- Y a mí.

Esta vez la que se adelantó fui yo, le acaricié la cara y lo besé despacio, con temor de que me rechazara pero él me apretó contra su pecho y me besó con pasión, con dulzura y con amor. Beso tras beso se pasaron los minutos y se hacia más tarde.

- Debo volver a casa- le susurré a la oreja- es tarde.
- Tienes razón.
- Vamos.

Se puso de pie y me tendió la mano rápidamente. Los dos íbamos lentamente, viviendo cada minuto como si fuera el último. ¿Quién me iba a decir a mí que él sería la persona que yo estaba buscando durante toda mi vida? Cuando llegamos aparcó el coche en el portal de mi casa y se bajó del coche para acompañarme el pequeño trayecto que quedaba, como no, agarrados de la mano.

- ¿Tu madre no te dirá nada por ir así?- dijo mirándome de pies a cabeza.
- Estará en el trabajo- respondí mirando el reloj- es la una de la mañana y ella no viene hasta las tres.
- Pues si lo llego a saber no dejaba que volvieras aún. El acantilado es un lugar precioso, como tú.
- Ya, pero es mejor así a que me echen la bronca y mañana no pueda salir para verte de nuevo.
- Oh...¿me vas a ver? ¿quién te dijo eso?
- Nadie...pensé que te vería. Pero si no puedes...
- Eh- dijo mirando a mis ojos- era una broma. Si por mí fuera nunca dejaría de verte.
- Y yo igual. Tengo que irme. Te quiero.
- Vale. Te quiero, Juliet.

Y me besó, exactamente como yo me esperaba, fue un beso lento, dulce y lleno de pasión. Sus labios se separaron de los mios y antes de que me diera la vuelta para subir, él me dio un abrazo que yo acepté encantada. Su corazón iba al mismo compás que el mío, me apretó más contra él, con fuerza pero no me molestó, es más se lo agradecía. Después de dos minutos me dí la vuelta y abrí el portal para subir a mi casa. Nate permaneció allí hasta que yo desaparecí. Corrí a la ventana y vi como él abría la puerta de su Porsche y se iba lentamente. Hasta que desapareció por una curva. Me desvestí con rapidez y me puse el pijama, metí la ropa debajo de la cama para que mi madre no la viera. Como no tenía sueño me tumbé en la cama boca arriba, mirando al techo. Me quedé pensando en lo todo lo que había sucedido ese día, como si aún no me lo creyera. Había cosas no llegaba a comprender aún ¿Nate y yo estábamos juntos? ¿Qué había pasado con Jamie? ¿Y Florence?

Después de un buen rato, por fin me quedé dormida.

Estaba en el acantilado al que Nate me había llevado. Sentada en un banco esperando por él, hasta que apareció. Cuando lo vi me puse rápidamente de pie y corrí a sus brazos. Él me recibió con los brazos abiertos y luego me apretó con fuerza contra su pecho. Seguidamente nos fundimos en un beso inquietante, lleno de alegría, dulzura y pasión, como todas las veces en las que nuestros labios se tocaron.

- Te estaba esperando amor.
- Lo sé, por eso he venido- dijo con una enorme sonrisa- no quiero perderte de vista ni un segundo, Ángel.
- Ni yo tampoco.

Mientras dábamos un paseo por el borde del acantilado, empecé a temblar, pero no era por el frío. Tenía miedo y estaba nerviosa pero no sabía exactamente por qué. Nate lo notó y se acercó a mi dedicándome una sonrisa para que me sintiera más tranquila. El echo de que él estuviera allí me alivió pero no del todo. Presentía que algo malo iba a pasar, no sé si era por mí o por él pero lo sentía muy cercano. Al poco rato de que esa sensación se apoderara de mí algo terrible ocurrió. Mientras caminábamos por el borde del acantilado, me resbalé y ahora estaba completamente colgada en el vacío. De no ser que Nate me sujetaba por un brazo yo no estaría viva.

- No me sueltes por favor- susurré.
- Nunca lo haré- dijo en un suspiro- pero es casi imposible elevarte y no se por qué.
- ¿No puedes?- dije inquieta- me estoy resbalando.
- Solo hay una forma- dijo el seriamente- pero tendrás que cerrar los ojos. No puedes abrirlos hasta que todo acabe.
- ¿Me vas a soltar?
- No, pero no puedes mirar.
- ¿Por qué?
- Porque no debes. Hazme caso, si quieres que te ayude no mires.
- Vale- dije cerrando los ojos- ya está.

Al cabo de unos escasos segundos yo estaba sana y salva, tumbada en el suelo con Nate a mi lado. Él estaba completamente agotado, como si se hubiera peleado con alguien durante horas. Cuando se levantó y me tendió la mano para ayudarme me fijé detenidamente en su espalda. La camisa, por donde tapaba la espalda, estaba rota. Tenía dos brechas grandes desde donde empezaba la columna hasta el final de la espalda. Yo me quedé perpleja, ¿como se lo había echo?

- Nate- dije al mismo tiempo que dejaba de mirar la camisa desgarrada- tu camisa...
- ¿Qué?
- Está desgarrada- dije señalándole la espalda.
- Oh, eso no es nada. Se habrá roto cuando te ayudaba a subir.
- No entiendo nada. ¿Por qué no podía mirar?
- Te asustarías.
- Si crees que me asustaría por verte rojo como un tomate al hacer fuerza...no, no me asustaría.
- No, no es eso- dijo con una sonrisa- lo sabrás a su debido tiempo.
- Sigo sin entender nada pero bueno, estoy bien gracias a ti. Eso es lo que importa- le dije mientras le acariciaba el cuello.
- Nunca te soltaría, y si lo hiciera me tiraría contigo.
- Sé que no lo harías. Te quiero.
- Yo también.

Después de alejarnos unos cuantos metros del borde del acantilado, subimos una pequeña cuesta y llegamos a una zona más alta donde había cuevas formadas durante años por la fuerza de las olas al batir contra la tierra. Nate me ofreció su mano para bajar por una de ellas y adentrarnos en su eterna oscuridad. Después de unos cuantos pasos, sin mirar completamente nada, Nate se detuvo.

- Ya llegamos- dijo en un susurro- mira.
- Oh. Es precioso- dije yo cuando vi aquella cueva en la que el agua formaba un círculo de diez metros más o menos, el agua estaba en calma y era de color turquesa, como en las playas del Caribe. Nosotros nos encontrábamos en un altillo en donde había rocas y arena fina que se nos colaban en los zapatos. Era como una playa privada, con la luna reflejándonos desde lo alto, se colaba por un agujero que había en el techo. Era fascinante.- Me encanta.
- Y a mí.
- ¿Sabías de su existencia?
- Si. Desde hace mucho tiempo- dijo satisfecho- y tú eres la primera chica que pisa mi territorio.
- ¿Es tuyo?
- Yo lo he encontrado, yo me lo quedo- dijo riendo.
- Ah. ¿Soy la primera?
- Sí, y la última.
- ¿Sí?
- Sí.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque eres la única a la que quiero. Este será uno de nuestros secretos.
- ¿Habrá más secretos que este? ¿ Y si se los cuento a alguien?
- Sí, hay más que este y más sorprendentes. Si se lo dices a alguien tendré que matarte- se rió.
- ¿Matarme? ¿Cómo?
- Aún no lo he pensado. No he tenido tiempo, he estado muy ocupado.
- ¿Ocupado con qué?
- Con una chica.
- Oh...entiendo.
- Eh- dijo mientras me cogía la cara con las manos- Esa chica eres tú.
- Lo sé. Deberías pensar ya en como me vas a matar- dije entre risas.
- Ya lo he pensado. Ahora mismo mientras te veía.
- ¿Cómo?
- Te voy a matar a besos.
- Esa forma de morir es muy interesante.
- Lo sé, lo he dicho yo.

En un abrir y cerrar de ojos, estábamos envueltos en un profundo beso. Mis manos rozaban su cara, su cuello y su pecho mientras que él me rozaba con las suyas, por la cara, el cuello, los hombros y mi cintura. Cuando nos dejamos de besar, él me dedico una de sus sonrisas que me hicieron sentir la chica más feliz del mundo. Nos sentamos en la arena y él se recostó contra una roca, dio unas palmaditas en el pecho invitándome a apoyarme en él. Su pecho fuerte y los latidos de su corazón me hacían sentir bien, relajada y despreocupada por todo lo que me rodeaba. Nate se puso tenso de pronto y yo me incorporé mirándolo directamente a los ojos, tenía algo que decir, seguro.

- Juliet...
- ¿Sí?
- Hay algo que no te he dicho de mí.
- Tranquilo, puedes decírmelo cuando quieras.
- Yo no soy normal...
- Ya lo sé, eres especial. Para mí.
- No, no es eso. No soy normal, como tú. Soy un...
- Cariño, despierta- decía mi madre mientras me daba palmaditas en el brazo- tenemos que irnos.
- ¿A dónde?
- Tenemos una comida, son las doce. ¿Ya no te acuerdas?
- No. ¿Con quién?- dije incorporándome.
- Te lo dije la semana pasada. Con los padres de Jamie.
- ¿Qué?- no quería verlo y mucho menos estar cerca de él sabiendo lo que podía hacerme.
- Venga...
- Lo siento pero yo no pienso ir.
- ¡Juliet! Si no vienes no te dejo salir por la tarde con Nate.
- ¿Como sabes que voy a salir con Nate, si ni siquiera yo lo sé?
- Porque ha dejado un recado para ti. Se acaba de ir.
- ¿Por qué no me avisaste?
- ¿Quizás porque estabas durmiendo?
- Perdona mamá. Me visto y nos vamos cuando tu digas- le dije al final- pero ¿qué te dijo Nate?
- No pasa nada, debí recordártelo. Pues me dijo que pasaría a recogerte a las cinco pero yo le dije que no podía ser. Entonces a decidido venir más tarde, a las ocho y media como ayer.
- Vale. Me voy a vestir- dije levantándome al fin.
- Ponte guapa. Tenemos que dar buena impresión.
- Lo sé, lo sé.
- Por cierto, Juliet.
- ¿Qué?
- Nate ha dicho que teníais un secreto que ver de nuevo- dijo con cara rara- él es buen chico.
- Vale, gracias. Sí, lo es.

Cuando mi madre desapareció por el pasillo yo cogí la ropa y me fui a duchar. Mientras me duchaba, pensaba en como iba a ser la comida con los padres de Jamie, y por supuesto con él. Me puse nerviosa al recordar lo que había pasado en el recreo, solo que ahora no estaba Nate para ayudarme y plantarle cara a Jamie. Por otro lado, Nate quería quedar para volver a ver nuestro secreto pero eso era imposible, el único secreto que sabía de él era el de la supuesta cueva de mi sueño. ¿Podia ser real? ¿Podia soñar con cosas que iban a suceder?

miércoles, 2 de mayo de 2012

Capítulo 3


Capítulo 3

Cuando llegué abajo Nathan estaba apoyado con la espalda y un pie en la columna redonda del portal. Abrí la puerta, él se incorporó con torpeza y me sonrió poco convencido de su alegría. Eso no pintaba nada bien, lo que me tenía que decir no era nada bueno.

- Hola Nathan- dije con una pequeña sonrisa para que se sintiera un poco más cómodo.
- Hola Juliet- dijo él con la voz ronca- hablemos en el parque.
- ¿No querías que estuviéramos solos?- dije estrañada.
- Claro, en el parque no hay nadie- miró para atrás- lo he comprobado.
- Ah. Vale.

Empezamos a caminar y nos metimos en una pequeña caseta del parque para hablar tranquilamente. Nos sentamos uno en frente de otro para vernos las caras sin ninguna interrupción por el medio. Después de cinco minutos de silencio, se decidió a hablar pero con miedo.

- Verás- comenzó a decir- quería decirte que me voy.
- ¿Qué? ¿Pero vuelves?
- No. Probablemente no vuelva, no puedo seguir aquí, no si no estás conmigo.
- Pero estoy contigo...eres mi mejor amigo. No te vayas.
- Lo siento, eso no me basta. Necesito que esteas conmigo para siempre y si no estás, aquí no pinto nada.
- Siento corregirte pero aquí estás muy bien. Estás a mi lado. Te quiero aquí conmigo, por favor no te vayas.
- Repito. Lo siento pero no me basta con estar aquí y ser tu amigo.
- Por favor...- dije conteniendo las lágrimas- no te vayas. Por favor, por favor, por favor...
- Es mi decisión. Solo tú puedes cambiarla para mejor o para peor.
- ¿Y tus padres te dejan irte?
- Eso es lo de menos...me importas tú.
- ¡Pues si te importo quédate!
- Te quiero, pero no así, ya he aguantado demasiado tiempo.
- ¿Te parece normal dejarme?
- No, lo que si me parece normal es dejarte si tu no quieres lo mismo que yo e intentar olvidarte.
- Estás mal...- las lágrimas brotaron de mis ojos lentamente- no puedes dejarme.
- No te dejo, solo me alejo...
- Me da igual, es lo mismo. No te tendré aquí, a mi lado. Eso es lo que me importa.
- Y a mi también, pero así es la vida.
- Por favor, quédate.
- No puedo...
- Por lo menos hasta que acabe el curso. Por favor, te necesito.
- Esta bien, pero solo para ver si en ese tiempo tú también cambias tu vida.
- Vale...
- Ven aquí- me dijo mientras me secaba las lágrimas con sus manos.

Nos abrazamos durante diez profundos minutos, sin soltarnos, no quería perder a mi mejor amigo porque a él le diera por ahí. Él era todo para mí, era lo mejor de mi vida hasta el momento, era alguien muy especial en el que podía confiar plenamente. Lo quería conmigo, simplemente lo quería.

- No vuelvas a asustarme. La próxima vez que digas eso te pegaré.
- Eso estaría bien- dijo mientras se reía y me abrazaba con fuerza- de veras.
- En serio, si lo vuelves a decir te contestaré otra cosa.
- ¿Qué contestarás?
- Que me iría contigo a donde fuera necesario para que no me dejaras.
- Entonces tendré que repetirlo- dijo sonriendo- me voy.
- ¡No! Ya has dicho que no te ibas, no hay vuelta atrás.
- Me iré de todas formas, en agosto.
- No si yo lo impido.
- Juliet- me susurró al oído- te quiero.
- Y yo...
- Pero no como a mí me gustaría.
- Déjalo, no empieces.
- Esta bien. Lo dejaré por no escucharte.
- Mejor.

Me dejó de abrazar para que pudiera moverme y levantarme, eran las ocho y tenía que irme. Me acompañó hasta el portal de mi casa y me dio un gran abrazo de despedida, que duró cinco minutos que disfruté muy feliz.

- Adiós Juliet, te quiero mucho.
- Yo también Nathan- le sonreí.

Y subí. Llegaba un poco tarde a casa pero me dio igual, había sido una tarde muy inesperada. Aquello que me había dicho Nathan <<Necesito que esteas conmigo para siempre y si no estás, aquí no pinto nada.>>, me hizo pensar en que quería decir exactamente. En el momento que me lo dijo no me paré a pensar en ello porque estaba pendiente de que mi amigo no tomara la decisión equivocada. Rápidamente me metí en la cama después de cenar y ducharme, estaba muy cansada, había llorado demasiado con la noticia. Pronto me quedé dormida profundamente.

Estaba en una fiesta, en una feria que no conocía. No se escuchaba nada fuera de lo normal, todo el mundo gritaba y era feliz. Andaba sin rumbo fijo y no sabía que hacer hasta que llegué a un muelle y me senté en el borde. Me quité los zapatos y metí los pies en el agua lentamente para que no me entrara el frío de golpe en todo el cuerpo. Mientras estaba mirando el leve movimiento del agua una mano se posó sobre mi hombro. Cuando me levanté, me di la vuelta rápidamente y vi a Nate, el amigo de Jamie. Pero estaba raro, no parecía el mismo de siempre, no se comportaba como era normalmente en clase. Me miraba a mí y solo a mí. Muy quieto, me observaba de pies a cabeza como si nunca me hubiera visto, como si no me conociera de nada.

- Hola...- le dije, pero no obtuve respuesta- ¿que miras?

Sin respuesta. Me acerqué para ver si se encontraba bien y él me agarró por el brazo con fuerza, pero no la suficiente como para no dejarme escapar. Me alejé varios pasos de él y mientras me dirigía al paseo marítimo él empezó a caminar hacia mí. Me di la vuelta para ver hacia donde dirigirme y por el rabillo del ojo pude observar como Nate se reía maliciosamente. Anduve hasta el centro del recinto ferial donde podría pasar desapercibida debido a toda la gente que allí se encontraba. Miré para atrás y él ya no me seguía, o eso parecía. Después de cinco minutos quieta decidí empezar a andar otra vez hacia la salida, supuse que Nate me estaría buscando entre la gente, pero no era así. Estaba apoyado en la puerta principal que llevaba hasta el aparcamiento, me estaba esperando, o eso me parecía a mí. Y acerté. Me acerqué despacio como quien no quiere la cosa pero no resultó efectivo, Nate me había visto y empezó a andar hacia mí. Se paró a unos cinco metros y sonrió.

- ¡Juliet! ¿Me estás evitando?
- Oh. Hola- le dije para parecer despistada- no, no te había visto.
- Ya, claro. ¿Tienes algo malo que contarme y por eso me evitas?
- ¿Yo a ti? Nada.
- ¿Seguro? Yo creo que te equivocas.
- Me tengo que ir- mentí- llego un poco tarde.
- Te llevo- dijo señalando con la cabeza un Porsche de color azul marino- es mejor que ir sola.
- No, tranquilo viene a buscarme Hanna- volví a mentir- la acabo de llamar.
- Oh...pues creo que no puede venir.
- ¿Cómo lo sabes?
- Lo sé porque la vi en una discoteca de las afueras con un chico.
- Pues esperaré de todas formas- dije entrecortadamente- no tengo reparo en esperar.
- Pero a mí no me gusta que pases frío aquí sola.
- No tengo frío- era verdad, temblaba porque tenía miedo, miedo de Nate- y no estoy sola, esperaré en el recinto que hay mucha gente.
- Pero estás sola igual- me guiñó un ojo- no hay nadie que conozcas. Solo yo, asique estarás conmigo.
- Vale- dije cansada de evitar lo inevitable- pero solo hasta que vengan a buscarme.
- Muy bien- dijo satisfecho.
- ¿Te gusta la noria?
- No me agradan las alturas y aún así nunca he montado en una.
- Pues hoy es tu día de suerte.
- No, gracias.
- Vamos, será divertido. Si te sientes mal solo debes decírmelo y te sacaré de allí sin más.
- Vale.

Cuando montamos en la noria esta se empezó a mover lentamente y en cinco eternos minutos nos encontrábamos en lo más alto de ella. Nerviosa me acerqué a Nate y él me respondió con una sonrisa despreocupada como diciendo << tranquila yo estoy aquí>> pero eso no me relajaba del todo. La noria empezó a descender y justo cuando quedaban diez metros para tocar el suelo la portezuela de la cabina se abrió y yo aterrada resbalé y me precipité por el vacío. Cuando caía rápidamente pensé que todo se había acabado, que iba a morir pero para mi sorpresa alguien me cogió despacio y me bajo hasta el suelo, en uno de los muelles que rodeaban a la noria. Estaba oscuro pero cuando abrí los ojos vi algo que me asombró. Nate me sostenía en brazos aún, lentamente me dejó en el suelo mientras yo lo miraba aturdida...me había salvado la vida pero ¿como?

- ¿Como...?
- No digas nada- me interrumpió- te dije que si te pasaba algo te sacaría de allí, ¿no?
- Si- dije alucinada.
- Pues eso he hecho.
- ¿Pero como me cogiste? Me caí de la cabina abajo, eso es imposible a menos que...
- ¿A menos que...?- dijo él como si no supiera de que hablaba.
- A menos que pudieras volar- me miró con gracia y añadí avergonzada- o que seas capaz de parar el tiempo y mientras yo quedaba parada en el aire salieras de la noria y te colocaras justo donde yo iba a caer.
- Eres muy imaginativa- me rozó la mejilla con sus dedos y me ruboricé- eso me gusta.
- Pero es que no hay otra explicación. ¿Cómo lo has hecho?
- Pues te lo cuento si me dejas llevarte a casa.
- Bien, vamos- me daba igual irme con él, me había salvado la vida- pero debes contármelo todo.
- Vale. Pues yo soy...

Me desperté de repente por el sonoro timbre del despertador, normalmente me despertaba con la dulce voz de mi madre pero ella no estaba en casa, estaba yo sola y por eso tenía puesto el despertador. Me levanté soñolienta, estaba cansada y confundida, aquel sueño parecía tan real como la pesadilla de la noche anterior. Esa pesadilla había sido horrenda pero el sueño de esta noche había sido, a mi manera, bastante interesante. Me había gustado sentirme protegida por Nate, aunque al principio tuviera miedo de él por como me miraba. También me hizo sentir mejor el echo de que me salvara la vida, aunque no había logrado escuchar la explicación que yo tanto deseaba en ese momento, la duda aún me recorría el cuerpo. Era un sueño pero parecía tan real...
Me marché de casa temprano y en vez de ir hacia la parada como todos los días, fui en la dirección opuesta, hacia la parada de Nate. No sabía porque lo hacía pero tuve ese impulso, quería saber la verdad, aunque era muy consciente de que aquello fuera un sueño pensé que ir a junto de él sería una buena forma de aclararlo todo. Cuando llegué apenas había gente, Ámber, Florence y Jamie estaban en las escaleras y en la marquesina estaban dos chicas de primer curso mirando alegremente hacia donde se encontraba Nate, que estaba escuchando música de su iPod. Las chicas lanzaban miradas coquetas hacia él hasta que yo me puse en medio y corté la conexión entre ellos por lo cual las chicas me miraron enfadadas. Me senté a su lado y él se quitó los cascos, los enroscó al rededor del iPod y lo metió en la mochila.

- Hola Juliet- me sonrió- ¿y tú por aquí?
- Me he quedado dormida- mentí- el otro autobús pasa rápido por nuestra parada y no estaba segura de si llegaría a tiempo. ¿Te molesto acaso?
- Ah. ¡No que va!- dijo alegre- no molestas en absoluto, es más me alegro de que estés aquí.
- ¿A sí?- dije sorprendida.
- Sí, eres buena chica y me caes bien. Me alegro de que estés aquí porque así te sientas en el autobús conmigo.
- Oh, vale. Gracias.
- ¿Gracias? ¿por qué?
- Porque no sabía con quién me tocaría sentarme si no encontraba a nadie por mi cuenta. Así voy con alguien que conozco y que me cae bien.
- Bien, pues me alegro de que los dos estemos de acuerdo.
- Y yo.

Llegó el autobús y dos minutos más tarde nos encontrábamos en la parte de atrás del autobús sentados los dos juntos como habíamos querido desde el principio. Cuando nos sentamos me fijé en que las dos chicas de la parada me fulminaban con la mirada mientras se sentaban al lado izquierdo de donde nosotros estábamos y como no, era por Nate, yo estaba contra la ventana y él hacia el pasillo. El autobús arrancó y Nate me miró y me dedicó una amplia sonrisa.

- ¿Qué tal la noche?
- Bien. ¿y tú?
- Bien. He tenido un sueño bastante interesante. ¿Tú has soñado algo?
- Sí. Ha estado bien pero me he despertado en la parte más emocionante- me sonrojé al decirlo y recordar aquella caricia.
- Igual que yo- dijo entre risas- lo bueno siempre se hacen derogar.
- Sí, supongo- respondí entrecortadamente, ¿acaso él había soñado lo mismo? ¿o simplemente era una casualidad que me preguntara sobre que tal había dormido?
- Bueno y...¿puedo saber que has soñado?
- Nada interesante...
- Yo creo que no.
- Es cierto, solo he soñado que montaba en noria por primera vez- él me miró extrañado por lo que añadí- y pienso que debería hacerlo de verdad, me ha gustado la sensación que he tenido cuando lo hacía en el sueño.
- Oh. Los sueños como ese pueden ser deseos del subconsciente ¿sabías?
- No, no lo sabía.
- Pues ahora ya lo sabes. Ah, por cierto, si quieres ir a dar una vuelta hasta el recinto ferial y montar en la noria yo mañana estoy libre.
- Bueno...no sé si me dejarán.
- Tranquila de eso me encargo yo- me guiñó un ojo y añadió- mañana a las ocho y media paso por tu casa y te recojo.
- Bueno pero tendré que preguntar a mi madre.
- Ya te he dicho que me ocupo yo. Tú no le digas nada. Ya hablo yo con ella cuando te vaya a buscar.
- Vale.
- Bien, mañana a las ocho y media. ¡Acuérdate! - me dijo mientras bajaba del autobús y se alejaba.
- No lo olvidaré- le grité yo.

Entré en clase y me senté, como siempre, al lado de Hanna a la que no veía desde hacía unos días, solo por las mañanas. Cuando la profesora Stephenie llegó yo miré a Jamie que miraba para mí sonriendo y yo le devolví la sonrisa. Luego miré a Nathan que estaba absorto en lo que decía la profesora, y por último, miré hacia el pupitre de Nate que me dedicó un leve movimiento de cabeza seguido de un guiño con el ojo derecho y yo le saludé con una sonrisa de oreja a oreja un tanto exagerada. Un avión de papel aterrizó en mi mesa y alguien de la fila de alante carraspeó, era Jamie, que me indicó que leyera lo que había escrito en el avión de papel. Lo abrí y observé lo que había escrito con un bolígrafo azul << ¿Ya te has olvidado de que hoy quedamos o puedo estar tranquilo? :) >> a lo que yo contesté << No tranquilo no me he olvidado :P >> se lo lancé de nuevo y este aterrizó como una pluma en el medio de la mesa. Él se giró, sonrió y asintió.

- Bueno, ¿tines cosas que contarme?- le dije a Hanna en el recreo.
- Sí. ¿Tú?
- Sí, pero empieza tú primero.
- Bien, pues esta noche me he escapado de casa para salir con un chico monisimo y hemos ido a la discoteca. No sabía que abrían por la semana.
- Oh. ¿Es del colegio?- en mi sueño Nate había dicho que la viera en una discoteca de las afueras de la ciudad, ¿mi sueño era real?
- No. Va a la universidad. Se llama Neithan. Es muy majo y divertido, además es mucho más guapo y mayor que todos estés de aquí- dijo hablando de los chicos del instituto.
- Ha, ha...que mala.
- ¿Y tú que?

Le conté lo sucedido con Nathan el día anterior, le recordé la "cita" de hoy y le dije que había quedado con Nate para ir al recinto ferial a dar una vuelta. Resumiendo todo lo que pude pero sin saltarme nada importante, bueno solo me salté una cosa, mi sueño de esa noche.

- ¡Guau! Como ligas...los traes a todos de cabeza.
- Boh. No digas tonterías.
- Vale. Y bien, ¿te vas a poner la ropa que te dije para esta tarde?
- Lo siento pero no, es jueves no es día de juerga. Voy a ir así vestida, me cambiaré la camiseta y punto. Eso sí- tragué saliva y añadí- déjamela igual, me la voy a poner mañana.
- ¿Mañana? ¿Para el paseo con Nate? Uhhh...no te veía yo venir eh.
- ¿Me lo dejas o no?
- Sí. Tienes razón lo de hoy no es nada, quedasteis por la tarde, pero lo de mañana es mejor. Es por la noche y hay que ir bien arregladitas.
- Pues eso, yo voy subiendo que va a tocar.
- Vale, yo me voy a acercar al portal de la entrada que va a pasar por aquí Neithan. Nos vemos luego en clase.
- Chao.

Cuando acabaron las clases, llegué a casa, comí lo más rápido que pude y hice los deberes a correr. Tenía que prepararme para la tarde que iba a pasar con Jamie. Cuando llegó la hora de irme, cogí mi bolso, me lo puse en el hombro y me fuí a la plaza. Eran las cinco y media justas y él ya estaba allí sentado en los bancos que rodeaban la fuente grande que había en el centro de la plaza. Él se incorporó, me dedicó una sonrisa que yo acepté alegremente. Se fue acercando a mí a medida que yo también hacía lo mismo, iba arreglado, con una camisa negra y unos pantalones vaqueros blancos acorde con sus Converse negras y blancas. Yo iba con mis pantalones vaqueros pitillo de color rojo, una camiseta de manga larga blanca y mis manoletinas negras.

- Hola Jamie- dije yo.
- Hola- sonrió- estás muy guapa.
- Gracias, tú también estás guapo.
- Bueno...¿quieres un refresco?
- Si, por favor.
- ¿Qué tal estás?
- Bien. ¿Tú?
- Bien.
- Me alegro. ¿Qué vamos a hacer?
- Pues podemos acercarnos hasta el cine si quieres.
- Vale, hace tiempo que no voy.
- Pues vamos entonces.

Entramos en el cine y Jamie pagó las entradas mientras yo compraba las palomitas y las bebidas. Cuando entramos en la sala, observé que no había mucha gente y mientras nos sentábamos la película empezaba. Íbamos a ver Cuando sale el Sol una película que nunca había visto. Mientras él miraba atentamente hacia la pantalla yo me limité a pensar en lo que había soñado esa misma noche y me ruboricé al acordarme de Nate. Jamie me miró y me sonrió como si nada, él estaba absorto en la película.

- ¿Te aburres?
- No. Solo estoy pensando, no me puedo concentrar en la película.
- Pues está muy interesante. Inténtalo.
- No sé no estoy cómoda.
- A ver- dijo mientras pasaba su brazo sobre el respaldo de mi butaca y me sonrió- ¿así mejor? si quieres puedes apoyar tu cabeza en mi hombro, no me importa.
- Gracias- dije mientras me apoyaba en él.
- De nada.

Cuando acabó la película yo estaba casi dormida, apoyarme en Jamie no había sido la mejor idea que había tenido, estaba cansada y no podía con los ojos.

- Bueno me tengo que ir- dije cansada- nos vemos mañana en clase.
- Vale, si yo también me voy, es tarde- dijo con una sonrisa.
- Adiós.
- Adiós Juliet- me dijo mientras me abrazaba.

Después de separarnos un poco y de dedicarle una pequeña sonrisa, él se acercó poco a poco hasta que sus labios se toparon con los míos y nos fundimos en un beso lleno de energía, pero yo no podía hacerlo, no podía y me separé de él.

- ¿Qué pasa?- dijo él con cara de asombro.
- No podemos hacer esto...
- ¿Por qué? Tú quieres y yo también.
- Florence...no sé.
- No sabe nada- dijo mientras me acariciaba.
- No- resoplé y de un manotazo le aparté la mano de mi cara- adiós.

Giré sobre mi misma y me dirigí hacia mi casa, sin saber porque me sentía muy mal, estaba pálida, cansada y no tenía ganas de pensar en nada que no fuera el tremendo error que acababa de cometer con él. Era lo que siempre había deseado pero cuando ya lo había conseguido algo me hizo retroceder. Era como si el Jamie del que estaba enamorada ya no existiera, no me había puesto nerviosa, me fue indiferente su reacción, solo me sentía culpable.
Llegué a mi casa a las nueve y como mañana había colegio no tardé ni media hora y me metí en la cama de cabeza.
A la mañana siguiente me desperté con la dulce voz de mi madre y no con el ruidoso despertador. Esa noche había sido tranquila a excepción de lo que me había costado dormir aunque estaba demasiado cansada y porque había soñado con Jamie y con aquel beso que para mí no representaba nada más que un sentimiento de culpabilidad enorme. Me vestí, desayuné, me despedí de mi madre y salí como una bala hacia la parada de Nate, sin saber exactamente porque lo hacía, decidí ir a junto de él.

- Hola- me dijo él mientras yo me sentaba a su lado- no sabía que ibas a volver.
- Ni yo tampoco, pero me ha apetecido venir.
- ¿Qué te pasa?
- Nada. ¿Por qué?
- Te noto rara.
- Ayer Jamie me besó- le solté. No sabía porque pero confiaba en él como para contárselo- al salir del cine.
- Oh...que bien.
- ¡No!- le grité- ha sido un error descomunal, él está con Florence y eso no le importó para nada.
- ¿Pero no era que él te gustaba?
- Sí pero ahora ya no, es como si nunca me hubiera enamorado de él pero...un momento- me paré en seco- ¿tú como lo sabes?
- Oh. Se te notaba en clase cada vez que él te miraba. O cuando él está en la pizarra con los ejercicios y tú te quedas pasmada mirándolo.
- Ah...¿tanto se me nota?
- Corrijo, se te notaba. Sí.
- Vale...soy estúpida.
- ¿Por qué dices eso?
- Pues porque siempre me enamoro de la persona equivocada y para una vez que esa persona me acepta y me responde como yo espero que lo haga me siento culpable por corresponderle.
- Solo ha sido un beso.
- Ha sido un beso sí, pero y si no me llego a apartar ¿qué?
- Te apartaste...eso a Jamie no le gusta nada. Enhorabuena.
- ¿Por qué?
- Porque si ahora resulta que ya no estás enamorada de él y te has apartado, él ya no intentará volver a hacerlo. Aparte así estarás más centrada en otras cosas como los estudios o otros chicos, como yo.
- ¿Tú?
- Sí, yo. Me debes una noche, en concreto esta.
- Oh...ya, no lo he olvidado.
- Eso esperaba.
- Llega el autobús.
- Subamos.
- ¿Entonces, a las ocho y media?- dijo mientras nos sentábamos.
- Supongo, eres tú el que lo planeó.
-Ya pero por si necesitas tiempo para prepararte y así...no sé.
- Oh, no pasa nada el tiempo me llega. Tengo toda la tarde para eso.
- Bien- me sonrió.