miércoles, 2 de mayo de 2012

Capítulo 3


Capítulo 3

Cuando llegué abajo Nathan estaba apoyado con la espalda y un pie en la columna redonda del portal. Abrí la puerta, él se incorporó con torpeza y me sonrió poco convencido de su alegría. Eso no pintaba nada bien, lo que me tenía que decir no era nada bueno.

- Hola Nathan- dije con una pequeña sonrisa para que se sintiera un poco más cómodo.
- Hola Juliet- dijo él con la voz ronca- hablemos en el parque.
- ¿No querías que estuviéramos solos?- dije estrañada.
- Claro, en el parque no hay nadie- miró para atrás- lo he comprobado.
- Ah. Vale.

Empezamos a caminar y nos metimos en una pequeña caseta del parque para hablar tranquilamente. Nos sentamos uno en frente de otro para vernos las caras sin ninguna interrupción por el medio. Después de cinco minutos de silencio, se decidió a hablar pero con miedo.

- Verás- comenzó a decir- quería decirte que me voy.
- ¿Qué? ¿Pero vuelves?
- No. Probablemente no vuelva, no puedo seguir aquí, no si no estás conmigo.
- Pero estoy contigo...eres mi mejor amigo. No te vayas.
- Lo siento, eso no me basta. Necesito que esteas conmigo para siempre y si no estás, aquí no pinto nada.
- Siento corregirte pero aquí estás muy bien. Estás a mi lado. Te quiero aquí conmigo, por favor no te vayas.
- Repito. Lo siento pero no me basta con estar aquí y ser tu amigo.
- Por favor...- dije conteniendo las lágrimas- no te vayas. Por favor, por favor, por favor...
- Es mi decisión. Solo tú puedes cambiarla para mejor o para peor.
- ¿Y tus padres te dejan irte?
- Eso es lo de menos...me importas tú.
- ¡Pues si te importo quédate!
- Te quiero, pero no así, ya he aguantado demasiado tiempo.
- ¿Te parece normal dejarme?
- No, lo que si me parece normal es dejarte si tu no quieres lo mismo que yo e intentar olvidarte.
- Estás mal...- las lágrimas brotaron de mis ojos lentamente- no puedes dejarme.
- No te dejo, solo me alejo...
- Me da igual, es lo mismo. No te tendré aquí, a mi lado. Eso es lo que me importa.
- Y a mi también, pero así es la vida.
- Por favor, quédate.
- No puedo...
- Por lo menos hasta que acabe el curso. Por favor, te necesito.
- Esta bien, pero solo para ver si en ese tiempo tú también cambias tu vida.
- Vale...
- Ven aquí- me dijo mientras me secaba las lágrimas con sus manos.

Nos abrazamos durante diez profundos minutos, sin soltarnos, no quería perder a mi mejor amigo porque a él le diera por ahí. Él era todo para mí, era lo mejor de mi vida hasta el momento, era alguien muy especial en el que podía confiar plenamente. Lo quería conmigo, simplemente lo quería.

- No vuelvas a asustarme. La próxima vez que digas eso te pegaré.
- Eso estaría bien- dijo mientras se reía y me abrazaba con fuerza- de veras.
- En serio, si lo vuelves a decir te contestaré otra cosa.
- ¿Qué contestarás?
- Que me iría contigo a donde fuera necesario para que no me dejaras.
- Entonces tendré que repetirlo- dijo sonriendo- me voy.
- ¡No! Ya has dicho que no te ibas, no hay vuelta atrás.
- Me iré de todas formas, en agosto.
- No si yo lo impido.
- Juliet- me susurró al oído- te quiero.
- Y yo...
- Pero no como a mí me gustaría.
- Déjalo, no empieces.
- Esta bien. Lo dejaré por no escucharte.
- Mejor.

Me dejó de abrazar para que pudiera moverme y levantarme, eran las ocho y tenía que irme. Me acompañó hasta el portal de mi casa y me dio un gran abrazo de despedida, que duró cinco minutos que disfruté muy feliz.

- Adiós Juliet, te quiero mucho.
- Yo también Nathan- le sonreí.

Y subí. Llegaba un poco tarde a casa pero me dio igual, había sido una tarde muy inesperada. Aquello que me había dicho Nathan <<Necesito que esteas conmigo para siempre y si no estás, aquí no pinto nada.>>, me hizo pensar en que quería decir exactamente. En el momento que me lo dijo no me paré a pensar en ello porque estaba pendiente de que mi amigo no tomara la decisión equivocada. Rápidamente me metí en la cama después de cenar y ducharme, estaba muy cansada, había llorado demasiado con la noticia. Pronto me quedé dormida profundamente.

Estaba en una fiesta, en una feria que no conocía. No se escuchaba nada fuera de lo normal, todo el mundo gritaba y era feliz. Andaba sin rumbo fijo y no sabía que hacer hasta que llegué a un muelle y me senté en el borde. Me quité los zapatos y metí los pies en el agua lentamente para que no me entrara el frío de golpe en todo el cuerpo. Mientras estaba mirando el leve movimiento del agua una mano se posó sobre mi hombro. Cuando me levanté, me di la vuelta rápidamente y vi a Nate, el amigo de Jamie. Pero estaba raro, no parecía el mismo de siempre, no se comportaba como era normalmente en clase. Me miraba a mí y solo a mí. Muy quieto, me observaba de pies a cabeza como si nunca me hubiera visto, como si no me conociera de nada.

- Hola...- le dije, pero no obtuve respuesta- ¿que miras?

Sin respuesta. Me acerqué para ver si se encontraba bien y él me agarró por el brazo con fuerza, pero no la suficiente como para no dejarme escapar. Me alejé varios pasos de él y mientras me dirigía al paseo marítimo él empezó a caminar hacia mí. Me di la vuelta para ver hacia donde dirigirme y por el rabillo del ojo pude observar como Nate se reía maliciosamente. Anduve hasta el centro del recinto ferial donde podría pasar desapercibida debido a toda la gente que allí se encontraba. Miré para atrás y él ya no me seguía, o eso parecía. Después de cinco minutos quieta decidí empezar a andar otra vez hacia la salida, supuse que Nate me estaría buscando entre la gente, pero no era así. Estaba apoyado en la puerta principal que llevaba hasta el aparcamiento, me estaba esperando, o eso me parecía a mí. Y acerté. Me acerqué despacio como quien no quiere la cosa pero no resultó efectivo, Nate me había visto y empezó a andar hacia mí. Se paró a unos cinco metros y sonrió.

- ¡Juliet! ¿Me estás evitando?
- Oh. Hola- le dije para parecer despistada- no, no te había visto.
- Ya, claro. ¿Tienes algo malo que contarme y por eso me evitas?
- ¿Yo a ti? Nada.
- ¿Seguro? Yo creo que te equivocas.
- Me tengo que ir- mentí- llego un poco tarde.
- Te llevo- dijo señalando con la cabeza un Porsche de color azul marino- es mejor que ir sola.
- No, tranquilo viene a buscarme Hanna- volví a mentir- la acabo de llamar.
- Oh...pues creo que no puede venir.
- ¿Cómo lo sabes?
- Lo sé porque la vi en una discoteca de las afueras con un chico.
- Pues esperaré de todas formas- dije entrecortadamente- no tengo reparo en esperar.
- Pero a mí no me gusta que pases frío aquí sola.
- No tengo frío- era verdad, temblaba porque tenía miedo, miedo de Nate- y no estoy sola, esperaré en el recinto que hay mucha gente.
- Pero estás sola igual- me guiñó un ojo- no hay nadie que conozcas. Solo yo, asique estarás conmigo.
- Vale- dije cansada de evitar lo inevitable- pero solo hasta que vengan a buscarme.
- Muy bien- dijo satisfecho.
- ¿Te gusta la noria?
- No me agradan las alturas y aún así nunca he montado en una.
- Pues hoy es tu día de suerte.
- No, gracias.
- Vamos, será divertido. Si te sientes mal solo debes decírmelo y te sacaré de allí sin más.
- Vale.

Cuando montamos en la noria esta se empezó a mover lentamente y en cinco eternos minutos nos encontrábamos en lo más alto de ella. Nerviosa me acerqué a Nate y él me respondió con una sonrisa despreocupada como diciendo << tranquila yo estoy aquí>> pero eso no me relajaba del todo. La noria empezó a descender y justo cuando quedaban diez metros para tocar el suelo la portezuela de la cabina se abrió y yo aterrada resbalé y me precipité por el vacío. Cuando caía rápidamente pensé que todo se había acabado, que iba a morir pero para mi sorpresa alguien me cogió despacio y me bajo hasta el suelo, en uno de los muelles que rodeaban a la noria. Estaba oscuro pero cuando abrí los ojos vi algo que me asombró. Nate me sostenía en brazos aún, lentamente me dejó en el suelo mientras yo lo miraba aturdida...me había salvado la vida pero ¿como?

- ¿Como...?
- No digas nada- me interrumpió- te dije que si te pasaba algo te sacaría de allí, ¿no?
- Si- dije alucinada.
- Pues eso he hecho.
- ¿Pero como me cogiste? Me caí de la cabina abajo, eso es imposible a menos que...
- ¿A menos que...?- dijo él como si no supiera de que hablaba.
- A menos que pudieras volar- me miró con gracia y añadí avergonzada- o que seas capaz de parar el tiempo y mientras yo quedaba parada en el aire salieras de la noria y te colocaras justo donde yo iba a caer.
- Eres muy imaginativa- me rozó la mejilla con sus dedos y me ruboricé- eso me gusta.
- Pero es que no hay otra explicación. ¿Cómo lo has hecho?
- Pues te lo cuento si me dejas llevarte a casa.
- Bien, vamos- me daba igual irme con él, me había salvado la vida- pero debes contármelo todo.
- Vale. Pues yo soy...

Me desperté de repente por el sonoro timbre del despertador, normalmente me despertaba con la dulce voz de mi madre pero ella no estaba en casa, estaba yo sola y por eso tenía puesto el despertador. Me levanté soñolienta, estaba cansada y confundida, aquel sueño parecía tan real como la pesadilla de la noche anterior. Esa pesadilla había sido horrenda pero el sueño de esta noche había sido, a mi manera, bastante interesante. Me había gustado sentirme protegida por Nate, aunque al principio tuviera miedo de él por como me miraba. También me hizo sentir mejor el echo de que me salvara la vida, aunque no había logrado escuchar la explicación que yo tanto deseaba en ese momento, la duda aún me recorría el cuerpo. Era un sueño pero parecía tan real...
Me marché de casa temprano y en vez de ir hacia la parada como todos los días, fui en la dirección opuesta, hacia la parada de Nate. No sabía porque lo hacía pero tuve ese impulso, quería saber la verdad, aunque era muy consciente de que aquello fuera un sueño pensé que ir a junto de él sería una buena forma de aclararlo todo. Cuando llegué apenas había gente, Ámber, Florence y Jamie estaban en las escaleras y en la marquesina estaban dos chicas de primer curso mirando alegremente hacia donde se encontraba Nate, que estaba escuchando música de su iPod. Las chicas lanzaban miradas coquetas hacia él hasta que yo me puse en medio y corté la conexión entre ellos por lo cual las chicas me miraron enfadadas. Me senté a su lado y él se quitó los cascos, los enroscó al rededor del iPod y lo metió en la mochila.

- Hola Juliet- me sonrió- ¿y tú por aquí?
- Me he quedado dormida- mentí- el otro autobús pasa rápido por nuestra parada y no estaba segura de si llegaría a tiempo. ¿Te molesto acaso?
- Ah. ¡No que va!- dijo alegre- no molestas en absoluto, es más me alegro de que estés aquí.
- ¿A sí?- dije sorprendida.
- Sí, eres buena chica y me caes bien. Me alegro de que estés aquí porque así te sientas en el autobús conmigo.
- Oh, vale. Gracias.
- ¿Gracias? ¿por qué?
- Porque no sabía con quién me tocaría sentarme si no encontraba a nadie por mi cuenta. Así voy con alguien que conozco y que me cae bien.
- Bien, pues me alegro de que los dos estemos de acuerdo.
- Y yo.

Llegó el autobús y dos minutos más tarde nos encontrábamos en la parte de atrás del autobús sentados los dos juntos como habíamos querido desde el principio. Cuando nos sentamos me fijé en que las dos chicas de la parada me fulminaban con la mirada mientras se sentaban al lado izquierdo de donde nosotros estábamos y como no, era por Nate, yo estaba contra la ventana y él hacia el pasillo. El autobús arrancó y Nate me miró y me dedicó una amplia sonrisa.

- ¿Qué tal la noche?
- Bien. ¿y tú?
- Bien. He tenido un sueño bastante interesante. ¿Tú has soñado algo?
- Sí. Ha estado bien pero me he despertado en la parte más emocionante- me sonrojé al decirlo y recordar aquella caricia.
- Igual que yo- dijo entre risas- lo bueno siempre se hacen derogar.
- Sí, supongo- respondí entrecortadamente, ¿acaso él había soñado lo mismo? ¿o simplemente era una casualidad que me preguntara sobre que tal había dormido?
- Bueno y...¿puedo saber que has soñado?
- Nada interesante...
- Yo creo que no.
- Es cierto, solo he soñado que montaba en noria por primera vez- él me miró extrañado por lo que añadí- y pienso que debería hacerlo de verdad, me ha gustado la sensación que he tenido cuando lo hacía en el sueño.
- Oh. Los sueños como ese pueden ser deseos del subconsciente ¿sabías?
- No, no lo sabía.
- Pues ahora ya lo sabes. Ah, por cierto, si quieres ir a dar una vuelta hasta el recinto ferial y montar en la noria yo mañana estoy libre.
- Bueno...no sé si me dejarán.
- Tranquila de eso me encargo yo- me guiñó un ojo y añadió- mañana a las ocho y media paso por tu casa y te recojo.
- Bueno pero tendré que preguntar a mi madre.
- Ya te he dicho que me ocupo yo. Tú no le digas nada. Ya hablo yo con ella cuando te vaya a buscar.
- Vale.
- Bien, mañana a las ocho y media. ¡Acuérdate! - me dijo mientras bajaba del autobús y se alejaba.
- No lo olvidaré- le grité yo.

Entré en clase y me senté, como siempre, al lado de Hanna a la que no veía desde hacía unos días, solo por las mañanas. Cuando la profesora Stephenie llegó yo miré a Jamie que miraba para mí sonriendo y yo le devolví la sonrisa. Luego miré a Nathan que estaba absorto en lo que decía la profesora, y por último, miré hacia el pupitre de Nate que me dedicó un leve movimiento de cabeza seguido de un guiño con el ojo derecho y yo le saludé con una sonrisa de oreja a oreja un tanto exagerada. Un avión de papel aterrizó en mi mesa y alguien de la fila de alante carraspeó, era Jamie, que me indicó que leyera lo que había escrito en el avión de papel. Lo abrí y observé lo que había escrito con un bolígrafo azul << ¿Ya te has olvidado de que hoy quedamos o puedo estar tranquilo? :) >> a lo que yo contesté << No tranquilo no me he olvidado :P >> se lo lancé de nuevo y este aterrizó como una pluma en el medio de la mesa. Él se giró, sonrió y asintió.

- Bueno, ¿tines cosas que contarme?- le dije a Hanna en el recreo.
- Sí. ¿Tú?
- Sí, pero empieza tú primero.
- Bien, pues esta noche me he escapado de casa para salir con un chico monisimo y hemos ido a la discoteca. No sabía que abrían por la semana.
- Oh. ¿Es del colegio?- en mi sueño Nate había dicho que la viera en una discoteca de las afueras de la ciudad, ¿mi sueño era real?
- No. Va a la universidad. Se llama Neithan. Es muy majo y divertido, además es mucho más guapo y mayor que todos estés de aquí- dijo hablando de los chicos del instituto.
- Ha, ha...que mala.
- ¿Y tú que?

Le conté lo sucedido con Nathan el día anterior, le recordé la "cita" de hoy y le dije que había quedado con Nate para ir al recinto ferial a dar una vuelta. Resumiendo todo lo que pude pero sin saltarme nada importante, bueno solo me salté una cosa, mi sueño de esa noche.

- ¡Guau! Como ligas...los traes a todos de cabeza.
- Boh. No digas tonterías.
- Vale. Y bien, ¿te vas a poner la ropa que te dije para esta tarde?
- Lo siento pero no, es jueves no es día de juerga. Voy a ir así vestida, me cambiaré la camiseta y punto. Eso sí- tragué saliva y añadí- déjamela igual, me la voy a poner mañana.
- ¿Mañana? ¿Para el paseo con Nate? Uhhh...no te veía yo venir eh.
- ¿Me lo dejas o no?
- Sí. Tienes razón lo de hoy no es nada, quedasteis por la tarde, pero lo de mañana es mejor. Es por la noche y hay que ir bien arregladitas.
- Pues eso, yo voy subiendo que va a tocar.
- Vale, yo me voy a acercar al portal de la entrada que va a pasar por aquí Neithan. Nos vemos luego en clase.
- Chao.

Cuando acabaron las clases, llegué a casa, comí lo más rápido que pude y hice los deberes a correr. Tenía que prepararme para la tarde que iba a pasar con Jamie. Cuando llegó la hora de irme, cogí mi bolso, me lo puse en el hombro y me fuí a la plaza. Eran las cinco y media justas y él ya estaba allí sentado en los bancos que rodeaban la fuente grande que había en el centro de la plaza. Él se incorporó, me dedicó una sonrisa que yo acepté alegremente. Se fue acercando a mí a medida que yo también hacía lo mismo, iba arreglado, con una camisa negra y unos pantalones vaqueros blancos acorde con sus Converse negras y blancas. Yo iba con mis pantalones vaqueros pitillo de color rojo, una camiseta de manga larga blanca y mis manoletinas negras.

- Hola Jamie- dije yo.
- Hola- sonrió- estás muy guapa.
- Gracias, tú también estás guapo.
- Bueno...¿quieres un refresco?
- Si, por favor.
- ¿Qué tal estás?
- Bien. ¿Tú?
- Bien.
- Me alegro. ¿Qué vamos a hacer?
- Pues podemos acercarnos hasta el cine si quieres.
- Vale, hace tiempo que no voy.
- Pues vamos entonces.

Entramos en el cine y Jamie pagó las entradas mientras yo compraba las palomitas y las bebidas. Cuando entramos en la sala, observé que no había mucha gente y mientras nos sentábamos la película empezaba. Íbamos a ver Cuando sale el Sol una película que nunca había visto. Mientras él miraba atentamente hacia la pantalla yo me limité a pensar en lo que había soñado esa misma noche y me ruboricé al acordarme de Nate. Jamie me miró y me sonrió como si nada, él estaba absorto en la película.

- ¿Te aburres?
- No. Solo estoy pensando, no me puedo concentrar en la película.
- Pues está muy interesante. Inténtalo.
- No sé no estoy cómoda.
- A ver- dijo mientras pasaba su brazo sobre el respaldo de mi butaca y me sonrió- ¿así mejor? si quieres puedes apoyar tu cabeza en mi hombro, no me importa.
- Gracias- dije mientras me apoyaba en él.
- De nada.

Cuando acabó la película yo estaba casi dormida, apoyarme en Jamie no había sido la mejor idea que había tenido, estaba cansada y no podía con los ojos.

- Bueno me tengo que ir- dije cansada- nos vemos mañana en clase.
- Vale, si yo también me voy, es tarde- dijo con una sonrisa.
- Adiós.
- Adiós Juliet- me dijo mientras me abrazaba.

Después de separarnos un poco y de dedicarle una pequeña sonrisa, él se acercó poco a poco hasta que sus labios se toparon con los míos y nos fundimos en un beso lleno de energía, pero yo no podía hacerlo, no podía y me separé de él.

- ¿Qué pasa?- dijo él con cara de asombro.
- No podemos hacer esto...
- ¿Por qué? Tú quieres y yo también.
- Florence...no sé.
- No sabe nada- dijo mientras me acariciaba.
- No- resoplé y de un manotazo le aparté la mano de mi cara- adiós.

Giré sobre mi misma y me dirigí hacia mi casa, sin saber porque me sentía muy mal, estaba pálida, cansada y no tenía ganas de pensar en nada que no fuera el tremendo error que acababa de cometer con él. Era lo que siempre había deseado pero cuando ya lo había conseguido algo me hizo retroceder. Era como si el Jamie del que estaba enamorada ya no existiera, no me había puesto nerviosa, me fue indiferente su reacción, solo me sentía culpable.
Llegué a mi casa a las nueve y como mañana había colegio no tardé ni media hora y me metí en la cama de cabeza.
A la mañana siguiente me desperté con la dulce voz de mi madre y no con el ruidoso despertador. Esa noche había sido tranquila a excepción de lo que me había costado dormir aunque estaba demasiado cansada y porque había soñado con Jamie y con aquel beso que para mí no representaba nada más que un sentimiento de culpabilidad enorme. Me vestí, desayuné, me despedí de mi madre y salí como una bala hacia la parada de Nate, sin saber exactamente porque lo hacía, decidí ir a junto de él.

- Hola- me dijo él mientras yo me sentaba a su lado- no sabía que ibas a volver.
- Ni yo tampoco, pero me ha apetecido venir.
- ¿Qué te pasa?
- Nada. ¿Por qué?
- Te noto rara.
- Ayer Jamie me besó- le solté. No sabía porque pero confiaba en él como para contárselo- al salir del cine.
- Oh...que bien.
- ¡No!- le grité- ha sido un error descomunal, él está con Florence y eso no le importó para nada.
- ¿Pero no era que él te gustaba?
- Sí pero ahora ya no, es como si nunca me hubiera enamorado de él pero...un momento- me paré en seco- ¿tú como lo sabes?
- Oh. Se te notaba en clase cada vez que él te miraba. O cuando él está en la pizarra con los ejercicios y tú te quedas pasmada mirándolo.
- Ah...¿tanto se me nota?
- Corrijo, se te notaba. Sí.
- Vale...soy estúpida.
- ¿Por qué dices eso?
- Pues porque siempre me enamoro de la persona equivocada y para una vez que esa persona me acepta y me responde como yo espero que lo haga me siento culpable por corresponderle.
- Solo ha sido un beso.
- Ha sido un beso sí, pero y si no me llego a apartar ¿qué?
- Te apartaste...eso a Jamie no le gusta nada. Enhorabuena.
- ¿Por qué?
- Porque si ahora resulta que ya no estás enamorada de él y te has apartado, él ya no intentará volver a hacerlo. Aparte así estarás más centrada en otras cosas como los estudios o otros chicos, como yo.
- ¿Tú?
- Sí, yo. Me debes una noche, en concreto esta.
- Oh...ya, no lo he olvidado.
- Eso esperaba.
- Llega el autobús.
- Subamos.
- ¿Entonces, a las ocho y media?- dijo mientras nos sentábamos.
- Supongo, eres tú el que lo planeó.
-Ya pero por si necesitas tiempo para prepararte y así...no sé.
- Oh, no pasa nada el tiempo me llega. Tengo toda la tarde para eso.
- Bien- me sonrió.


6 comentarios:

  1. Hola, ¿podrías poner la letra un poquito más grande? Me cuesta muchísimo leerlo u.u
    Gracias ^^

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    1. Vale, es que no sé por que se puso así la verdad u.u

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  2. Hola!! una amiga me dijo de este blog y me animó a leerlo. Realmente está genial!! Sigue escribiendo, lo único si puedes hacer la letra un poco más grande... que es q no se ve XD

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    1. Me alegra que te guste :) pues espero que sigas leyendo :)

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