miércoles, 9 de mayo de 2012

Capítulo 4

Capítulo 4

Cuando llegué a clase, Hanna me estaba esperando sentada encima de la mesa y posó su mochila en la silla. Dejé la mía en el suelo y me senté a su lado.

- ¿Qué tal la cita?
- ¡Cállate! Por favor...
- Ehhhh... ¿Qué pasa?
- Fuimos al cine y me besó cuando me iba a ir.
- Oh...¿ y eso es malo?
- ¡Sí! ¿No lo entiendes?
- No...
- A ver yo deseaba más que nada en este mundo que él me besara pero cuando lo hizo no sentí nada bueno, me sentía culpable por hacerle eso a Florence...ella no se lo merece por mucho que me caiga mal. Pero lo que más me repatea es que no sentí nada. ¡El día anterior estaba enamorada de él y ahora ya no siento nada! ¿Qué me pasa?
- Joder...que mal tía. No sé que decirte...
- No me digas nada, solo te pido que no me hables más de ello...haber si lo olvido.
- Está bien...no digo nada más. ¿Y lo de hoy?
- Pienso ir igual, Nate no tiene nada que ver en esto.
- Me parece bien. Ah...la ropa ¿te la doy?
- Sí, por favor...
- Toma.
- Gracias.
- De nada, estoy aquí para lo que necesites, ya lo sabes.
- Lo sé. Eres mi mejor amiga y sé como eres.
- Eso me gusta saberlo.

Como el resto de los días, el recreo, cuando más lo necesito, llega demasiado lento. Cuando llegó por fin, salí corriendo, no aguantaba más allí dentro, era coma una jaula de la que no podía salir. Salí afuera y respiré hondo, el aire entró rápidamente por mi nariz y me tranquilicé, no podía seguir así, no podía seguir pensando en Jamie. Mientras me sentaba en un banco del porche cerré los ojos y respiré mas aire puro, ya estaba más tranquila hasta que abrí los ojos de nuevo y apareció él, Jamie. Intenté escabullirme por algún lado sin resultado, él se sentó a mi lado y me cogió por él hombro empujando con fuerza para que no me levantara del banco.

- ¡Me haces daño!- le grité dolorida- ¡suéltame!
- Dime una cosa antes. ¿Qué te pasa? ¿por qué me evitas?
- No me pasa nada y no te evito.
- Ya claro- dijo mientras me apretaba más el hombro.
- Enserio, no quiero hablar contigo- pero él no se movía- ¡Suéltame de una vez!
- O si no ¿qué?
- O si no te tendré que apartar yo- dijo una voz masculina que yo conocía, miré hacia aquella figura esbelta y musculosa, era Nate- suéltala o tú y yo tendremos un problema.
- Oh...no sabía que este de aquí era tu protector- dijo mirándome con enfado y luego miró a Nate- lárgate tío deja que tu amigo se ocupe de tu amiga.
- ¡Ni de coña! No pienso dejarla a solas contigo, sabe Dios lo que le haces...y no soy tu amigo.
- Sabe Dios- repitió entre risas- esa es buena. Amigo, aliado, que más da.
- ¡Suéltame ya!- le dije y seguidamente le mordí el brazo.
- Pero que...- dijo entre gemidos- tú no te mueves de aquí.
- ¡Suéltame ahora mismo!- le advertí de nuevo- es la última vez que te lo digo.
- Oh que miedo...estoy temblando.
- Se acabó- dijo Nate lanzándose contra Jamie y derribándolo hasta dejarlo en el suelo y llevarme a mí con él, ya que Jamie no me había soltado- te he avisado.
- ¡Au!- aullé- ya basta.
- No ahora ya no voy a parar- dijo Nate.
- Ni yo- dijo Jamie- no después de que este me tirara al suelo por algo en lo que no se debería meter.
- Pues ven y enséñame lo que sabes- le respondió él con una cara de satisfacción- te estoy esperando.
- Por favor- solté yo- Nate, no vale la pena.
- Por lo que te ha echo yo le daría una buena...
- Te daré yo a ti dirás- dijo Jamie abalanzándose sobre él, pero lo esquivó como si nada.

Mientras ellos estaban concentrados en esquivar puñetazos, ganchos bajos, patadas, codazos y de todo lo que allí había yo intentaba hacer algo pero no sabía que más decir. Nate le dio un puñetazo con la derecha en la mandíbula de Jamie y este gimió de dolor, sangraba por la nariz como una fuente y me dieron arcadas. Después Jamie le dio una patada a Nate en la barriga dejándolo en el suelo gritando de dolor, por lo yo me asusté y por lo que Jamie disfrutó dándole más patadas. Como ya no podía aguantar más me lancé sobre Jamie y lo tiré al suelo cayéndome encima de él por lo que me sentí orgullosa, ya que así Nate se podría levantar. Jamie se intentaba zafar de mí pero yo le atesté un cabezazo y este rebotó al chocar contra el suelo. Me empujó con las manos y se levantó. Antes de que yo me incorporara me dio una bofetada y me agarró por el pelo pero Nate lo agarró por el cuello y él me soltó para poder librarse de Nate. Cuando me levanté agarré a Jamie por un brazo y a Nate por otro y los separé, ya había sonado el timbre y era hora de entrar en clase. Una profesora salió al patio y mandó a todo el mundo para adentro, Nate me agarró del brazo y me escondió con él en un arbusto dejando solo a Jamie, al cuál mandaron para dentro.

Después de cinco minutos Nate me acompañó a la enfermería donde nos atendieron con rapidez, nos limpiaron las heridas y nos mandaron para clase. Al entrar Jamie no estaba, supuse que estaría en el despacho de la directora o en la enfermería después de irnos nosotros, pero no me importaba en absoluto.

Cuando llegué a casa mi madre me vio el golpe que tenía en la cara y yo le puse la excusa de que me callera por las escaleras del colegio. Ella no se lo tomó muy bien pero lo comprendió, me hizo de nuevo las curas y después de comer me mandó a hacer los deberes. Me pasé la tarde entera haciendo los deberes despacio para pasar la tarde, no quería salir a la calle para ver si así me dejaba salir después con Nate. Aunque se hubiera peleado con Jamie eso me dio igual, quería estar con él, no sabía por qué pero era lo que quería. Decidido esto, me pasé toda la tarde metida en casa, me empecé a arreglar a las siete y media, supuse que con una hora me daría tiempo de sobra. A las ocho y media justas sonó el timbre de la puerta y mi madre abrió.

- Hola, venía a buscar a su hija para llevarla al recinto ferial.
- Oh, hola. No sabía nada, pasa está en su habitación- escuché decir a mi madre desde el final del pasillo.
- Ya voy. Solo tengo que calzarme.
- Vale.
- Ya estoy- dije colocándome el chaquetón para que mi madre no me viera el vestido- ¿vamos?
- Sí.
- Adiós mamá.
- Adiós Juliet.

Cuando bajamos a la calle le pedí a Nate que esperara en el coche que tenía que hacer una cosa en el sótano. Bajé corriendo las escaleras y me metí en el pequeño cuarto para cambiarme. Me solté el pelo que tenía recogido en un moño y el pelo recién alisado cayó sobre mi espalda, me quité el pantalón que me había puesto para disimular y quedé con las piernas descubiertas, y por último me puse los tacones negros, tan altos que daban vértigo, que combinaban con el vestido azul de palabra de honor corto, por encima de las rodillas. Subí las escaleras, esta vez más despacio para no caerme mientras metía todo en el bolso. Cuando salí por el portal una leve brisa me hizo temblar pero no hacía frío, era por los nervios...¿que diría Nate al verme? Abrí la puerta del Porsche y con cuidado me senté en el asiento del copiloto.

- ¡Guau!- dijo él con la boca abierta- ¿has ido abajo para esto?
- Sí...¿tan mal estoy?
- No pero para la próxima avísame, antes de que me dé un infarto. Estás increíble.
- Gracias- me sonrojé- muchas gracias.
- De nada. Ponte el cinturón.
- Vale, vamos.

Al llegar al recinto ferial aparcamos en primera fila, casi no había gente, estaba todo muy tranquilo pero se estaba bien. Salimos del coche y una brisa me volvió a invadir por completo pero era una brisa cálida. Entramos dentro y vimos la noria a lo lejos, todo lo que yo había soñado cobró vida de repente. Un pequeño escalofrío me recorrió el cuerpo pero Nate no se enteró. Nos acercamos a uno de los pasillos del muelle y nos sentamos en el borde, estaba oscuro, no tenía miedo porque él estaba conmigo. Me sentía muy segura a su lado, no había nada mejor que aquel momento, me gustaba su compañía. Nos descalzamos y metimos los pies en el agua, que estaba algo fría, me estremecí y Nate me ofreció su chaqueta, me la puso sobre los hombros despacio. Llevaba unos pantalones negros y una camisa blanca, parecía que tuviera frío asique decidí acercarme a él. Poco a poco me acerqué hasta que nuestras piernas se tocaron y le pase la chaqueta sobre su espalda, era bastante grande y cogíamos los dos.

- Gracias- dijo él con una sonrisa.
- De nada. Los dos tenemos algo de frío, hay que compartir.
- Verdad, verdad...-dijo asintiendo.
- Oye- dije mientras miraba su cara, a la mañana estaba llena de cortes y sangre, ahora no había nada de nada- no tienes ninguna herida en la cara. ¿Cómo...?
- Oh. Se van rápido- dijo extraño.
- Ya pero algo tendría que quedar, un rasguño o algo.
- Tranquila Juliet, es mejor dejar ese tema. No he venido aquí para hablar de una pelea.
- Vale. Mejor que esteas bien y no que no te pudieras ni mover. Quiero verte bien, eso me hace sentir bien a mí- se me escapó.
- Entonces me alegro de estar bien- sonrió.
- Y yo también me alegro.
- Vamos. Tenemos algo pendiente.
- ¿El qué?
- Te prometí que montaríamos en la noria.
- Ah...eso. Vale.
- Venga- dijo mientras me ayudaba a levantarme- vamos.
- Vamos.

Había poca gente en la cola y subimos en menos de dos minutos, esta vez llegamos arriba en menos tiempo de lo que había pasado en mi sueño y esta vez no tenía miedo. Cuando se paró para que los que estábamos arriba observásemos lo que nos rodeaba Nate se acercó a mi y yo dejé que lo hiciera, le volví a pasar la chaqueta por encima y él asintió con la cabeza. En un impulso que me dio cuando la noria se volvió a mover le agarré la mano a Nate y no la quería soltar, él me miró.

- Tranquila- susurró a mi oreja- si quieres salir ya avísame.
- Me he asustado, nada más. Estoy bien.
- Vale.

Cuando bajamos de la noria aún seguíamos cogidos de la mano, me dí cuenta de que él también se enterara en ese momento y sonreí avergonzada. Él era diferente, había algo en él que no acababa de entender, algo que me hacía sentir muy cómoda a su lado, muy protegida. Cuando pensé que íbamos a comer algo Nate se dirigió al aparcamiento. No, no quería volver, aún no.

- ¿Ya nos vamos?
- No, quiero que veas un sitio. Es precioso.
- Oh, vale.
- No tardaremos ni cinco minutos en llegar- dijo mientras me soltaba la mano para abrir la puerta del copiloto.

Llegamos a un acantilado, de uno cincuenta metros de altura por lo menos, las olas rompían con fuerza contra la tierra. Nos sentamos en uno de los bancos que había en los miradores. Enfocados por una pequeña farola que había cerca nuestra, estábamos solos, completamente solos.

- Me a gustado la noria- dije yo al fin- ha sido muy bonito.
- Sí, desde ahí arriba una persona normal se siente el rey del mundo.
- Supongo- dije confusa y añadí- perdón por agarrarte tan fuerte de la mano cuando empezó a moverse de nuevo.
- Oh, tranquila me a gustado mucho que te agarraras a mí, eso significa que debo de ser una especie de protector.
- Sí- dije nerviosa- me siento bien a tu lado, es algo raro que nunca había sentido. Me siento muy segura contigo.
- Me parece bien- dijo sonriendo- a mi me gusta estar cerca de ti.
- Y a mí.

El silencio dio paso a los nervios que brotaban en mi cuerpo, las manos y las piernas me temblaban como gelatina. Nate se acercó más y me abrazó, pegándome por completo a su cuerpo. Olía muy bien, como a lavanda y vainilla, me gustaba su olor, me gustaba sentir su pecho y su corazón latir lentamente.

- Abrígate, hace frío.
- Así estoy muy bien. Gracias.
- De nada- dijo mientras acababa de colocar la chaqueta a mi alrededor- Juliet- me susurró al oído.
- ¿Qué?
- No te lo he dicho antes pero...- me agarró la cara y miró directamente hacia mis ojos- pero estás preciosa, no solo hoy, siempre.
- Gracias.

No sabía que hacer si bajar la vista o si aguantar un poco más a ver que hacía él. Escogí lo segundo y cuando me quise dar cuenta ya era demasiado tarde, su cara se acercaba a la mía, nuestras miradas no se separaron en ningún momento hasta que nuestros labios se fusionaron.

Eramos uno, sus labios sobre los mios, ese beso tan dulce y apasionado. Cuando había besado a Jamie solo había sentido mucha energía pero este beso era todo lo contrario, era la primera vez que no quería parar, no quería que acabara nunca. Ese beso era lo mejor de mi vida, era un momento único para los dos y muy íntimo. Lentamente separamos nuestros labios aprovechando todo lo que podíamos.

- Yo...- tartamudeé.
- ¿Qué? ¿Te arrepientes? Lo sabía...
- ¡No!- grité- o sea, no, no me arrepiento...la has fastiado- dije entre risas.
- ¿Por qué? ¿Qué he echo mal?
- Has hablado y no me has dejado terminar la frase.
- Vale, borrón y cuenta nueva. Decías...
- Decía que yo...- él asintió- se que es un poco precipitado pero creo que... que yo te quiero- solté de golpe.
- Oh... si que la he fastidiado- sonrió avergonzado.
- Ya...
- Yo también te quiero. Me gusta mucho besarte.
- Y a mí.

Esta vez la que se adelantó fui yo, le acaricié la cara y lo besé despacio, con temor de que me rechazara pero él me apretó contra su pecho y me besó con pasión, con dulzura y con amor. Beso tras beso se pasaron los minutos y se hacia más tarde.

- Debo volver a casa- le susurré a la oreja- es tarde.
- Tienes razón.
- Vamos.

Se puso de pie y me tendió la mano rápidamente. Los dos íbamos lentamente, viviendo cada minuto como si fuera el último. ¿Quién me iba a decir a mí que él sería la persona que yo estaba buscando durante toda mi vida? Cuando llegamos aparcó el coche en el portal de mi casa y se bajó del coche para acompañarme el pequeño trayecto que quedaba, como no, agarrados de la mano.

- ¿Tu madre no te dirá nada por ir así?- dijo mirándome de pies a cabeza.
- Estará en el trabajo- respondí mirando el reloj- es la una de la mañana y ella no viene hasta las tres.
- Pues si lo llego a saber no dejaba que volvieras aún. El acantilado es un lugar precioso, como tú.
- Ya, pero es mejor así a que me echen la bronca y mañana no pueda salir para verte de nuevo.
- Oh...¿me vas a ver? ¿quién te dijo eso?
- Nadie...pensé que te vería. Pero si no puedes...
- Eh- dijo mirando a mis ojos- era una broma. Si por mí fuera nunca dejaría de verte.
- Y yo igual. Tengo que irme. Te quiero.
- Vale. Te quiero, Juliet.

Y me besó, exactamente como yo me esperaba, fue un beso lento, dulce y lleno de pasión. Sus labios se separaron de los mios y antes de que me diera la vuelta para subir, él me dio un abrazo que yo acepté encantada. Su corazón iba al mismo compás que el mío, me apretó más contra él, con fuerza pero no me molestó, es más se lo agradecía. Después de dos minutos me dí la vuelta y abrí el portal para subir a mi casa. Nate permaneció allí hasta que yo desaparecí. Corrí a la ventana y vi como él abría la puerta de su Porsche y se iba lentamente. Hasta que desapareció por una curva. Me desvestí con rapidez y me puse el pijama, metí la ropa debajo de la cama para que mi madre no la viera. Como no tenía sueño me tumbé en la cama boca arriba, mirando al techo. Me quedé pensando en lo todo lo que había sucedido ese día, como si aún no me lo creyera. Había cosas no llegaba a comprender aún ¿Nate y yo estábamos juntos? ¿Qué había pasado con Jamie? ¿Y Florence?

Después de un buen rato, por fin me quedé dormida.

Estaba en el acantilado al que Nate me había llevado. Sentada en un banco esperando por él, hasta que apareció. Cuando lo vi me puse rápidamente de pie y corrí a sus brazos. Él me recibió con los brazos abiertos y luego me apretó con fuerza contra su pecho. Seguidamente nos fundimos en un beso inquietante, lleno de alegría, dulzura y pasión, como todas las veces en las que nuestros labios se tocaron.

- Te estaba esperando amor.
- Lo sé, por eso he venido- dijo con una enorme sonrisa- no quiero perderte de vista ni un segundo, Ángel.
- Ni yo tampoco.

Mientras dábamos un paseo por el borde del acantilado, empecé a temblar, pero no era por el frío. Tenía miedo y estaba nerviosa pero no sabía exactamente por qué. Nate lo notó y se acercó a mi dedicándome una sonrisa para que me sintiera más tranquila. El echo de que él estuviera allí me alivió pero no del todo. Presentía que algo malo iba a pasar, no sé si era por mí o por él pero lo sentía muy cercano. Al poco rato de que esa sensación se apoderara de mí algo terrible ocurrió. Mientras caminábamos por el borde del acantilado, me resbalé y ahora estaba completamente colgada en el vacío. De no ser que Nate me sujetaba por un brazo yo no estaría viva.

- No me sueltes por favor- susurré.
- Nunca lo haré- dijo en un suspiro- pero es casi imposible elevarte y no se por qué.
- ¿No puedes?- dije inquieta- me estoy resbalando.
- Solo hay una forma- dijo el seriamente- pero tendrás que cerrar los ojos. No puedes abrirlos hasta que todo acabe.
- ¿Me vas a soltar?
- No, pero no puedes mirar.
- ¿Por qué?
- Porque no debes. Hazme caso, si quieres que te ayude no mires.
- Vale- dije cerrando los ojos- ya está.

Al cabo de unos escasos segundos yo estaba sana y salva, tumbada en el suelo con Nate a mi lado. Él estaba completamente agotado, como si se hubiera peleado con alguien durante horas. Cuando se levantó y me tendió la mano para ayudarme me fijé detenidamente en su espalda. La camisa, por donde tapaba la espalda, estaba rota. Tenía dos brechas grandes desde donde empezaba la columna hasta el final de la espalda. Yo me quedé perpleja, ¿como se lo había echo?

- Nate- dije al mismo tiempo que dejaba de mirar la camisa desgarrada- tu camisa...
- ¿Qué?
- Está desgarrada- dije señalándole la espalda.
- Oh, eso no es nada. Se habrá roto cuando te ayudaba a subir.
- No entiendo nada. ¿Por qué no podía mirar?
- Te asustarías.
- Si crees que me asustaría por verte rojo como un tomate al hacer fuerza...no, no me asustaría.
- No, no es eso- dijo con una sonrisa- lo sabrás a su debido tiempo.
- Sigo sin entender nada pero bueno, estoy bien gracias a ti. Eso es lo que importa- le dije mientras le acariciaba el cuello.
- Nunca te soltaría, y si lo hiciera me tiraría contigo.
- Sé que no lo harías. Te quiero.
- Yo también.

Después de alejarnos unos cuantos metros del borde del acantilado, subimos una pequeña cuesta y llegamos a una zona más alta donde había cuevas formadas durante años por la fuerza de las olas al batir contra la tierra. Nate me ofreció su mano para bajar por una de ellas y adentrarnos en su eterna oscuridad. Después de unos cuantos pasos, sin mirar completamente nada, Nate se detuvo.

- Ya llegamos- dijo en un susurro- mira.
- Oh. Es precioso- dije yo cuando vi aquella cueva en la que el agua formaba un círculo de diez metros más o menos, el agua estaba en calma y era de color turquesa, como en las playas del Caribe. Nosotros nos encontrábamos en un altillo en donde había rocas y arena fina que se nos colaban en los zapatos. Era como una playa privada, con la luna reflejándonos desde lo alto, se colaba por un agujero que había en el techo. Era fascinante.- Me encanta.
- Y a mí.
- ¿Sabías de su existencia?
- Si. Desde hace mucho tiempo- dijo satisfecho- y tú eres la primera chica que pisa mi territorio.
- ¿Es tuyo?
- Yo lo he encontrado, yo me lo quedo- dijo riendo.
- Ah. ¿Soy la primera?
- Sí, y la última.
- ¿Sí?
- Sí.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque eres la única a la que quiero. Este será uno de nuestros secretos.
- ¿Habrá más secretos que este? ¿ Y si se los cuento a alguien?
- Sí, hay más que este y más sorprendentes. Si se lo dices a alguien tendré que matarte- se rió.
- ¿Matarme? ¿Cómo?
- Aún no lo he pensado. No he tenido tiempo, he estado muy ocupado.
- ¿Ocupado con qué?
- Con una chica.
- Oh...entiendo.
- Eh- dijo mientras me cogía la cara con las manos- Esa chica eres tú.
- Lo sé. Deberías pensar ya en como me vas a matar- dije entre risas.
- Ya lo he pensado. Ahora mismo mientras te veía.
- ¿Cómo?
- Te voy a matar a besos.
- Esa forma de morir es muy interesante.
- Lo sé, lo he dicho yo.

En un abrir y cerrar de ojos, estábamos envueltos en un profundo beso. Mis manos rozaban su cara, su cuello y su pecho mientras que él me rozaba con las suyas, por la cara, el cuello, los hombros y mi cintura. Cuando nos dejamos de besar, él me dedico una de sus sonrisas que me hicieron sentir la chica más feliz del mundo. Nos sentamos en la arena y él se recostó contra una roca, dio unas palmaditas en el pecho invitándome a apoyarme en él. Su pecho fuerte y los latidos de su corazón me hacían sentir bien, relajada y despreocupada por todo lo que me rodeaba. Nate se puso tenso de pronto y yo me incorporé mirándolo directamente a los ojos, tenía algo que decir, seguro.

- Juliet...
- ¿Sí?
- Hay algo que no te he dicho de mí.
- Tranquilo, puedes decírmelo cuando quieras.
- Yo no soy normal...
- Ya lo sé, eres especial. Para mí.
- No, no es eso. No soy normal, como tú. Soy un...
- Cariño, despierta- decía mi madre mientras me daba palmaditas en el brazo- tenemos que irnos.
- ¿A dónde?
- Tenemos una comida, son las doce. ¿Ya no te acuerdas?
- No. ¿Con quién?- dije incorporándome.
- Te lo dije la semana pasada. Con los padres de Jamie.
- ¿Qué?- no quería verlo y mucho menos estar cerca de él sabiendo lo que podía hacerme.
- Venga...
- Lo siento pero yo no pienso ir.
- ¡Juliet! Si no vienes no te dejo salir por la tarde con Nate.
- ¿Como sabes que voy a salir con Nate, si ni siquiera yo lo sé?
- Porque ha dejado un recado para ti. Se acaba de ir.
- ¿Por qué no me avisaste?
- ¿Quizás porque estabas durmiendo?
- Perdona mamá. Me visto y nos vamos cuando tu digas- le dije al final- pero ¿qué te dijo Nate?
- No pasa nada, debí recordártelo. Pues me dijo que pasaría a recogerte a las cinco pero yo le dije que no podía ser. Entonces a decidido venir más tarde, a las ocho y media como ayer.
- Vale. Me voy a vestir- dije levantándome al fin.
- Ponte guapa. Tenemos que dar buena impresión.
- Lo sé, lo sé.
- Por cierto, Juliet.
- ¿Qué?
- Nate ha dicho que teníais un secreto que ver de nuevo- dijo con cara rara- él es buen chico.
- Vale, gracias. Sí, lo es.

Cuando mi madre desapareció por el pasillo yo cogí la ropa y me fui a duchar. Mientras me duchaba, pensaba en como iba a ser la comida con los padres de Jamie, y por supuesto con él. Me puse nerviosa al recordar lo que había pasado en el recreo, solo que ahora no estaba Nate para ayudarme y plantarle cara a Jamie. Por otro lado, Nate quería quedar para volver a ver nuestro secreto pero eso era imposible, el único secreto que sabía de él era el de la supuesta cueva de mi sueño. ¿Podia ser real? ¿Podia soñar con cosas que iban a suceder?

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