miércoles, 6 de junio de 2012

Capítulo 10


Capítulo 10 

Entré de nuevo en casa y me dirigí a mi habitación. Mientras hacía la cama, recordé todo lo sucedido ayer, la discusión con Nate, el beso de Nathan, dormir con él, la conversación de hoy...todos esos recuerdos afloraron en mi mente y consiguieron su propósito. Acabé llorando, de rodillas en el suelo y la cara escondida entre las sábanas. Las lágrimas parecían no tener fin, pero eso no era lo peor. Lo peor de todo era que Nathan se iba a Amsterdam, Nate no sabía nada de la noche anterior y tampoco sabía que yo estaba al corriente de su labor, cuidarme y protegerme mientras Nathan cumplía su misión. Para colmo, yo no sabía que misión era esa ni tampoco sabía la gravedad del asunto y lo que más me preocupaba era que a lo mejor no volvía. ¿Tan difícil era esa misión? Hasta el termino me daba gracia, "misión" ¿acaso es un super agente secreto o qué? Mi particular James Bond, me hizo tanta gracia que las lágrimas que derramaba esta vez no eran de pena ni tristeza sino de pura gracia.
Cuando acabé de hacer la cama mi etapa de tristeza-alegría cesó y mis pensamientos me dejaron en paz durante el resto del día. Nate no apareció asique pensé que se había tomado nuestra discusión muy enserio, o que tendría cosas mejores que hacer que estar conmigo.
Mientras dudaba si llamarle o no, como si me hubiera escuchado, el teléfono sonó. Era un número que no conocía, respondí con timidez.

- Hola- dije con la voz un poco cortada.
- Hola cielo- su voz era inconfundible, Hanna- ¿Cómo estás?
- Oh, bien. ¿Tú?
- Genial, estoy aquí con Neithan tomando un helado- dijo muy feliz.
- No- susurré.
- ¿Qué?
- Cielo tienes que largarte pero ya de ahí, ¿vale?
- ¿Por qué?- se alteró.
- No, escucha. Haz como si no estuviese pasando nada ¿vale?
- Pero...
- Escucha, sé quien es ese chico, lo conocí hace unos días. Tienes que largarte, pon cualquier excusa y ven a mi casa. Te lo contaré detenidamente.
- Me estás asustando Juliet- acababa de cagarla, él sabía mi nombre- Tengo que dejarte, Neithan quiere que vea una cosa.
- Mierda- dije- no, tienes que venir.
- Chao cielo, un beso.

Colgó. Me dejó hablando sola, diciéndole que debía volver, que ese chico era un ligón y que solo sabía meterse en líos. No escuchó nada de eso, porque me había colgado demasiado rápido. << Estúpida>> pensé, había dicho mi nombre y el imbécil de Neithan se dio cuenta, buscó alguna excusa para que Hanna me dejara de hablar y así no poder contarle nada. Algo en mi interior me decía que ese chico no era trigo limpio, no sé porqué pero lo sabía, era como una corazonada muy intensa. Como no sabía donde se encontraba Hanna, no pude ir a buscarla y como aquel no era su número no me podía arriesgar a llamar de nuevo y que me cogiera Neithan.
Ya que estaba con el teléfono en la mano, decidí llamar a Nate para ver si estaba realmente ocupado o si solo me evitaba. Porque a pesar de que fue todo culpa mía, tenía que explicarle muchas cosas, se lo debía. Busqué su número y le di a la tecla de llamada. Nadie me cogió, pero yo seguía, era una pesada pero era por una buena razón. Al cabo de cinco intentos fallidos, decidí llamar por última vez, alguien me cogió pero no dijo nada.

- ¿Hola?- dije- Nate, no me cuelgues por favor.
- ¿Quién es?- una mujer había cogido el teléfono.
- Pues...yo soy Juliet, ¿quién eres tú?
- Yo soy Crystal.
- ¿Pero este no es el móvil de Nate?
- Si, pero está durmiendo.
- Oh, ¿podrías decirle que le he llamado y que cuando pueda que me devuelva la llamada o que pase por mi casa para hablar de ciertos asuntos?
- Claro, ahora si me disculpas, me voy a dormir.
- Ah...claro, adiós.
- Adiós. 

Me quedo quieta, mientras escucho como Crystal me cuelga. ¿Quién era esa chica? ¿La hermana de Nate? ¿La madre? No quería pensar que ya se había olvidado de mi, pero era lo que parecía. Si él estaba durmiendo, su móvil estaría en la mesilla de su habitación con lo cual Crystal estaba en su cama, ¿no?
Sé que no soy la más indicada para hablar de esos temas, ya que yo he besado a Nathan y si, he dormido con él, pero es mi mejor amigo aunque mis sentimientos nunca se aclaren con respeto a eso. Quería pegarme un tiro, quería desaparecer, quería hacer algo para dejar de pensar.
La ropa de Nathan seguía allí, encima del sofá de mi habitación, decidí llevársela a casa. Cogí las llaves y bajé al garaje, me metí en el coche (un descapotable, era una reliquia de mi padre pero en ese momento no me importó) y salí a toda velocidad.
Sin saber muy bien porqué, aceleré todo lo que pude, me gustaba sentir el viento en la cara y ver como mi cara relucía de felicidad. Me sentía libre, mis pensamientos parecían borrarse solos y eso me gustó, me gustó mucho. La felicidad no duró mucho. Cuando estaba llegando a la casa de Nathan, en una curva un coche vino lanzado hacia mi y yo, que iba a la misma velocidad o más, giré de golpe para evitar el choque pero no sirvió de mucho, la verdad. Todo fue demasiado rápido, en un abrir y cerrar de ojos me vi saliendo por el aire, con la respiración agitada viendo como mi coche iba a acabar mal, muy pero que muy mal, y perdí la consciencia con el impacto. Cuando volví de mi trance, observé mi alrededor. Mi coche había caído por un terraplén, muy cerca de la casa de Nathan, y estaba boca arriba. Había volcado y eso no era lo peor, el coche había caído desde quince metros, fue arrastrado hasta la base del terraplén y había chocado con un gran montículo de tierra que fue lo que provocó a la vez que el coche parara y no acabara peor. Despacio, me desabroché el cinturón, menos mal que me lo había puesto, y me deslicé despacio hasta el suelo. Había tenido mucha, muchísma suerte. El coche era descapotable y no me había pasado nada por ello, mi cabeza tenía una pequeña brecha y me dolía horrores, pero nada más. Cuando toqué el suelo con los pies, que por cierto mi cuerpo parecía mantequilla y me dolía todo, me impulsé sin mucha fuerza hacia fuera y salí de debajo del coche. Me arrastré hasta el montículo y me quedé allí, apoyada en él pensando que tendría que hacer ahora.
Lentamente cogí mi móvil e intenté llamar a mi madre, pero sabía que se pondría histérica y eso no me ayudaría mucho. Decidí llamar a Nathan, pero hoy se tenía que ir a Amsterdam y supuse que estaría en el aeropuerto y no quería retenerlo por más tiempo. Pensé en llamar a Hanna pero no vendría por culpa de Neithan y no lo hice. Solo quedaba Nate, si es que quería ayudarme. Decidí que lo mejor sería llamar a una ambulancia y ya vería después a quien pedía ayuda.

- 061, ¿Qué emergencia tiene?-pregunta una mujer.
- Verá estoy fatal, me he caído por un terraplén y no puedo moverme- contesté en un suspiro.
- Bien, dígame la dirección.
- Pues no la sé de memoria ahora mismo, pero sirve el chip del móvil para rastrearme ¿no?
- Si, ya la tengo.
- Rápido por favor- contesté desesperada.
- Ahora mismo llegamos, tranquila- me tranquilizó la mujer.
- Bien- dije y colgué.

Esperé a que llegaran, pero no me acuerdo de cuanto tiempo pasó hasta que los vi aparecer en la parte alta del terraplén ya que mi cabeza se iba cada dos por tres. Con mucho cuidado halcé el brazo para que me vieran y rápidamente bajaron a por mi con una camilla. Me cogieron con cuidado y me dijeron que no podía dormirme, que tenía que estar despierta y contarles lo que había pasado y eso fue lo que hice. Me metieron en la parte trasera de la ambulancia donde había un joven, asistente médico por lo que pude leer en su placa. Se llamaba Mason.

- Oye, ¿que has echo?-me dijo con una leve sonrisa, que me hizo sonreír a mi.
- Me he caído por un terraplén al evitar un choque contra otro coche.
- Oh- su sonrisa se borró de su cara y miró hacia delante- Dice que había otro coche.
- Nosotros no hemos visto nada- dijo uno de los que me había cogido en la camilla.
- Bueno- Mason se giró hacia mi y me dijo- ¿Cómo te llamas?
- Juliet- dije cansada, los ojos me pesaban.
- Bonito nombre.
- Mason también es muy bonito- sonreí con los ojos entrecerrados- Tengo sueño.
- No, no debes dormir Jul...¿Puedo llamarte Jul?
- Claro, me caes bien- empezaba a delirar, lo sentía- Me cuesta seguir despierta.
- Bueno, haremos una cosa. Cuéntame que has echo hoy.
- Pues...- no podía contarle lo de Nathan, aunque estaba fatal, me di cuenta de ello- me he despedido de un amigo, he echo la cama y mientras la hacia he llorado mucho. Luego hablé con mi amiga Hanna y cogí el coche para hacer un recado.
- ¿Has llorado?- dijo apenado.
- Si, es que no es mi mejor semana.
- Tranquila, mejorará.
- No lo creo, mírame.
- Yo creo que hay que ser positivos. También creo que te vas a poner bien porque yo te voy a cuidar- me sonrió.
- Solo hasta que lleguemos al hospital, luego un medico me atenderá ¿no?
- Supongo- hizo una mueca- pero lo bueno es que yo soy enfermero y me pasaré a visitarte.
- ¿Por qué?
- Eres una chica muy dulce y me caes bien. Ah, y muy guapa.
- Gracias, aunque no estoy en mi mejor momento.
- Pues me gustaría verte en un momento de esos- se rió y yo le acompañé con una risilla de vergüenza, estaba colorada pero no se notaba porque estaba llena de sangre por la brecha de la cabeza.
- Nunca se sabe. ¿Cómo estoy?
- Muy guapa, pero con heridas muy feas.
- ¿Qué tipo de heridas?
- Pues verás- se fijó en mi detenidamente- tienes una brecha en la cabeza que no para de sangrar, algunos rasguños en los brazos y en las piernas, tu pierna derecha está muy mal, creo que está rota, tus pies están bastante bien y bueno hay más.
- ¿Qué más?
- No creo que quieras saberlo, a parte esas partes son privadas- se rió.
- Pues dime que tengo, por favor.
- Vale- me levantó la camiseta- tienes unos cortes pequeñitos en la barriga y uno a la altura del pecho derecho.
- Oh- me bajó la camiseta y yo derramé una lágrima- sigue, ¿qué más?
- Pues tienes un gran corte en...bueno- se paró en seco, me tocó en la parte baja de la cintura y yo grité- ahí, tienes.
- Oh Dios mio, que mal.
- Si te sirve de algo, tu cuerpo es muy bonito debajo de esta ropa toda destrozada- sonrió de nuevo, su sonrisa era adictiva.
- Gracias, aunque no sirve de mucho.
- Hemos llegado- me cortó el conductor de la ambulancia- tenemos que movernos rápido, una señora ha tenido una caída muy fea.
- Nos vemos Juliet- me dijo Mason mientras me bajaban a toda velocidad de la ambulancia- encantado de conocerte.
- Adiós Mason, gracias por todo.

Cerraron las puertas de la ambulancia y perdí de vista a Mason. De repente un calor inmenso me recorrió el cuerpo, entramos en el hospital me metieron en otra camilla y me llevaron al ascensor. Mientras me hacían un chequeo para ver como estaba, perdí la consciencia.

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