viernes, 1 de junio de 2012

Capítulo 7


Capítulo 7 

En cuanto me desperté, estaba empapada en sudor y la verdad es que no recordaba nada de lo que había soñado salvo que en mi sueño aparecía Nate. Me levanté rápidamente y me fuí directa a la ducha, necesitaba ocupar mi tiempo en otra cosa y no torturarme pensando en que había soñado y también tenía que quitarme el sudor y el olor de encima. En cuanto acabé me sequé el pelo y lo recogí en un moño echo de cualquier manera y me enfundé unos pantalones vaqueros con una camiseta marrón que llevaba un cinto fino a la altura de la barriga. Cogí mi chaqueta de cuero y las llaves de casa, me puse unos botines de poco tacón y salí de casa. Como quería ir a ver a Nathan, ya que hoy tenía partido, pensé en llamar a Nate pero por si acaso no lo hice ya que podría estar durmiendo o tendría cosas que hacer. Al fin me decidí y cogí mi querido coche, un precioso BMW descapotable negro como el azabache. Me adentré en la autopista, después de diez minutos cogí la primera salida a la derecha y seguí recto hasta que me encontré con un cartel que ponía << Campo de fútbol >> y giré a la izquierda. Aparqué justo delante de la puerta donde había un grupo de chicos que supuse que serían del otro equipo. Uno de ellos se me quedó mirando, como si me conociera o estubiera estudiando cada parte de mi cuerpo, abrió la boca para decir algo pero no pronunció ninguna palabra. Entré y me senté en primera fila, saqué de mi bolso el móvil y le mandé un mensaje a Nathan << Ya estoy en el campo y no te veo, ¿dónde estás?>>. A los cinco minutos recibí un mensaje con la respuesta de Nathan << Ya llegué. Te estoy viendo. Te quiero Jul>>, miré para todos lados hasta que lo ví apoyado contra la columna de la entradad hablando con sus colegas de equipo. Me dedicó una sonrisa y un leve movimiento de cabeza, quería que me acercara, y eso fue lo que hice.

- Hola Juliet- dijo sonriendo.
- Hola Nathan- le dije mientras le abrazaba.
- ¿Qué tal ayer?
- Bien, está todo solucionado.
- Me alegra mucho oír eso- dice alegremente.
- Gracias, por todo. No solo por ayudarme a hacer lo correcto con Nate, si no también por apoyarme y por entenderme a la perfección, como sueles hacer.
- No hace falta que me des las gracias, para eso estoy, soy tú amigo.
- Si, espero que eso nunca cambie.
- A menos que cambie para mejor...- le fulmino con la mirada para que se entere de que se a donde quiere llegar y no estoy de acuerdo- era una broma eh...tranquila.
- Más te vale- me rio por lo bajo- tienes que cambiarte.
- Voy. Te veo luego.
- Si. Voy a las gradas.
- Vale. Adiós.
- Suerte- digo mientras le guiño un ojo con descaro.

Me alejo de él y me dirijo hacia las gradas. Cuando llego, una chica se sienta a mi lado, es rubia, alta, de piel pálida pero hermosa y unos ojos azules perfectamente decorados con unas motitas de color gris. Se gira hacia mi y me dedica una sonrisa maliciosa, no sé quien es pero siento que la conozco de hace años. Me concentro en el partido que acaba de comenzar, Nathan está de lateral derecho esta vez, siempre lo cambian de sitio porque juega muy bien en todas las colocaciones posibles, incluso de portero. La primera parte finaliza y la chica se levanta, se acerca al banquillo del equipo contrario y un chico se le acerca. Ella le rodea el cuello mientras él le coje de la cintura y le besa, entonces me doy cuenta de quien es él, es el chico que me había observado detenidamente antes de entrar. Mientras pensaba en eso Nathan se acercó a mi y me susurró:

- Si marco un gol te lo dedico ¿vale?
- Oh!- me levanté de golpe- Que susto...eh...vale- le sonrei.
- Me voy al campo.
- Vale.

En cuanto Nathan se metió en el campo y ocupó su posición, la segunda parte del partido comenzó. Tal y como Nathan dijo, me dedicó cada uno de los goles que marcaba, hacía tiempo que no lo veía tan bien. Marcaba cada dos por tres, ya levaba cuatro goles y aún quedaban unos quince minutos. El equipo contrario se estaba empezando a cansar de que le marcaran y empezaron a jugar de forma agresiva. El chico que se había fijado en mi en la entrada había marcado dos goles y iba a por más, parecía bastante malhumorado y intentaba sacarle el balón a Nathan. Si fuese necesario se tiraría encima de él pero eso no sería lo más adecuado. El chico seguía encima de Nathan y este hacía todo lo que podía para librarse de él. Después de varios minutos intentando deshacerse de él, el chico le hizo una entrada bastante fuerte y Nathan calló al suelo de cabeza. Yo me levanté de golpe y no pude contenerme:

- ¡Estás mal de la cabeza! ¿Que le has echo? ¡Eres un imbécil!- salté con rapidez las vallas que me separaban del campo y me dirigí hacia él corriendo- ¡Parad, parad! ¿Quereis seguir con el partido? ¿Habeis visto como juega este demonio?
- ¡Eh!¡Respétame un poco!
- No mereces respeto después de esto- le grité señalándole a Nathan que se retorcía de dolor en el suelo, me arrodillé a su lado- ¿Estás bien?¿Me oyes?
- Juliet...tranquilízate, no es nada- me respondió Nathan- No es nada...
- ¿Cómo que no? ¡Te ha destrozado el cuerpo! ¡Es un bestia!
- ¡Oye! Me estoy cansando de ti...-dijo el chico.
- Me da igual. ¿Me vas a destrozar a mi también?- solté cabreada.
- No creo...pero no me tientes. Puede caerte un bofetón- se acercó un poco más y yo me levanté.

Estabamos a pocos centímetros el uno del otro pero no era bueno en ningun sentido, él estaba empezando a cansarse de mí y yo ya estaba hasta las narices de su juego sucio. Le planté un bofetón que resonó en todo el campo y le solté:

- ¿Así?
- Ya basta. ¡Te vas a enterar!- una voz femenina me asaltó por detrás, me di la vuelta y observé a la chica que estaba conmigo en las gradas, la novia del bestia que tenía a mi lado.
- ¿De qué? Ten cuidado, parezco buena chica pero soy de lo peorcito- grité algo nerviosa, pero nadie lo notó.
- Pues me da igual.
- Y a mí, pero quiero llevar a Nathan al hospital para que lo vea un médico y no se quede ahí en el suelo mientras nosotros mantenemos un disputa que no llevará a ningún sitio salvo la cárcel.
- No nos llevarán a la cárcel por una pelea de nada, tranquila.
- No es el momento de discutir como acabaremos, me voy al hosìtal- me agacho para ayudar a Nathan a levantarse- vamos, te llevaré a uno que esté cerca de aquí.
- Tranquila, puedo yo solo. Ya has echo bastante.
- ¿Estarás contento con esta novia que tienes, no? Es tan protectora...- añadió el chico que se había puesto al lado de su novia.
- Sí, mejor que las tuyas.
- ¿Tuyas?- dijo la chica sin creerse lo que acababa de escuchar.
- Sí, él es muy ligón. ¿No te lo contó? Que mal, ¿eh Neithan?
- ¡Cállate! No sabes nada...
- No me lo puedo creer...¿le conoces?- ella no se lo creía, se giró hacia mí y añadió- lo siento, no sabía que este- miró a Neithan- fuera un completo imbécil, si lo supiera no lo defendía.
- Tranquila. Yo también me pongo loca con estos temas, ahora debo llevarle al hospital.
- Vamos, es lo mejor. Tengo que coger mis cosas del vestuario.
- ¿Donde están? Las cogeré yo- dijo la chica con una sonrrisa- os ayudo.
- En el primer banco, al lado de las duchas, es una bolsa de deporte negra y amarilla.
- Voy ahora- se apartó de Neithan y soltó un suspiro- Adiós, es una pena que tenga que acabar así.
- Vámonos de aquí- digo yo.

Después de cinco interminables minutos de quejidos insoportables, apretones de mano dolorosos y otros síntomas, llegamos a la puerta del coche y la chica llega con la bolsa de deporte de Nathan enganchada al hombro. Estoy acabando de meter a Nathan en el coche y ella mete la bolsa en el maletero de mi precioso BMW negro. Se acercó a la puerta del copiloto y se apoyó en ella mientras decía:

- ¿Te acompaño? Puedo servirte de ayuda, me encargaré de cogerle por el lado opuesto al tuyo para ayudarle a caminar.
- Gracias, siéntate detrás de él por si hay que ayudarlo en algo.
- Vale- dice sentándose- por cierto me llamo Kasie.
- Oh, es verdad, yo soy Juliet...
- Lo sé, Nathan lo dijo varias veces cuando estaba en el suelo.
- Pues yo no lo escuché, estaba furiosa y no me controlaba.
- Ya, se nota que tienes carácter.
- Bueno, será mejor que dejemos el tema que estoy un poco mosqueada- dije con una sonrisa nerviosa.
- Vale.
- Nathan ¿cómo te encuentras?
- Bien...pensé que con tanta charla te olvidabas de mí.
- ¡No!- dije efusiva- Jamás me olvido de ti, eres muy importante. Ese capullo de Neithan...- pensé en él y me di cuenta de lo ciega y estúpida que era- ¡Mierda! Ya sé quién es ese cerdo...no te ofendas Kasie.
- No, tranquila. ¿De qué lo conoces?
- Pues que mi mejor amiga conoció a un chico que se llamaba Neithan y era de la universidad, jugaba en un equipo de fútbol y me dijo que era muy guapo. Nunca lo vi pero este encaja con la descripción, menos por una cosa...es un cerdo. Como sea él...juro que no descansaré hasta que Hanna se aleje de él.
- ¿Hanna? ¿Esa no era su hermana? Oh, dios mío. Soy una tonta, ella era otra de sus diversiones...¡que asco me da!
- ¿Te dijo eso? Cada vez me cae peor...
- Jul, cállate.
- ¿Por qué?
- Lo echo, echo está. No hay vuelta atrás, no hay nada que cambiar. Por favor cállate y conduce.
- Vale, pronto llegaremos. Te cuidaré, ya lo verás.

Llegamos en dos minutos y dejé el coche en las puertas de urgencias mientras cogía una silla de ruedas y, con ayuda de Kasie, coloqué a Nathan en ella. Entramos corriendo y en la recepcionista nos dijo lo que teníamos que hacer, aunque no me gustó que tuvieramos que esperar valió la pena. Al cabo de dos horas ya estábamos fuera del hospital. Nathan tenía un esguince de tobillo y un brazo roto. Todo quedó, según él, en un buen susto, a mí me parecía que con lo que tenía ya era más que suficiente ya que eso debía de doler a horrores. Kasie se ofreció a acompañarnos hasta casa de Nathan pero él se negó, dijo que todo estaba echo un desastre y que era mejor que fueramos solo nosotros dos, asique la dejé en la parada del metro. Aparqué el coche en el garaje, aprovechando que Nathan  se había quedado dormido, ya que él creía que ibamos a su casa pero yo no le iba a permitir que se quedara solo; se vendría unos días a la mía, aprovechando que mis padres estaban fuera de la ciudad. Cuando le desperté, estaba tan drogado con las medicinas que no me hizo falta decirle que hacíamos en mi casa y no en la suya. Llegamos a mi habitación y se dejó caer en mi cama como si nada, estaba agotado. Aproveché que él estaba durmiendo para mandar un mensaje a Nate, tenía que contarle lo sucedido. Cuando acabé con el mensaje desperté a Nathan para que se desvistiera y se metiera en la cama. Como no tenía pijama, se puso unos pantalones de mi padre pero no quiso la camiseta, asique durmio con el pecho al aire. Nathan era muy guapo, cualquiera caería a sus pies si lo viera sin camiseta pero él era mi mejor amigo y no tenía ninguna intención de aprovecharme de aquella situación, como haría Amber, o incluso Hanna. Yo tenía a Nate, mi amigo, mi amor, mi alma gemela, mi motor de vida, mi todo. Quería verlo pero debía cuidar de Nathan, quería besarle, hablarle, abrazarle y no soltarle pero eso tendría que esperar. A menos que le llame y le diga que venga para que me ayude con Nathan y así poder estar con él a la vez. Era una buena idea, no vacilé y le llamé de inmediato. En diez minutos como mucho estaría a mi lado y me ayudaría a cuidar a Nathan.
Llegó tal y como había previsto en diez minutos, él como siempre, puntual. Corrí escaleras abajo para recibirle en el portal, no hacía mucho que acababamos de hablar pero aún así echaba de menos su voz, sus brazos sobre mi cuerpo, protegiéndome, sus labios fusionados con los míos, sus caricias, todo. Simplemente lo echaba de menos y no podía vivir sin él.

4 comentarios:

  1. Oiiiish , que bonito lo ultimo.. Y que cabron rl chaval ese , yo del bofeton le habria arrancado las cejas de cuajo jajaja , el siguiente pronto porfi, y no olvides que te leo , y si mando esto dos veces es que estoy con el (puto) movil .
    Un besiiito (;

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    1. Muchas gracias cielo :) Me alegra que te guste :D Pues verás, el ocho ya está subidito, asique a leer ♥

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