martes, 5 de junio de 2012

Capítulo 9


Capítulo 9 

Al día siguiente, me sentía genial. Había dormido hasta las cuatro de la tarde y si no llega a ser porque estaba en mi habitación, no me acordaría de Nathan. Miré hacia mi izquierda, pero allí no estaba. Miré hacia el sofá, tampoco. Finalmente me creí capaz de haberlo echado de la cama y decidí ver en el suelo a ver si lo encontraba, pero no tuve suerte. ¿Dónde está? me pregunté, no sabía donde se podía haber metido, estaba herido y dolorido. No podía andar muy lejos, ¿no?

- ¿Nathan?- dije en un suspiro, pero nadie me contestó- ¡Nathan!- pude gritar al fin.

Como nadie me contestaba, decidí levantarme y inspeccionar la casa en busca de mi amigo. Fui al baño, pero allí no había nadie; fui a la cocina pero tampoco había nadie; fui al salón y estaba vacío, como el resto de mi casa. Me quedé pensando en donde se podría haber metido y supuse que ya se habría ido a su casa, junto a su hermanita, pero me habría dejado una nota o algo. Cuando decidí que lo mejor sería llamar a su madre, escuché un leve ruido, parecía el movimiento de una silla al rozar contra el suelo. Agudicé el oído, pude escuchar un leve murmuro, parecía una conversación, pero no estaba segura de ello.
Entonces me di cuenta de que había mirado por toda la casa menos en un sitio, en el balcón que daba al jardín de afuera. Me acerqué despacio, pensando que a lo mejor no era Nathan el que estaba allí, sino otra persona, puede que varias. Podrían ser ladrones, asesinos, quién sabe. Para llegar a la puerta que da al balcón debo cruzar el salón. Mientras me encaminaba hacia la puerta, cogí uno de los jarrones de madera que coleccionaba mi madre. Era bastante duro, largo y se ajustaba a mi mano a la perfección, sería un buen arma de defensa. Al llegar a la puerta, que estaba entreabierta, las personas que estaban fuera, estaban hablando en susurros.

- Debes hacerlo, no hay otra manera de acabar con esto- dijo una voz masculina que no reconocía.
- Es lo mejor para todos- dijo esta vez una voz femenina- Es lo mejor para ella, ¿no es eso lo que quieres?
- Claro que quiero, necesito mantenerla a salvo- dijo otra voz, pero yo sabía quien era. Nathan- La quiero, la quiero mucho y no pienso perderla.
- Pues ya sabes lo que debes hacer.
- ¿No hay otra forma?
- Me temo que no. Si la hubiera, te la diría, no me gusta hacer sufrir a la gente y menos a ti. Sabes que eres uno de mis mejores protectores- dijo la mujer.
- Ya, pero no quiero hacerlo...-se quejó Nathan.
- Eso ya lo has dicho y no nos queda mucho tiempo, debes hacerlo. Se que la separación entre ella y tú será difícil, pero es lo que tienes que hacer, si quieres que sobreviva.
- Está bien- dijo él cansado de rogar- pero quiero saber una cosa más.
- Adelante.
- ¿Quién la va a proteger mientras no esté conmigo?
- Tranquilo, uno de nuestros mejores hombres lo hará.
- ¿Quién?- insistió- Su nombre.
- Si te lo digo deberás cumplir con tu cometido y dejarás que él cuide de ella. ¿De acuerdo?
- Si. Ahora dilo.
- El protector de tu amada será Nate.
- Debía de suponérmelo...
- Es uno de los mejores, en caso de que tú no vuelvas...
- Lo sé. Bueno, por lo menos sé que ella estará bien, porque están juntos.
- ¿Tienen un romance?
- Sí. Deberías saberlo.
- Nadie me ha informado.
- Bueno eso ahora no importa. ¿Cuando será?
- Mañana. Al anochecer, en cuanto se ponga el sol vendremos a buscarte y darte las últimas instrucciones- dijo entonces el hombre- Elsa no podrá venir, tiene que quedarse al mando desde la sede.
- Sí. Esta puede ser la última vez que te vea Nathan, ten cuidado, no quiero perder a alguien como tú hijo.
- Lo tendré, pero no por mí.
- Lo harás por ella. Por volverla a ver- pensó en alto Elsa.
- Sí.

Sin nada más que decir, la conversación cesó y pensé que era el momento de averiguar que pasaba. ¿Quién era la amada de Nathan, la que tanto quería, la que quería proteger? ¿Qué pinta Nate en todo esto? ¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué me ocultaba Nathan? Sin saber muy bien que hacer, salí de golpe al balcón. Nathan se sobresaltó tanto que en dos segundos se puso delante mía, con la mano sobre mi boca y el puño en alto. Pensé que me iba a pegar, hasta que se dio cuenta de que era yo. Estaba muy tenso, lo notaba porque al bajar el puño y sacar la mano de mi boca se puso rígido.

- ¿Qué haces aquí?- dijo en tono seco.
- Yo...no te vi en la cama y te busqué, sin éxito. Pensé que te habías ido, pero escuché unos murmullos y vine a ver que pasaba- dije mirando al suelo.
- Oh. ¿Qué fue lo que escuchaste?
- Que alguien estaba hablando.
- ¿Qué haces con eso?- dijo señalándome el jarrón de mi madre.
- Pensé que sería una buena idea tener algo con lo que defenderme.
- Eres muy lista cielo- dijo con una pequeña sonrisa que me hizo relajarme un poco.
- Supongo que no tanto como tú- pensé en voz alta.
- ¿A qué te refieres?- me dijo extraño. No me había dado cuenta de lo que había dicho hasta que él me preguntó.
- Bueno pues que has escuchado un ruido, justo después de terminar la conversación con esas personas y te has puesto en guardia tan rápido que no te he visto venir- había vuelto a meter la pata, él no sabía lo que yo había escuchado. Se dio cuenta.
- ¿Qué has escuchado?
- Nada.
- Juliet, has dicho que me escuchaste hablar con alguien, ¿de qué?
- De nada.
- Vamos, dilo. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
- Hace bastante.
- Mierda- dijo con la voz ronca- ¿Has escuchado todo?
- No lo sé.
- Joder...tendríamos que habernos dado cuenta.
- ¿Qué?- dije sin saber que pasaba por su cabeza.
- Nada. Dime lo que escuchaste, anda- me agarró de los hombros.
- No.
- Juliet, así no me ayudas.
- Me da igual.
- Juliet, por favor...- me apretó más fuerte.
- ¡Ay!- solté- ¡Me haces daño!
- Lo siento- me soltó- pero es que es muy importante que sepa que has escuchado exactamente.
- No diré nada a menos que tú me respondas a todo lo que te pregunte.
- Juliet...-dijo cansado, pero vio que yo no daba mi brazo a torcer y entonces dijo- Vale, pero primero me dices lo que quiero escuchar y luego me preguntas lo que quieras.
- Bien- dije satisfecha con mi trabajo.
- Desembucha.
- Cuando he llegado he escuchado que un hombre te decía que debías hacer algo, luego una mujer...-pensé en cual era su nombre y lo recordé- Elsa, dijo que era la única opción que había y...tú decías que querías saber quién iba a cuidar de "ella". Luego escuché que el protector de la supuesta chica, sería Nate, que estaban juntos. Nathan...esa chica soy yo, ¿verdad?
- Si- dijo después de un largo segundo.
- ¿Por qué Nate tiene que protegerme?
- Porque yo no voy a estar, por eso.
- ¿A dónde vas? ¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué es eso de que tienes una misión?
- Para- me ordenó- te voy a responder a todo, pero no me las digas todas a la vez que sino no te voy a entender.
- Vale. Empiezo de nuevo, ¿Quiénes son esas personas?
- Son mis superiores, han venido a decirme lo que debo hace en cuanto me vaya.
- ¿A dónde te vas?
- Lejos. A Amsterdam.
- ¿Por qué? ¿Cúal es esa misión?
- Debo hacer unos recados para la gente con la que estoy trabajando.
- ¿Recados?
- Sí recados.
- No...me estás mintiendo.
- Es la verdad.
- ¡No!- exploté. Me sentía mareada y me senté en una de las sillas de madera del balcón- Esa mujer...Elsa...¡Ha dicho que puede que no vuelvas!
- Juliet...esto es importante.
- Me da igual. Quiero que me lo cuentes todo, ahora mismo.
- No puedo.
- Sí que puedes, solo debes soltarlo.
- No puedo, hice un juramento.
- No entiendo nada. Ayer eramos dos personas normales y ahora resulta que tú te vas porque tienes una misión importante que hacer y yo debo quedarme aquí bajo la protección de Nate.
- Más o menos. Juliet, debo ir a casa y preparar mis cosas para mañana.
- No. Tú no te vas hasta que yo te lo diga, tienes que decirme que pasa aquí. Me lo debes.
- Juliet, solo te puedo decir que me tengo que ir a Amsterdam a cumplir mi misión, que Nate te protegerá de cualquier peligro mientras yo no estoy y que puede que sea para toda la vida. Simplemente puede que no vuelva.
- Nathan, no me hagas esto...explícamelo todo.
- No puedo.
- Pues si no me lo explicas, entonces quédate conmigo. No te vayas a Amsterdam, por favor.
- Debo ir- me cogió de las manos- es mi deber.
- No. Tu deber es estar aquí conmigo, ser mi amigo y ayudarme en todo lo que puedas- dije cansada de tanto hablar.
- Juliet...
- No Nathan, no me lo repitas más.
- Vale.

Estuvimos sentados en las sillas y cogidos de las manos durante cinco minutos, hasta que me dí cuenta de que no le había echo todas las preguntas que yo quería. Me faltaba la más importante.

- Nathan...¿Por qué Elsa me llamó "tu amada"?
- Juliet, ¿no crees que ya sabes la respuesta de esa pregunta?
- No- dije nerviosa- quiero que me lo digas tú.
- Elsa te llamó mi amada por el simple echo de que lo eres, ya lo sabes. Lo sabes muy bien, hemos salido una vez y yo te sigo queriendo pero tú tomaste la decisión de coger otro camino distinto al mío.
- Nathan...eso ya lo sé, pero ¿por qué ella también lo sabe?
- Ella lo sabe todo...
- Ah...ya claro- dije en tono de burla- ella puede saberlo todo pero yo no. ¡Yo soy la que está metida en este asunto!- reventé, ya cansada de todo- ¡Yo soy la que tiene derecho a saber que pasa! ¡Yo soy la que te va a perder!
- Juliet ya basta. Enserio...me lo estás poniendo más difícil.
- No Nathan, eres tú el que me lo pone difícil a mí. Te necesito aquí.
- Y yo quiero estar aquí, contigo.
- Pues no lo parece.
- Deja ya ese rollo. Aunque me quedara nunca estaría a gusto del todo,  nunca conseguiría lo que más quiero. Nunca te tendría a ti.
- Nathan, yo estoy con Nate y a pesar de que no llevamos mucho le quiero. Aunque si te soy sincera no acabo de comprender mis sentimientos. Hasta ayer, Nate lo era todo para mí, pero por la noche, cuando nos besamos todo cambió. Ahora no sé que es lo que quiero, solo sé que odio la idea de que te vayas y no vuelvas, porque puede que en cuanto te marches me dé cuenta de que te quiero a ti, aquí a mi lado.
- Pues entonces debo ir- dijo con una leve sonrisa- si necesitas que te abandone durante un tiempo para que te des cuenta de que yo soy la persona a la que quieres, lo haré.
- No sé lo que quiero.
- Debo irme y preparar las cosas para el viaje.
- ¿Me harás un favor?
- Claro.
- Vuelve por mí.
- Eso es lo que quiero hacer, pero...
- Eso es lo que vas a hacer- dije firmemente- vas a volver a mi lado.
- Lo intentaré.

Cansada de todo, de hablar, de gritar, de pensar, de intentar entender,...etc. Me levanté y me dirigí hacia la barandilla del balcón, apoyé los brazos en ella y dejé que la leve brisa de la tarde me diera en la cara, eso me relajó un poco. A los diez minutos Nathan se unió a mí y los dos permanecimos en la misma postura y callados durante un buen rato. Después de reordenar mis pensamientos y coger un poco de aire en los pulmones, lo solté poco a poco y decidí acabar con aquello de una vez.

- Nathan, ve- le dije tranquila- pero vuelve. Prométeme que no te va a pasar nada.
- Te lo prometo- me respondió sin ni siquiera mirarme, sus ojos estaban clavados en algún punto del horizonte.
- Ven aquí- le dije con una breve sonrisa.

Nos abrazamos durante unos minutos y luego decidí que hacer. Ya que había cometido un error la noche anterior besándolo, otro error más no me haría nada. Decidí besarlo, por si esta era la última vez que lo veía, por si al hacerlo aclaraba mis sentimientos, o simplemente para sentirme querida. El beso fue perfecto, nuestros labios parecían encajar a la perfección, parecían conocerse demasiado. Me separé lentamente y le sonreí.

- ¿Por qué lo has echo?- me dijo él.
- Para que tengas un recuerdo mío. Para que tengas una razón para volver.
- Gracias.

Esa fue la última palabra que salió de su boca, me dio un leve beso en los labios y se fue. En cuanto se fue, una duda asaltó mi mente ¿cómo se fueron aquellas personas? quiero decir, mi balcón es alto asique dudo que pudieran saltarlo. Tendría que esperar el regreso de Nathan para conocer la respuesta.

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